¡A otro perro con ese hueso! Para apagar el fuego mediático que consumía a la Primavera Oaxaqueña tras la atroz ejecución del elotero más famoso de Oaxaca y su esposa, la Fiscalía sacó el guion de la Inquisición: estigmatizar a los muertos, lavarse las manos y presentar el asunto como un “ajuste de cuentas” entre prestamistas gota a gota… pero, ¿por qué tuvo que morir un personaje viral para que actuaran contra la mafia gremial?
“Muerto el perro, se acaba la rabia… ¡o al menos eso nos quieren vender desde el Palacio de Gobierno!”, porque cuando la realidad le acomoda un garrotazo en la cara al régimen jarista, las conferencias de prensa ya no se usan para procurar justicia, sino para limpiar la imagen golpeada de las autoridades. Bienvenidos a una nueva, extremadamente incisiva, ácida y combativa entrega de El Huarachazo, el único espacio libre de convenios oficiales que no se traga el atole con el dedo que reparte la Fiscalía, no se dobla ante los discursos de “investigación histórica” ni permite que la memoria de los trabajadores oaxaqueños sea pisoteada por el lavado de cara del oficialismo. Vaya manotazo de cinismo el que acabamos de presenciar: bastaron unos días de indignación nacional por la ejecución de Jesús (“El Chuy”) y su esposa Rosalba en San Martín Mexicapan para que el fiscal Bernardo Rodríguez Alamilla saliera a montarle un juicio sumario a las víctimas, transformando mágicamente a un elotero emprendedor en el villano de la historia para declarar el caso “casi resuelto”. ¡Pásenle a lo barrido, que hoy no dejamos títere con cabeza!
1. La demonización de El Chuy: de símbolo del trabajo a “cobrador de la mafia”
“A las pruebas me remito… ¡pero no me vendas el choro salvador cuando ya tienes el agua hasta el cuello!” La historia de “El Chuy” era el retrato vivo del esfuerzo oaxaqueño: un joven que a base de sudor, innovación y sazón construyó un imperio de elotes y esquites con filas enormes en el Centro Histórico. Su muerte a balazos a manos de sicarios en motocicleta consternó a Valles Centrales, pues la sombra del cobro de piso y la extorsión de la ASAEO amenazaba a todo pequeño comerciante.
¿Y cuál fue la respuesta institucional ante el escándalo mediático? Aplicar el viejo y conocido truco de la estigmatización:
El libreto oficial: Presentaron audios, libretas de cobranza y acusaron a la esposa de llevar listas de deudores, asegurando que “El Chuy” pasó de ser cliente a cobrador violento de la red de préstamos usureros “gota a gota”.
El cobarde lavado de manos: Con este argumento, la Fiscalía trasladó toda la responsabilidad a la propia víctima, vendiendo el crimen como un “saldo de cuentas privado” y deslindando al Estado de su incapacidad para brindar seguridad.
¡Vaya comodidad para la Primavera Oaxaqueña! Convertir a la víctima en victimario para que la ciudadanía ya no pida cuentas por la violencia, sino que se quede satisfecha con que “en algo andaba metido”.
2. Víctimas virales vs. víctimas invisibles: ¿se necesita ser viral en redes para que la fiscalía trabaje?
“No es lo mismo cacarear el huevo que ponerlo”, y en Oaxaca la justicia tiene un filtro indignante: la presión mediática. La pregunta más incómoda que retumba en los puestos de tacos, en los mototaxis y en los comercios de la capital es demoledora: ¿En Oaxaca se necesita que una víctima se vuelva viral para que la extorsión deje de ser invisible y se convierta en prioridad del gobierno?
¿Cuántos pequeños comerciantes han acudido a denunciar amenazas, llamadas de chantaje y cobros de piso por parte de la ASAEO sin recibir más que un archivo muerto? ¿Cuántas familias han tenido que cerrar sus negocios, endeudarse hasta el alma o salir huyendo de Oaxaca porque la autoridad nunca movió un solo dedo? La prisa de la Fiscalía por desarticular células y catear nueve anexos vinculados a la red hasta el 15 y 16 de octubre no nació de una estrategia sostenida de seguridad: nació del pánico político a que el cadáver de un personaje famoso terminara de sepultar la desgastada imagen del gobernador Salomón Jara. Además, la desgastada imagen de la Primavera Oaxaqueña ha salpicado a la federación (vienen elecciones), de ahí que se hable de acciones coordinadas y de apresurar la limpieza del aparador político.
3. La red oscura de la ASAEO: ¿caerán los financieros y sus padrinos políticos?
“Salió más cara la medicina que la enfermedad… ¡pero aquí solo agarran a los chivos expiatorios!” La Fiscalía sacó el pecho anunciando la vinculación a proceso de cinco personas —incluyendo a una funcionaria municipal— presuntamente ligadas a la red de cobro usurero y extorsión de la ASAEO. Pero que no nos vengan a dar atole con el dedo. Detener a los peones que van en motocicleta a amedrentar no es desarticular el sistema criminal.
Para que este pueblo vuelva a creer en la justicia, el gobierno tiene que responder a las preguntas de fondo que están en la calle:
El dinero y los verdaderos capos: ¿Quién ponía los millones para los préstamos “gota a gota”? ¿A las arcas de quién llegaban las ganancias millonarias de las extorsiones? ¿Dónde están los beneficiarios financieros que jamás tocaron una libreta de cobro, pero se enriquecieron desde la opulencia?
La omisión y la protección institucional: ¿Desde cuándo sabía la Secretaría de Gobierno y la Fiscalía que la ASAEO operaba redes de extorsión? Si esta estructura funcionó libremente durante años a la vista de todos, ¿quiénes en el gabinete o en los ayuntamientos les dieron impunidad, permisos o protección política?
¿Ocultar la cabeza como el avestruz?: ¿La investigación llegará hasta los altos mandos y figuras políticas asociadas históricamente con este grupo sindical, o se van a conformar con entregar a un par de operadores menores para dar el carpetazo?
En resumidas cuentas, mis estimados lectores: tenemos un gobierno que prefiere difamar a un muerto en medios y redes sociales para lavarse las manos, una Fiscalía que solo reacciona cuando los crímenes se hacen virales y un sistema que presume detenciones de empleados mientras los verdaderos financieros de la extorsión siguen gozando de su dinero. ‘Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe’, y el pueblo oaxaqueño ya no se traga los discursos de “paz y resultados” mientras las calles huelen a pólvora y la delincuencia sigue cobrando la cuota.
¡Pásenle a lo barrido, que aquí la verdad no pide permiso… y mucho menos perdón!































