Ha muerto un gran hombre | El Imparcial de Oaxaca
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Ha muerto un gran hombre

 


Con Tony, murió uno de esos hombres que la humanidad necesita para sobrevivir. Una persona que cuando tratas y conoces te reconcilian con la vida y la humanidad, son esos seres que sirven sin pretensiones con una ética profesional y nobles sentimientos.

El doctor Marco Antonio Calleja, era un médico de cuerpos y almas que trasciende su tiempo y su espacio y quedan como ejemplo para los oaxaqueños y para la humanidad. Su actitud de servicio me recuerda a San Lucas, ese médico que tiene como símbolo el cristianismo o Hipócrates de Cos, que separa a la ciencia de la medicina, del pensamiento mágico; o Galeno de Pérgamo, quien descubre y da a conocer parte de la anatomía humana en forma científica; o Edward Jenner que descubrió la vacuna contra la viruela y ya en el pasado cercano está Louis Pasteur, Alexander Fleming, Jean Brachet o Francoise Barre-Sinoussi y LucMontagnier, estos últimos que descubrieron el virus del sida. Todos ellos con una vocación y amor a la humanidad.
Tony pertenece a esos médicos que unieron a su profesión un ferviente deseo por la investigación de los orígenes y motivos de las enfermedades. Unió a este afán de investigación y estudio una gran calidad humana y una compasión por sus semejantes, como esos médicos que se van a África o Asia, a las partes más pobres de América Latina para atender y curar a los enfermos desamparados, destinados a morir sin atención. Su espacio territorial fue nuestra tierra Oaxaca y en ella esparció mediante la práctica médica y la enseñanza los conocimientos que fue atesorando y poniendo al servicio de sus pacientes. Muchas veces en forma gratuita.

Tony unía varias cualidades, la de los hombres sencillos y sin pretensiones que son admirados y la de los sabios que son respetados y honrados. De gran sabiduría, con palabras simples, casi con humildad y con gran autoridad moral y científica explicaba las situaciones médicas y humanas que se le presentaban y sus remedios. Lo recuerdo con alegría, me estrechaba la mano con energía y suavidad, observaba y miraba en silencio, con una leve sonrisa que daba la confianza de sus conocimientos. Con seguridad preguntaba para certificar y confirmar su diagnóstico.

Era mi médico, mi confidente, mi amigo. Sus certeros diagnósticos beneficiaron y salvaron la vida de muchas personas que puse en contacto con él. Nunca dudé en hablarle por teléfono desde cualquier lugar, cuando alguien que me importaba me platicaban de algún diagnostico raro o fraudulento. Su sabiduría y confianza la compartía con mis amigos y conocidos. Los ponía al teléfono para que le explicaran sus males y él con una generosidad sin límites les decía su diagnóstico. Siempre era certero, nunca se equivocaba aún en los diagnósticos más difíciles.

Tony tenía un ojo clínico formidable, era único. Tenía el oído hecho para percibir la voz que emerge de cada ser adolorido. Sus pacientes, seres penitentes llenos de angustia, esclavos arrodillados ante una enfermedad encontraban en Tony apoyo y esperanza. Seres enfermos del cuerpo y del alma se sentía liberados con su asistencia. Tony rescataba lo mejor del ser humano, les daba seguridad a su pensamiento, los cubría de colores vivos y airados y les transfería su confianza y seguridad.

Tony tenia clara conciencia de que estaba en la tierra para hacer el bien, que los peligros y enfermedades que había sorteado era para servir a sus pacientes, para ayudar a las gentes. Finalmente se convirtió en aquel luminoso personaje de leyenda que resucitó como un milagro para seguir haciendo el bien, para ayudar a todos aquellos que acudía en busca de su ayuda y él, sin reticencias habría su corazón y entendimiento para aliviar a los seres de la tierra que habían perdido sus sueños y se perdían en la niebla del subdesarrollo y la enfermedad.

Vivir haciendo el bien, es la enseñanza de Tony. Hay que brindar por la hazaña de seguir vivos. Pese a todo, la vida sigue siendo una maravillosa aventura. Esperamos que nuevas generaciones en este mundo monetarizado, tomen la estafeta que deja en Oaxaca el doctor Marco Antonio Calleja. “Tony” para los que lo amamos. El “Sol muere y renace.

*ggpereyra@hotmail.com