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Arte y Cultura

Constancia y apertura dan al MACO mayor afluencia

El recinto afina un programa que mantenga la cercanía con Oaxaca, la experimentación, la colaboración y la diversidad curatorial

El año 2018 dio al Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) su mayor cifra de visitantes en el último lustro. Los datos disponibles arrojan, además, un incremento mayor entre los años 2016, 2017 y 2018, respecto a los periodos previos. Cecilia Mingüer, quien lleva las riendas del recinto fundado el 28 de febrero de 1992, considera que la tendencia está relacionada con la situación de bonanza que vive la capital en cuanto a turismo, pero especialmente con la constancia y apertura del museo, que han dotado de un equilibrio entre los públicos local, nacional y extranjero, e incluso más afluencia del primero.

“El público de la ciudad está viniendo más al museo, eso, creo, es a partir de mucha constancia en nuestras actividades, que hemos abierto más la puerta a otros proyectos cercanos a Oaxaca, tanto de artistas internacionales como los de la exposición actual, Bajo la bóveda azul cobalto, que son artistas norteamericanos con artistas de Oaxaca”, expone la directora del recinto impulsado por varios creadores oaxaqueños, entre ellos Francisco Toledo.

Los artistas del estado, jóvenes principalmente, también tiene que ver en este cambio, apunta Mingüer, pues hay varios que cuentan con “un discurso muy sólido y que es pertinente abordarlo”. Y eso, a su vez, atrae no solo a espectadores, sino a curadores, quienes voltean la mirada hacia el museo y estas propuestas. En ello, el MACO parece volver a sus orígenes, cuando se creó como opción para que los creadores oaxaqueños mostraran su trabajo. Ahora, desde otro enfoque.

La constancia y apertura a las que alude Mingüer se han notado más en los últimos tres años, en los que, por ejemplo, se reunió la gráfica del taller Soruco (con obras de oaxaqueños, otros mexicanos y extranjeros), en 2016; o se compartió el trabajo de Edgardo Aragón (nacido en Ocotlán de Morelos), en 2017. Asimismo, las propuestas de autoras del estado, como Edith Morales o Isabel Salgado, y las de maestros del arte popular, en 2018.

En ese periodo, si se toman en cuenta las estadísticas de visitantes, es también más notorio el aumento. Por ejemplo, de los 44 mil 137 de 2016 se ganaron más de 8 mil en 2017 (cuando acudieron 52 mil 702). Entre ese último año y 2018, la cifra pasó a 60 mil 852 (nuevamente, un incremento de más de 8 mil).Hasta antes, de 2014 a 2015, y de ese al 2016, los incrementos eran más o menos de 3 mil.

SONIDO, EXPERIMENTACIÓN Y COLABORACIÓN

Las propuestas sonoras, cuyo ciclo actual (Xëmaapyë) empezó hace unos meses y concluye en octubre de 2020, es otra de las apuestas a la que la directora adjudica mayor interés por el museo. Se ha tratado, dice, de “no quitar el dedo del renglón de la experimentación sonora, de las posibilidades del sonido para los artistas visuales y plásticos, especialmente en Oaxaca, una “tierra de músicos” donde este se puede plantear como “otra posibilidad” en oficio. También, explica, no se trata de “ocurrencias”, ya que para su realización “hay una revisión exhaustiva”.

2019, PROYECTOS PROPIOS Y MÁS COLABORACIONES

Para este año, en el que el MACO cumple 27 de su creación se espera tener una producción surgida del museo, como la que actualmente conjuga a artistas estadounidenses y oaxaqueños, y que se trabajó en co-curaduría con Marietta Bernstoff.

“Ahora va a ser otra exposición igual de grande, producida por el museo en colaboración con una organización de Oaxaca”, adelanta Cecilia, quien subraya que se mantendrá la línea con que ha trabajado el museo en cuanto a incluir a artistas locales, de otras partes del país y del extranjero.

Una colaboración con el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, que próximamente cumple 45 de su fundación, es otra de las actividades que se afinan. Esta, añade, “promete ser una exposición interesante porque todos los fundadores del taller estarían participando”.

“Seguiremos con nuestra visión de no concentrar la visón del museo en una sola dirección, que pasa cuando se tiene a un curador en jefe”, ahonda Cecilia sobre una vertiente para la cual se ha invitado y se seguirá pidiendo la colaboración de otros curadores, quienes ayuden con los “temas que al consejo técnico le gustaría abordar”.

LA ARQUITECTURA VUELVE AL CUBO ABIERTO

El cubo abierto ha sido por varios años un área al que se han extendido algunas de las muestras del recinto. Asimismo, un sitio en el que se ha trabajado la pintura al fresco en conjunción con el sonido, las instalaciones que remiten a la contemporaneidad y tiempos prehispánicos o como hogar para una escultura monumental.

A partir de este año se pretende devolver al cubo su inclinación por la arquitectura, como fue concebido por el curador Carlos Ashida, quien fue también director del MACO. “En aquel momento participaron Mauricio Rocha, Tatiana Bilbao, Francisco Ugarte, el colectivo TRiodO, Laurie Litowitz… Lo vamos a retomar con arquitectos, esto será como a mediados de año”.

DE APOYOS Y APERTURAS

El MACO, recuerda Mingüer, tuvo en sus orígenes un apoyo sólido del gobierno federal, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), pero con el paso de los años este fue mermando hasta desaparecer. Por ello, los planes de la Federación no afectan al museo que ha encontrado en la asociación Amigos del MACO el mayor soporte (con gestiones de donativos, recursos de sus mismos integrantes y la administración de las entradas al recinto).

La participación estatal, Mingüer señala un seguimiento y acercamientos con quienes dirigen la política cultural. “Han sido muy sensibles con el MACO y su labor”, por eso, refiere, habrá que continuar con el trabajo para mostrar la solidez del recinto.

En años anteriores el museo atravesó una crisis financiera, pero ahora su salud es estable, explica Migüer, pues han tenido certidumbre y logrado cumplir con la mayoría de sus pendientes, además de idear mecanismos para conseguir más recursos para el sostenimiento del espacio.

 

 

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