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En las benditas redes sociales circuló ayer un interesante documento que desvela la pugna política tan escabrosa que existe al interior del Tribunal Superior de Justicia del estado. Por encima de todas las normas, el magistrado Alfredo Lagunas Rivera mantiene -y quiere seguir manteniéndolo- un poder fáctico por medio de la presión que ejerce al manipular al grupo de seis magistrados conocidos como “Los Espurios”. Así operaba desde el 2011 pero, como dice Cervantes “Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero”, ha sido desenmascarado con sus cómplices. 

El documento, bien sustentado jurídicamente, descubre los despotismos de Alfredo por lo que no es de dudarse que esté sufriendo “fuego amigo”. Hay que recordar que dos de los seis “espurios” prefirieron negociar una generosa jubilación que seguir haciendo el caldo gordo al grupo político de Alfredo Lagunas y su tío el diputado morenista Ericel Gómez Nucamendi quien, por cierto, también está por concluir su fuero. Tal vez por eso hayan empezado a pintar su raya. 

El documento dice: 

El asunto está claro. Los 4 magistrados espurios ya se van. Es todo para ellos. No tienen destino.

Ana Mireya Santos López, Enrique Cordero Aguilar, René Hernández Reyes, Tito Ramírez González, Abel Alvarado Vásquez y Patricio Camerino Dolores Sierra fueron impuestos en 2011 por una legislatura al servicio de Gabino Cué.

 (¿Recuerdan al saqueador gobernador del “cambio? Es el mismo que se fue sin pagar 4,100 millones de pesos a proveedores de su administración) 

Desde aquel entonces la Constitución establecía ya un procedimiento para la elección de magistrados. Hasta el día de hoy, quien quiera ser magistrado debe sustentar un examen y figurar entre los 8 con las mejores calificaciones; aparecer después en una terna que propone el gobernador y ser electo por el pleno del Congreso o en su defecto por el gobernador en caso de omisión legislativa.

El artículo 102 de la constitución local es muy claro. No hay que darle más vueltas al asunto.

Esos 6 magistrados ni siquiera hicieron examen que les acreditara la capacidad para desempeñarse en el cargo. Por órdenes de Gabino Cué fueron impuestos por esa legislatura.

¿Y cómo cree usted que fue esa imposición? A través de un artículo TRANSITORIO que los diputados metieron en la ley que desaparecía al entonces Tribunal Estatal Electoral.

Nadie impugnó, nadie objetó, nadie hizo nada. Es por eso que esos 6 magistrados hicieron pacto de sangre con Alfredo Lagunas. Le vendieron su alma y hoy son sus cómplices.

Por eso sus propios compañeros los motejaron como “LOS ESPURIOS”.

La constitución dice que un magistrado dura en su cargo 8 años. ¿mucho tiempo no? Y menos si tal puesto fue regalado. Debieron irse en 2019, pero aprovechando su padrinazgo y que nadie les decía nada, decidieron quedarse.

EL SALTO DEL CHAPULÍN  

El gobierno decidió hacer lo correcto e inició un proceso para resarcir las ilegalidades cometidas en perjuicio de la administración de justicia. Y producto de esa acción un tribunal federal ordenó que los espurios tenían que ser ratificados o no ratificados por el congreso del estado.

Dos de esos espurios, Abel Alvarado y Patricio Camerino vieron venir el desenlace natural y se curaron en salud. Rompieron con Lagunas, negociaron su jubilación y se fueron para evitar la deshonra. Los otros 4 están peleando jurídica y mediáticamente porque ¡Ahora quieren irse hasta 2027!

Todo tiene un límite y la suerte está echada. Alfredo Lagunas está a punto de ser llamado a cuentas por el desfalco de más de 800 millones de pesos de las arcas del Tribunal en el tiempo que fue presidente y que está plenamente documentado.

Y sus 4 espurios hoy ya saben que se van y han iniciado la mudanza de sus oficinas.

El pasado miércoles que sesionó el congreso, esperaban listos en una sala adjunta a que se les llamara ante el pleno para tomarles protesta. Habían conseguido su ratificación. Estaban felices. Se habían salido con la suya.

Pero no contaban con la feroz lucha entre las facciones de Morena al interior del propio congreso.

Los dictámenes de ratificación los había preparado la cuestionadísima e indiciada Elisa Zepeda, como se ha vuelto su práctica habitual, a escondidas. Como si ella fuera el pleno o la dueña del Congreso. Su aversión hacia Fredy Delfín y Alejandro Avilés la han hecho actuar de esta manera tan irresponsable. No le importa qué pase con el estado y sus instituciones. Su obsesión es fastidiar a Delfín y Avilés.

Cuando sus dictámenes llegan al pleno las cosas cambian. Y las cosas vuelven al principio, como si nunca hubiera habido dictamen.

No hay que darle muchas vueltas. Al final de todo Elisa y su comisión tendrán que dictaminar lo inevitable y los espurios se irán, junto con Alfredo Lagunas al basurero de la historia.

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