Democracia, autonomía e independencia judicial
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Opinión

Democracia, autonomía e independencia judicial

 


 

El presidente López Obrador parece tener una fórmula innovadora en que, el ejercicio del poder en favor del pueblo, como valor formal del Estado Democrático Mexicano, es sólo una ilusión en el sistema Republicano Mexicano, el cual está siendo deformado por la transformación que pregona, convirtiéndolo en la apariencia de una democracia, cuyo contenido, como estrategia anula el postulado constitucional y lo sustituye por un estado autoritario de derecho que lo cubre y que, a su vez, restringe las libertades de los mexicanos de elegir a sus gobernantes y de contar con instituciones autónomas que se lo garanticen, cuestión que trasciende a todos los derechos fundamentales en materia política, social, económica, individual y vigencia de un estado democrático de derecho.

Desde luego debe entenderse que una parte esencial que sostiene un sistema democrático en su ejercicio, bajo cualquiera de las visiones que se tengan del concepto de estado democrático de derecho, lo son los poderes judiciales y las instituciones autónomas electorales y de transparencia, cuya atribución es impartir justicia, difundirla y tutelar el libre sufragio, con sustento es un orden jurídico cimentado en la observancia de los derechos humanos de las personas, mismos que hoy nuestra constitución contempla, como escudo frente a los abusos de  quienes ejercen la autoridad.

Me acaba de obsequiar un amigo una obra denominada “Como mueren las Democracias” de los profesores Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en la que se preguntan: “¿están nuestras democracias en peligro?” creen que la respuesta a esa pregunta es que sí. Desde la dictadura de Pinochet en Chile hasta el discreto y paulatino desgaste del sistema constitucional turco por parte de Erdogan, Levitsky y Ziblatt muestran cómo han desaparecido diversas democracias y qué podemos hacer para salvar la nuestra. Porque la democracia ya no termina con un bang (un golpe militar o una revolución), sino con un leve quejido: el lento y progresivo debilitamiento de las instituciones esenciales, como son el sistema jurídico o la prensa, y la erosión global de las normas políticas tradicionales. La buena noticia es que hay opciones de salida en el camino hacia el autoritarismo y los populismos de diversa índole. Basándose en años de investigación, los autores revelan un profundo conocimiento de cómo y por qué mueren las instituciones democráticas. Un análisis alarmante que es también una guía para reparar una democracia amenazada por el populismo. “Sin embargo, existe otra manera de hacer quebrar una democracia, un modo menos dramático, pero igual de destructivo. Las democracias pueden fracasar a manos no ya de generales, sino de líderes electos, de presidentes o primeros ministros que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder.”

“Algunos de esos dirigentes desmantelan la democracia a toda prisa, como hizo Hitler en la estela del incendio del Reichstag en 1933 en Alemania. Pero muchas medidas gubernamentales que subvierten la democracia son «legales», en el sentido de que las aprueban bien la asamblea legislativa o bien los tribunales. Es posible que incluso se vendan a la población como medidas para «mejorar» la democracia: para reforzar la eficacia del poder judicial, combatir la corrupción o incluso sanear el proceso electoral. Se sigue publicando prensa, si bien ésta está sobornada y al servicio del poder, o bien tan sometida a presión que practica la autocensura. Los ciudadanos continúan criticando al Gobierno, pero a menudo se encuentran lidiando con impuestos u otros problemas legales. Y todo ello siembra la confusión pública. La población no cae inmediatamente en la cuenta de lo que está sucediendo. Muchas personas continúan creyendo que viven en una democracia. Dado que no existe un único momento (no hay golpe de Estado, ni declaración de ley marcial ni suspensión de la Constitución) en el que el régimen cruce claramente la línea y se convierta en una dictadura, nada hace sonar las alarmas entre la población. Quienes denuncian los abusos del Gobierno pueden ser descalificados como exagerados o alarmistas. En la introducción sé detalla lo que ha sucedido en Latinoamérica, partiendo de que en la actualidad los gobernantes ya no recurren a las asonadas violentas, encabezadas normalmente por militares, para erosionar los estados democráticos de derecho sino al orden jurídico y las instituciones para encubrirlo mediante la propia ley que aprueban su poder legislativo o el judicial a los que convierten en instrumentos para implementar un estado autoritario de derecho”.

Me parece que estas líneas describen los riesgos del Estado Democrático de Derecho en México y nos advierten los autores sobre algunas medidas que los ciudadanos organizados debemos tomar para evitarlo y creo que esta obra contribuye a la reflexión responsable para analizar y dar respuesta en las urnas con nuestro voto al futuro de nuestra República y a nuestro propio Estado, sobre todo para sostener los pilares de las libertades, los poderes judiciales y congresos que protejan al gobernado y a las instituciones que encargados de ello.

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