Crónica visual de la sexualidad en México
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Arte y Cultura

Crónica visual de la sexualidad en México

Un repaso visual ofrece distintas percepciones sobre las costumbres y prejuicios en torno a la sexualidad, el erotismo y el goce amoroso

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De frente, la Catedral Metropolitana, ese monumento que se erige como el máximo santuario de Dios y sede de la Arquidiócesis Primada de México. A un costado, el Palacio Nacional. En el medio, el asta bandera. Y bajo los pies, la fría plancha del zócalo capitalino. Cerca de 20 mil cuerpos de tonos y complexiones diversas yacen desnudos una mañana de mayo. El frío cala y los rayos del naciente sol no tocan ni un ápice de la piel. Pero ni eso ni el pudor parecen haber impedido la cita para las escenas que están por crearse bajo las indicaciones del neoyorkino Spencer Tunick.

Es 2007 y el fotógrafo aprovecha cada rincón de ese punto del país para sus icónicas imágenes de desnudos. Esas donde lo mismo se observa un saludo multitudinario —como el que acompaña los honores a la bandera— que una posición fetal como aquella que recuerda el calor del útero, o los cuerpos boca arriba y con las manos a los lados, también de pie y con los brazos unidos a los de al lado (como si las extremidades conectaran con quien apenas esa mañana se conoció).

En tiempos de la Colonia, la Inquisición habría condenado a la hoguera a esas miles de almas desprovistas de ropa, a aquellos seres que se habían atrevido a mostrar su sexo y con ello contravenir a la Iglesia. Mismo destino aguardarían los fotógrafos (entre ellos Tunick) involucrados en las escenas que —a decir de Rafael Barajas, “El Fisgón”—, muestran cuán avanzada parece estar la libertad sexual en el país. Esa “libertad” que alcanzó a conocer el escritor Carlos Monsiváis (1928-2010) y coleccionista de algunas fotografías tomadas por Tunick y que se incluyen en la exposición ¡Que se abra la puerta! Sexualidad, sensualidad y erotismo.

Abierta al público del 16 de junio al 13 de septiembre, en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), es una crónica visual sobre “la evolución de los prejuicios que han prevalecido en nuestro país alrededor del gozo amoroso, de los usos y costumbres de la sociedad machista, de las diversas manifestaciones de la diversidad sexual y de las luchas de liberación que se han dado en nuestra sociedad contra los prejuicios religiosos, el machismo, la represión y las fobias”, señala el Museo del Estanquillo, institución que guarda las colecciones del ensayista mexicano y que para esta muestra retoma otras en manos de amigos del recinto.

De autores varios, la exposición recoge fotografías, caricaturas, gráficas, dibujos, ejemplares de diarios, entre otros objetos reunidos por el autor de Que se abra esa puerta. Todos ellos fueron curados por Rafael Barajas y Alejandro Brito, quienes tomaron como eje los textos de Monsiváis en torno a la sexualidad, el erotismo, las costumbres de la sociedad machista, el papel de la Iglesia y la doble moral. Libros como Escenas de pudor y liviandad y Misógino feminista, por ejemplo, recogen esos ensayos.

La exposición ¡Que se abra la puerta! Sexualidad, sensualidad y erotismo se divide en varias secciones, cada una con un tema o época y las costumbres o percepciones en torno a la sexualidad.

El punto de partida es el patriarcado en la Colonia, luego sigue por el México de la época victoriana, el México Freudiano, aquel pos revolucionario que inspiró a varios artistas a vivir una sexualidad abierta y a retomar esos temas en sus obras (por ejemplo, Diego Rivera y Frida Kahlo, que vivieron en unión libre; o la pintora Nahui Ollin, que vivió y ejerció su sexualidad con gran libertad). Asimismo, incluye imágenes sobre el nacimiento de los movimientos feministas y la lucha por la diversidad sexual. El final de la muestra lo constituyen las fotografías de la actividad organizada en 2007 por Spencer Tunick en la Ciudad de México.

EL BAILE DE LOS 41

Entre los temas y episodios que recoge la exposición está el de El baile de los 41, ocurrido noviembre de 1901, en el contexto de la sociedad porfiriana. La anécdota que recoge Monsiváis, y que analiza en el ensayo Los 41 y la gran redada, remite al escándalo a raíz de la redada hecha por la policía de la capital en una casa del centro de la ciudad, en donde tenía lugar una fiesta privada de homosexuales, entre ellos 19 vestidos de mujer.

Ante este y otros temas, Carlos Monsiváis buscó combatir el oscurantismo en la sociedad mexicana, una que en El Porfiriato se amoldó a las prácticas de la moral victoriana. Y que lo mismo ha dado libertades a los hombres para coquetear o seducir “a cuanta muchacha que cayera en sus manos”, mientras que a las mujeres les ha impuesto un rol donde la virginidad y la belleza han de ser administrados para mantener la decencia. Aunque a la par del pudor y el recato, también se inmiscuyera en la prostitución.

 

 

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