México, heredando el viento | El Imparcial de Oaxaca
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México, heredando el viento

 


Milton Keynes Village, UK.- En la formidable cinta Heredarás el viento (Stanley Kramer, 1960, cuatro estatuillas Oscar), uno de los personajes, Henry Drummond, abogado defensor de un joven profesor que explicaba la teoría de la evolución, le receta a su oponente (y viejo amigo) Mathew Harrison Brady, una frase singular: “Quien se alejó fuiste tú, por haberte estancado”. Era la conclusión de un intenso diálogo en el cual Brady le había reprochado a Drummond su alejamiento del dogmatismo bíblico.
Basada en una obra dramática, el título procede de un versículo en Proverbios 11:29, que reza: “Aquel que cree disturbios en su casa heredará el viento”, durísima sentencia que parece ir tomando forma, por causa de un proceso regresivo (especialmente en la definición de Igor Caruso) que está afectando a México, como una enfermedad degenerativa, irreversible y que pareciera sin remedio.
Sentenciar a muerte una doctrina no es suficiente. Desde el Salón de la Tesorería, en Palacio Nacional, se anunció el fin del liberalismo por designio presidencial; sólo falta el correspondiente memorándum para que los ejércitos de una menguada burocracia avancen en desmantelar estructuras institucionales que llevó décadas articular.
No se quieren aprender lecciones de la historia política. El socialismo al estilo bolchevique, no desapareció en la URSS por ocurrencia de algún mandatario. Fue la propia descomposición del régimen lo que llevó a su pudrición y desaparición, con la eficaz ayuda de Ronald Reagan, del Papa Juan Pablo II y de las entrañas mismas del Kremlin: Gorbachov y Boris Yeltsin hicieron su parte en una tarea que había comenzado en los astilleros polacos de Gdansk, con Lech Walesa a la cabeza de una inconformidad social que tuvo el acierto de trascender.
La globalización es como una partida de golf, que concluye en el hoyo 19 donde los contendientes se refrescan y conviven después de recorrer el Fairway o el Green. La globalización, que funciona con el libre comercio, con el financiamiento externo, con la inversión extranjera y con demás instrumentos del repudiado “neoliberalismo”; es una actitud competitiva en el mundo que no puede soslayarse ni borrarse de un plumazo, pero no terminar a puñetazos. Los movimientos y gobiernos populistas, enemigos radicales de las reglas, pueden condenar a sus naciones a un aislamiento del comercio y las finanzas internacionales con equívocos sueños de autarquía, que es la pretendida autosuficiencia en la producción interna de todos los bienes, materias primas, insumos y manufacturas.
El socialismo, obsoleto y muerto de la vieja Nomenklatura, tenía un sistema de planificación, basado en las directrices del gobierno para dirigir la producción y el consumo, fundado todo en la propiedad estatal de los medios de producción y hasta tuvieron sus planes quinquenales bajo el estalinismo, que ocasionaron hambruna, muerte y persecución política. Bien dijo Churchill que “El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de la riqueza; la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria”. La Cuba de Castro, subvencionada por la Unión Soviética, cayó en el mismo vicio planificador centralizado y concluyó en el desastre y pobreza que hoy padece el otrora creativo y alegre pueblo de la isla.
El populismo actual, a diferencia del socialismo decadente, ni siquiera articula un plan para el desarrollo. Va contra el principio económico fundamental que es obtener los mayores beneficios con los medios disponibles. Ahorrar por ahorrar y hacer de esto un triunfo, implica un detenimiento económico y una probable y cercana expansión de la pobreza, una separación del mundo cambiante que avanza en Europa, en La India y en la cuenca asiática del Pacífico, donde no hay espacio para ocurrencias. China planifica, pero con un eficiente criterio de economía mixta, compartida, expandiendo su comercio y creciendo.
Vamos a heredar el viento. Con nuestro estancamiento regresivo en lo político y económico, nos alejamos de un mundo exigente, competitivo y progresivo. Desde el poder se están creando las condiciones.