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Mujeres del viento florido toman la batuta y los instrumentos

Entre las montañas de la sierra mixe, unas 40 mujeres siguen abriéndose paso en un oficio que hasta hace unas décadas se consideraba exclusivo de los hombres

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La actuación de Flor de Lima Gutiérrez Díaz tocando el saxofón no solo obtuvo los aplausos del público reunido Bajo El Laurel.

El pasado 10 de marzo, en el centro de la ciudad de Oaxaca, la joven de Santa María Tlahuitoltepec consiguió la atención de quienes la grabaron y subieron videos a Facebook, donde hay fragmentos que se acercan a las 100 mil reproducciones. Antes, el 8 de marzo, ella y la banda filarmónica Mujeres del viento florido (de la que es parte) tocaron en el Teatro Macedonio Alcalá, en el programa por el Día Internacional de la Mujer.

Ambas presentaciones han generado gran felicidad en la agrupación que dirige Leticia Gallardo Martínez, pero sus integrantes saben que para llegar a ello el camino no ha sido muy fácil. Para Flor, de 15 años de edad, esa persistencia pareció atractiva, y por ello quiso ser parte de la banda. “Era muy llamativo ver a puras mujeres tocando”, recuerda la joven que se inició a los 10 años en la banda municipal y que, como sus hermanos, practica esta disciplina apoyada en la confianza y el permiso de sus padres.

ROMPEN ESTEREOTIPOS

Otras intérpretes ven en la banda un espacio para demostrar sus capacidades y romper estereotipos, también para lograr la proyección de la banda y que otras mujeres tengan un referente para tocar instrumentos como la tuba o el trombón.

Tlahuitoltepec, una población de la conocida como Sierra Mixe, a más de 2 mil metros sobre el mar y con una población de casi 9 mil habitantes (Inegi, 2015), ha sido la cuna de la banda en la que ahora se desempeña Flor de Lima. También, el primer espacio en el que otras mujeres se han abierto camino en casi 10 años de existencia de la agrupación. Pero antes, hace cuatro décadas, la lucha la habían comenzado mujeres como Leticia Gallardo, cuando se abre el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam), en 1977. Ella y otras compañeras vieron en esta institución la primera oportunidad para incursionar en un ámbito hasta entonces exclusivo de hombres.

Leticia Gallardo fue una de esas tres o cuatro mujeres que asistieron a clases de música, las primeras en integrarse a la banda del Cecam y que, posteriormente, prestaron su servicio, como cualquier ciudadano de la población, en la agrupación municipal (conformada tradicional y mayormente por hombres). “En un inicio, a la gente como que no le gustaba mucho la idea porque era romper con esos esquemas. Se preguntaban: qué hacen allá, ellas tendrían que estar en la casa o haciendo cosas propias que nos han dicho que son de mujeres”.

SEMILLERO DE MÚSICOS

En Tlahuitoltepec, que ha destacado como semillero de músicos, las intérpretes lograron enfrentar las convenciones sociales, los “señalamientos y críticas como en cualquier sociedad, más en una comunidad indígena”. Años más tarde, esos logros se encaminaron a la creación de una banda femenil municipal, aunque esta no prosperó como se pensaba, por “la no aceptación” y el mismo trabajo entre mujeres, que se tornó complicado. Aquel esfuerzo fue el antecedente de la banda filarmónica Mujeres del viento florido, creada por algunas de las integrantes de aquella banda femenil municipal.

Fue en noviembre de 2009 cuando, con el apoyo y petición de los padres de familia, se integró una banda “con altas y bajas”. Sus primeras presentaciones fueron en fiestas de la comunidad, como los bautizos, o en los velorios. “Poco a poco fuimos siendo aceptadas porque decían que no íbamos a durar o avanzar”, recuerda Leticia, quien también fue profesora y estuvo al frente de la banda del Cecam, y que gracias a las presentaciones de esos años y sus conocidos consiguió ampliar las actuaciones e invitaciones para las Mujeres del viento florido.

Hoy en día, la banda en la que tocan entre 30 y hasta 40 mujeres está consolidada y de tener en un principio solo a oriundas de Tlahuitoltepec se ha hecho “más oaxaqueña”. Con amigas y conocidas de todas las regiones del estado se ha abierto camino en una “experiencia muy bonita”, que no se imaginaba tan lejos, pero en la que sus integrantes han sabido “que es posible trabajar” y avanzar musicalmente.

CONTINUAR EL LEGADO

Mujeres del viento florido es una agrupación que se sostiene de los esfuerzos de sus integrantes y de los padres de familia, ya sea para la compra de instrumentos, la obtención de las partituras u otras necesidades para sus presentaciones. Ser parte de ella es un logro, desde que los padres aceptan que sus hijas se inicien en la música. Es, también, un compromiso y sacrificio, ya que las intérpretes se desarrollan en la música a la par que en el ámbito escolar.

“Unas llegan, otras se van, pero todo lo que se hace, es en beneficio de la agrupación”, de quienes continúan el legado, subraya Leticia, quien junto a sus alumnas participará en el programa Domingos de concierto, que desde hace una década organiza la autoridad municipal de Tlahuitoltepec para reunir a las bandas de la comunidad.

“Hoy en día hay dos bandas femeniles”, apunta la directora que dice tener la fortuna de haber nacido en Tlahuitoltepec y que ahora este sea un pueblo muy musical, con una cultura mucho más desarrollada. Ahora, comparado con hace cuatro décadas, el hablar sobre Mujeres del viento florido se ha vuelto común en la población.