En el Museo Textil propone Miriam Medrez "sacar la aguja y adentrarse" |
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Arte y Cultura

En el Museo Textil propone Miriam Medrez “sacar la aguja y adentrarse”

Reflejos, patrones, hilos, flores y cuerpos mutilados se observan en la muestra de la artista

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El autodescubrimiento podría ser una de las ideas que plantea Miriam Medrez cuando propone “sacar la aguja y adentrase”. Así, a partir de la costura, los patrones y los hilos, la idea de dejar oculto algo queda excluida. Y es que al parecer esas líneas y formas expuestas, así como los cuerpos mutilados, dicen algo más de la figura humana. Pero también invitan a verse en los otros, en aquellos seres con espejos que reflejan al visitante.

Ya en las series Zurciendo y Lo que los ojos no alcanzan a ver, hechas varios años atrás, Miriam emprendía ese ejercicio de observación. Primero a través de esculturas en tela sobre mujeres cercanas a su vida, a las que acompaña con esculturas de órganos de tamaño similar a las “muñecas”; y luego, esa introspección sigue con el cuerpo humano que se ve entre sombras, en medio de varias personas o junto a otros acompañantes, pero cada quien con su propia carga.

En el caso de Sacar la aguja y adentrarse, actualmente expuesta en el Museo Textil de Oaxaca, la artista originaria de la Ciudad de México “llena figuras humanas de telas estiradas”. También “borda mensajes que cuando no son frases, son líneas que unen puntos entre sí”, según explica la curadora Virginie Castel.

Pero además —agrega— “zurce con espejos, dejando ver entrañas abiertas y deseantes”.

De la artista que Castel recuerda como alguien que ha recalcado la conexión entre los procesos del barro y la tela, el Museo Textil comparte una serie de esculturas en tela. En algunas es evidente la intención de dejar expuestos los hilos de las costuras, como si estos sirvieran para conducir la mirada de afuera hacia adentro de las piezas; en otras, pareciera que esos hilos son una especie de protección. En unas más, las columnas vertebrales están unidas de tal forma que parecen un todo.

Dice Miriam que la cerámica y el zurcir son quehaceres que necesitan de las manos, del tacto con los materiales. “En su fragilidad aparente, requerimos cocer el barro, así como cosemos la tela. El uno con fuego, la otra con hilo, y así finalizar el proceso y conseguir su fortaleza”.

En 2017, Miriam colaboraba con sus piezas a partir de mensajes que plasmaba en sus piezas como forma de representar a poetas. En esta ocasión, su pensamiento y propuestas están en una muestra individual en la que lo mismo hay esculturas que penden del techo como cuerpos sin cabeza a los que en vez de una pierna, un genital o corazón ha puesto espejos.

Asimismo, objetos que a decir de la curadora recuerdan a las modalidades del Cuerpo sin Órganos (CsO) que inventa el dramaturgo francés Antonin Artaud (o incluso al pintor británico Francis Bacon). Es decir, piezas en las que se busca alejarse de las normas, de lo que se espera como individuos o como seres que forman parte de algo más grande que ellos.

Las esculturas de Miriam, añade la curadora, también son una mirada a lo “femenino”, pues es una forma de honrar el saber ancestral, a las hijas, a las abuelas y maestras. Esto mediante cuerpos de mujeres que, suspendidas, se tocan la panza, la espalda y los genitales.