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El día en que acusaron a Pablo Picasso de robarse la Mona Lisa

Cuando la obra más reconocida del mundo desapareció, estos dos grandes artistas fueron acusados de robársela.

El día en que acusaron a Pablo Picasso de robarse la Mona Lisa | El Imparcial de Oaxaca

El valor de la Mona Lisa ha sido criticado ampliamente, si bien se reconoce la técnica y habilidad de Leonardo Da Vinci o la enigmática sonrisa y mirada de su modelo, muchos atribuyen a su fama tanto a su posición en el Louvre, como el renovado interés que tuvo el Renacimiento durante el siglo XIX, hasta que en el siglo XX se consagró gracias al robo ocurrido en 1911, el cual fue todo un suceso que involucró a grandes personalidades del arte y evidenció lo sencillo que era sustraer una pieza de este gran museo.

Cuenta la historia que un 22 de agosto de 1911 al amanecer, en el lugar que le correspondía a la Mona Lisa tan sólo quedaron las clavijas de metal sobre las que el cuadro más famoso de Da Vinci debía estar colgado.

El primero en notar su ausencia fue Louis Béroud, un copista famoso que reproducía las grandes obras de arte. Aquel día él había acudido al museo específicamente a realizar una copia de la Mona Lisa, pero para su sorpresa no la encontró. Su alerta hizo que los vigilantes primero creyeran que la pintura se encontraba en algún departamento del museo.

Sin embargo, no la estaban fotografiando ni pasaba por trabajos de conservación, en realidad alguien más se la había llevado. Por más increíble que parezca, ante su ausencia múltiples visitantes se volcaron hacia el museo para admirar el espacio vacío. Posteriormente, el Louvre cerró sus puertas y las consecuencias del robo llevaron a que su gerente se viera obligado a renunciar, incluso las fronteras de Francia cerraron y por supuesto, todos se preguntaban quién se había llevado la obra de arte.

En su momento hubo todo tipo de teorías, se decía que todo era un fraude y el robo había sido falso y por supuesto una que cobró especial interés: la que aseguraba que Pablo Picasso, así como el poeta Guillaume Apollinaire eran los autores del hurto.

Pablo Picasso, Retrato de Guillaume Apollinaire, de “Calligrammes, Poémes de la Paix et de la Querre”, 1913-1916.

La policía llegó a las puertas de los dos artistas por su relación con Joseph Géry Pieret, un célebre ladrón que llevaba años entrando al Louvre y robando esculturas pequeñas. Algunas piezas que sustrajo habían sido compradas por el mismísimo Picasso, al tiempo que Pieret fungió como secretario de Apollinaire. Bajo la sospecha de que los dos artistas habían formado una banda de robos, el poeta fue arrestado poco tiempo después de que él y Picasso intentaran deshacerse de las estatuillas arrojándolas al río Sena.

Una vez aprisionado, el escritor no tuvo otra opción más que delatar tanto a Pieret como a Picasso, lo cual resultó en un escandaloso juicio en el que se cuenta que Picasso mintió tanto como pudo —se dice que incluso negó haber conocido a Apollinaire—, aunque las evidencias de los hurtos de las estatuillas eran innegables, pues en la base contaban con una leyenda del Louvre. Sus testimonios contradictorios, así como la falta de evidencia de su involucramiento con el robo de la Mona Lisa hizo que tan rápido como fueron sospechosos del robo, dejaran de ser considerados como los perpetradores.

La «Gioconda» fue encontrada. / Foto: Wikimedia Commons.

El robo de la Mona Lisa se resolvió hasta dos años después, cuando Alfredo Geri, un comerciante de arte de Florencia alertó a las autoridades después de que Vicenzo Perugia, bajo el nombre de Leonardo Vicenzo le ofreciera la pintura por 500 mil liras italianas —que actualmente son 258.23 euros—.

El motivo más famoso detrás de su robo fue que Perugia era un nacionalista que creía que la obra de Da Vinci debía estar en su país de origen; sin embargo, después de realizar una gira por algunos museos reconocidos de Italia —como la Galería Uffizi— ésta retornó al Museo de Louvre para el alivio de muchos, incluyendo los dos artistas que fueron detenidos y juzgados por su robo.

 

 

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