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VOX, un fantasma en México: acción y reacción

 


En 1848 Marx y Engels publicaron el Manifiesto del Partido Comunista, iniciando con aquella famosa frase “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, y que los gobiernos monárquicos, republicanos, imperiales y hasta el papa se habían unido en “santa cruzada” para combatirlo. Los creadores del llamado comunismo científico daban el banderazo de salida a la lucha de clases: burgueses y proletarios enfrentados por la secuela que iba dejando la revolución industrial. Pero Marx y Engels suponían que la rebelión del proletariado, bajo el lema “trabajadores de todo el mundo, uníos”, se iniciaría en algún país altamente industrializado; la realidad llevó las cosas por otro camino y fue hasta 1917, con la Revolución Bolchevique encabezada por Lenin, que el intento comunista posó en Rusia. Ahí sí hubo un cambio de régimen.
El experimento comunista se afianzó después de la Segunda Guerra mundial, al expandir la ideología y modos de economía planificada y centralizada en Europa oriental, para enseñorearse también en la China de Mao. Lo demás, es harto sabido: Corea del Norte, Cuba y algunos otros, todos accediendo al poder por medio de revoluciones o guerras y todos se empobrecieron. Pero el comunismo soviético, con todo y sus satélites europeos, sólo duró hasta 1989. China eligió el camino exitoso de abrir su economía y lo de “Comunista” es un ribete para el control político, la economía china es ya de corte capitalista.
España es un caso especial. La ideología de izquierdas obedeció a procesos no de lucha armada, sino a base de concientización de grupos políticos que ascendieron al poder en 1931 con la Segunda República, caracterizada por un ultraizquierdismo que devino en dictadura y persiguió a sangre, fuego, crímenes de lesa humanidad a la Iglesia, habiendo perpetrado asesinatos de miles de personas, especialmente sacerdotes y monjas y reprimiendo brutalmente a quienes identificaban como “de derechas”. Fue una etapa, entre 1931 y 1936, conocida como el Terror Rojo.
Pero a toda acción corresponde una reacción en sentido opuesto (segunda ley de Newton, aplicable también en política), los excesos republicanos provocaron el levantamiento de Francisco Franco, que desafío al gobierno y ocurrió la brutal Guerra Civil 1936-39, con un país desangrado. Las derechas y el falangismo se apropiaron de España y el Generalísimo permanecería en el poder hasta 1975, año de su muerte, después de la cual se restableció la monarquía y en 1978 se iniciaba una lúcida etapa democrática que permitió la apertura de todas las corrientes ideológicas, como el regreso de izquierdistas radicales, Santiago Carrillo y de Dolores Ibárruri “La Pasionaria”. Pero también se iniciaba cautelosamente la división de España, no sólo ideológica, sino con terrorismo y serios intentos separatistas en el País Vasco y Cataluña, extendiéndose hoy en día a otras Comunidades Autónomas, de tal suerte que se vive una crisis política que está fracturando y polarizando a una nación que había tenido un despegue brillante en lo económico.
Finalmente, las izquierdas regresaron al poder, con el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y mas recientemente con el partido Podemos y “Unidas Podemos”, acentuando la lucha política y dejando muy malos saldos en la gobernabilidad. Era de esperarse una reacción y por ello ha habido triunfos del PP (Partido Popular) y recientemente del Partido Vox, ambos de derecha pero que ya tienen 140 diputados (de 350) y domina la Comunidad Autónoma de Madrid. Es el fantasma de las derechas.
Santiago Abascal, líder de Vox, visitó México y firmó con miembros el PAN un documento: “Carta de Madrid”, por el cual se pretende un hermanamiento ideológico. Ha sido muy mal visto por algunos círculos políticos de aquí, y hasta el presidente los llamó, sin mayor reflexión “autoritarios, clasistas, corruptos, casi fascistas”. Le dieron tema español, que tanto detesta, para una mañanera. Abascal le contestó al presidente, que es alguien que “abraza a tiranos y protege a narcos”. Seguiremos observado la carpa política de cuarto nivel.