El patrimonio edificado, a un año del 7 de septiembre
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Arte y Cultura

El patrimonio edificado, a un año del 7 de septiembre

En el proceso de reconstrucción, la arquitectura tradicional se abre espacio entre los proyectos que se enfocan a los monumentos históricos

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En los inmuebles patrimoniales, aquellos que van desde edificaciones religiosas hasta zonas arqueológicas, los sismos de los pasados 7 y 19 de septiembre causaron daños en más 2 mil 221. Así lo relata el sexto Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto. La cifra de afectaciones corresponde a todo el país, y a Oaxaca correspondieron 559 (casi la cuarta parte del total). A un año del primer evento, solo se han atendido 28 bienes en el estado (de los cerca de 600), de acuerdo con el último corte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El ente gubernamental también ha remarcado lo dicho desde finales de 2017, que la atención a los bienes seguirá hasta 2020, primero con los menos afectados, luego con los de daños medios y, al final, los más deteriorados.

En medio de esta reconstrucción, hablar del patrimonio ha llevado a replantear lo más reciente. Es decir, las casas o inmuebles que no entran en una clasificación reconocida en 1972 (la de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos) y que, sin embargo, cobran valía por ser herencia familiar o por identificar a un pueblo o región. Arquitectura vernácula, tradicional o artesanal, le han llamado profesionales del rubro. También se habla de sistemas constructivos tradicionales.

En el Istmo de Tehuantepec, la región más afectada por los terremotos de hace un año, la cuestión fue puesta sobre la mesa desde el primer momento. El artista Francisco Toledo y el arquitecto Juan José Santibáñez abogaban por no demoler lo que se podía recuperar, pues era la memoria de los pueblos lo que se acababa con ello.

También insistían en reconstruir según las tradiciones. Sin embargo, la resistencia era notoria por parte de varios afectados. La razón: que los daños eran en gran parte debidos a la supuesta fragilidad de las casas tradicionales.

Ana Rodríguez, del Taller de Restauración de la Fundación Alfredo Harp Helú, confirma esto.

“La gente se resistía un poco a querer recuperar la arquitectura tradicional, pero así como hubo quienes no quisieron, hubo quienes sí, quienes querían recuperar sus casas. Muchas personas fueron conscientes de la importancia de sus casas porque se las heredaron sus padres o abuelos, o por el tiempo”, cuenta la involucrada en uno de los proyectos de reconstrucción impulsados desde la fundación.

Rodríguez también explica que enfocarse en la arquitectura vernácula viene de la falta, desde los primeros días luego de la tragedia, de programas que estén orientados en este tipo de restauración o reconstrucción.

“Había un tema de demolición increíble en esta zona (el Istmo), entonces el taller (de Restauración) hizo unos recorridos luego de los sismos y lluvias que vinieron a afectar más”.

A la fecha, y tras las visitas a la Mixteca, la Costa, la sierra Mixe y el Istmo de Tehuantepec, el taller se ha enfocado en dos municipios de la última región: Asunción Ixtaltepec y Santo Domingo Tehuantepec. En ambos, se vienen desarrollando trabajos en dos vertientes. La primera enfocada en las viviendas y la segunda en los espacios culturales.

Hasta ahora, son entre 26 y 30 viviendas las incluidas en los proyectos del taller, mismas que se caracterizan por recobrar la arquitectura vernácula y de las cuales se están terminando entre 7 y 10. En el caso de los inmuebles con fines culturales y comerciales son cerca de ocho.

“Adicionalmente, en otros municipios se está trabajando en la rehabilitación de campos de beisbol, también con el enfoque del deporte. Esos son cerca de 10”, abunda Ana.
Para este proceso de reconstrucción o restauración de viviendas particulares, también expone que se ha trabajado con personas beneficiarias del Fonden.

“Algo que se buscó era que las personas que habían recibido un apoyo por el Fonden, ese dinero ellas lo ocuparan para la restauración de sus casas. Ese fue uno de los canales, casi todos son colaboración entre los propietarios y la fundación”.

Los espacios públicos

Junto a la recuperación de las viviendas tradicionales, la recuperación de la identidad se busca hacer desde los espacios públicos o culturales. En Santo Domingo Tehuantepec, el taller ha atendido la Casa de la Cultura (que opera en el exconvento de Santo Domingo de Guzmán y para lo cual existe coordinación con el INAH). Asimismo, el CENDI, Centro de Desarrollo Infantil, un inmueble ahora se planea funja como Instituto de Artes y Oficios. El otro espacio que también se contempló es el mercado Guichivere, donde aún no se ha trabajado nada, excepto apuntalamiento preventivo.

“Ahí el Gobierno del Estado dijo que tiene un recurso destinado para intervenir el espacio. De nosotros era una idea inicial trabajarlo, pero salió esta solicitud. Entonces ahorita está en manos de ellos”.

En Asunción Ixtaletepec, de los sitios por atender están el Mercado Jesús Rasgado, el cual se pretende rehabilitar y con ello propiciar la reactivación económica; asimismo, la Casa del Pueblo (El Centenario).

En estas acciones, refiere Rodríguez, se buscó emplear con materiales de la zona, así como mano de obra de la región, e incluso trabajar con arquitectos de la región, pues es una forma de constatar y contagiar la idea de recuperar lo tradicional.

 

 

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