Julio sin festejos
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Opinión

Editorial

Julio sin festejos

 

Este mes será histórico para los oaxaqueños: un mes de julio que termina en la más absoluta parálisis y una secuela, asimismo, brutal. Este mes es hasta hoy, como no lo fue durante décadas, no sólo para los prestadores de servicios turísticos sino para la población en general, triste y desangelado. Lo hemos comparado, aunque en un contexto diferente al 2006, cuando el movimiento político y social reventó el festejo tradicional de La Guelaguetza y sumergió a la capital de Oaxaca en un estado de ingobernabilidad. Sin embargo, fueron otras circunstancias. Hoy es un fantasma que ha diezmado al mundo y lo mantiene en un nivel de zozobra y temor. Es una pandemia que nos sigue lacerando por dentro y continúa socavando a la sociedad entera, con contagios y muertes, sin que haya hasta la fecha una vacuna, una cura segura para este mal.   

Quienes vivimos en una ciudad tan emblemática como la capital oaxaqueña, estamos tristes. Atrás quedaron por ahora, los paseos en el Andador Turístico Macedonio Alcalá, por Santo Domingo, la visita a los bares y restaurantes de moda y, obvio, los paseos al Auditorio Guelaguetza o la Plaza de la Danza. Fue, hasta el año pasado, un derroche de multitudes reunidas en el Centro Histórico, con música, bailes, danzas, presentaciones y conferencias. Aunque se pretendió hacer virtual por parte de las autoridades, hay que reconocerlo, nada fue igual. El sabor, el sentimiento, las vivencias, fueron sencillamente incomparables respecto a años anteriores cuando visitantes del país y el extranjero atiborraron plazas y jardines; sitios, museos, restaurantes y otros, no sólo en la capital sino en comunidades de los Valles Centrales, como Mitla, Tlacolula, Zaachila, Etla u otras comunidades simbólicas por su comida y su tradición.

La ciudad de Oaxaca es única en este mes de julio. No se compara con ninguna en el país ni, mucho menos, con los polos de desarrollo turístico que ofrecen lo mejor a los visitantes. Han transcurrido meses en medio de restricciones, prohibiciones, de cuidados y medidas sanitarias. Algo que jamás vivimos. Una pandemia que es algo nuevo para las generaciones de principios y mediados del Siglo pasado y lo que llevamos de éste. Ni calendas ni bailes, ni fiestas patronales ni representaciones folklóricas. Un mes de julio triste, patético, de grandes pérdidas y un entorno de temor y angustia.

Hechos reprobables

La agresión a los representantes de los medios de comunicación se ha convertido en el deporte favorito de los últimos tiempos. No sólo desde el podio presidencial se arremete de manera continua, como ocurrió en la mañanera del viernes 24 de julio, en la que el presidente Andrés Manuel López Obrador dedicó varios minutos a descalificar a Carlos Loret de Mola, sino hasta en los estratos menores de la sociedad. Alentados por esa actitud negativa hacia nuestro trabajo, cualquier baba de perico nos agrede, sin que autoridad alguna intervenga. Muchas de estas agresiones quedan en la impunidad cuando lo que hacen los medios y sus representantes es sólo cumplir con su trabajo, para poder informar de manera veraz, oportuna y expedita a la sociedad. Pese a los llamados de muchas organizaciones, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Reporteros sin Fronteras y otros organismos no gubernamentales nacionales e internacionales, sigue sin respetarse el trabajo periodístico, en abierto atentado a la libertad de expresión consagrada en nuestra Carta Magna.

En su trabajo cotidiano el reportero se encuentra, no pocas ocasiones, en medio de autoridades policiales que impiden que realice su labor o con turbamultas, como es el caso de las manifestaciones, bloqueos o plantones de maestros, que los tildan de chayoteros y vejan físicamente. Más aún, cuando el periodista se ve inerme, como es el caso del compañero Othón García Díaz, del diario “Rotativo”, golpeado por un grupo de choque de un membrete de cuño muy reciente denominado Asociación de Funerarias de Oaxaca, que el pasado martes bloqueó de las calles de J.P. García e Independencia, en el Centro Histórico, para presionar a la Secretaría de Salud para acceder a sus exigencias. Como mencionamos ayer, propietarios de ciertas funerarias que han sido sancionados por el manejo inadecuado de cadáveres en el entorno urbano, pretenden instalar una similar con horno crematorio en la Colonia del Maestro, un asentamiento humano densamente poblado. 

La violencia en reprobable desde cualquier punto de vista. Menos se puede concebir cuando proviene de multitudes que sólo exhiben su cobardía y bajeza. Exigimos a la Fiscalía General del Estado la investigación a fondo de esta agresión y el castigo a los responsables. El periodismo oaxaqueño debe enfrentar estas agresiones unido en un solo bloque, bajo la premisa de que si tocan a uno nos tocan a todos.