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Arte y Cultura

Alberto Ruy Sánchez en Oaxaca

Con motivo de la presentación de su más reciente libro Los sueños de la serpiente y el aniversario número 30 de la Revista Artes de México, conversamos con el premiado escritor mexicano

Alberto Ruy Sánchez en Oaxaca | El Imparcial de Oaxaca

Alberto Ruy Sánchez (Ciudad de México, 1951), es un escritor más que conocido en el ámbito intelectual y literario en México, quien esta vez, en la primera ocasión que visita la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), charló con EL IMPARCIAL y sus lectores.

Ruy Sánchez se dice un creador nocturno, casi noctámbulo: “Me tomó 30 años terminar el Quinteto de Mogador, creí que me llevaría sólo 7, me di cuenta que todo lo escribí en la noche, son un insomnio feliz, nunca he conjugado el sujeto insomnio con el verbo padece; el silencio de la noche para mí ha sido fundamental. Es el momento que más habitas cuando dialogas con lo que escribes”, comenta el escritor.

“Durante mis primeros libros sólo tuve público femenino, a los hombre de mi generación no les gustaban mis libros, me detestaban, me insultaban, el mejor de los insultos fue que dijeran que soy un claudicante ante la mujer; también dijeron que era un cursi, un ñoño, un afeminado; recién fui a Colombia y en un club de lectura un señor de unos 80 años reaccionó igual que mis contemporáneos en aquella época, me reclamó que mi personaje sólo escuchaba a la mujer, como si tuviera que obedecerla”.

Cuestionado sobre la crítica de género de hace 30 años, el escritor nos cuenta sobre su relación con su esposa, Margarita De Orellana:

“Antes de casarme con Margarita, me relacioné con ella, ella era feminista desde que la conocí. Recuerdo que en la Universidad Iberoamericana, donde la conocí, no la aceptaron porque el director le dijo que únicamente podía haber 30 por ciento de mujeres, porque se casaban y no ejercían. A este personaje -que era un cura-, Margarita le escribió un carta, yo la ayudé, a partir de ahí comenzamos a leer juntos los textos feministas, luego, cuatro años después, nos fuimos a Francia, ella se fue primero. Yo luego conseguí una beca, y al llegar allá, el feminismo estaba de moda, pero era un feminismo cotidiano, en la realidad, por lo que yo crecí con eso, con la inquietud de conocer el deseo femenino desde mis limitantes de hombre; reconocerlos, los escritores de mi generación no lo pueden ver todavía, les choca, no lo entienden; pero fue lo que generó mi voz de autor.

Cuestionado por sus obsesiones, el autor revela: “Entre 1975 y 1976, hice mi primer viaje a Marruecos con Margarita. Ahí comencé a leer el mundo para responder dos preguntas: ¿cómo comprender el deseo femenino y en qué consiste escuchar el deseo femenino?, además de enconchar mi propia voz.

Preguntado por cómo asume la fama y los premios, el escritor se sincera:

“Mientras escribes no hay premios, antes de los premios hay mucha talacha; cuando tienes éxito todo los reflectores van para allá, pero antes hay muchos fracasos. Por ejemplo, el tema de las becas es importante cuando no tienes sustento fijo, muchas veces pedí apoyos y me los negaron. O en Francia hice dos doctorados, uno lo terminé y durante el otro murió mi tutor y quedó inconcluso; para entonces ya tenía un libro publicado y diversos artículos dispersos por toda Europa.

Cuando volví a México me negaron la entrada a una universidad, en la Metropolitana, se perdieron mis documentos y el puesto se lo dieron a alguien con más méritos; en la UNAM también perdieron mis papeles, el director de la Facultad me hostigaba, ponía trabas, en tres universidades intenté entrar y no me aceptaron; también me expulsaron del círculo de la Revista Vuelta, tengo veto de inexistencia, me eliminaron de la historia de la revista, pero son cosas que pasan, es la vida. Lo importante fue abrir mi propio camino. Cuando recibí el Premio Villaurrutia, el más importante en ese momento, yo estaba peleado con la Revista Vuelta, pero a pesar de eso, agradecí a mis amigos y a mis enemigos, que siguen ahí; que siguen jodiendo, pero yo no tengo que dar acuse de recibo. Para mí los premios no son un reconocimiento a lo pasado, más bien en realidad tienes que estar a la altura de los premios que te otorgan”.

Cuestionado sobre su relación con Oaxaca, el escritor cuenta: “Yo llegué a los 18 años por primera vez, como hippie, dormí en una esquina del atrio de la catedral, en esa esquina no te percibía el carro militar que vigilaba el Zócalo; eso es lo que uno creía, pero en la mañana se acercaba un policía a decirte: ‘joven despierte, nos va a espantar a los turistas’”.

Oaxaca para mí siempre ha sido un lugar de anhelo, con la Revista Artes de México nos acercamos mucho a las artes, a los textiles, incluso en algunas de mis novelas yo uso algunas estructuras de influencia textil, del mundo sustancial de Oaxaca.

 

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