Rosa, el peregrinar contra el cáncer y el miedo al feminicidio
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Rosa, el peregrinar contra el cáncer y el miedo al feminicidio

Solo tiene el apoyo emocional de sus dos hijos, uno con leucemia y su hija sobreviviente a un atentado en el que le dispararon 11 veces, ahora trata de mantenerse en pie.

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En marzo del año pasado, Rosa, originaria de Santa Cruz Nundaco, en la región Mixteca, recibió la peor noticia de su vida cuando diagnosticaron leucemia a su hijo de ocho años, enfermedad que atacó su hogar después de que su hija, de 17 años, sobreviviera milagrosamente a un ataque armado en el que sufrió 11 heridas de bala cuando estaba en la terminal de taxis del centro de esta comunidad.

Como único soporte de ambos menores de edad desde hace cinco años, Rosa recuerda que Giovanni se quejaba de un dolor en sus piernas que no le permitía caminar.

“Fui al seguro de Tlaxiaco y ahí le realizaron estudios de laboratorio. Los resultados arrojaron que estaba grave y me enviaron al Hospital de la Niñez”.

De tez morena y complexión robusta, la mujer que tuvo a su primera hija a los 18 años de edad, relata la angustia e incertidumbre que invadieron su ánimo ante la noticia del cáncer y la falta de dinero para llevarlo al nosocomio indicado.

Empleada doméstica en su comunidad de origen, Rosa señala que en su modesta vivienda ella y sus hijos vivían tranquilos, pese a las limitaciones monetarias.

Giovanni enfermó y requería tratamiento especializado. Un médico de Tlaxiaco le dio a Rosa 300 pesos para que lo llevara al Hospital de la Niñez en San Bartolo Coyotepec, donde su primer ingreso fue a urgencias y empezó con el tratamiento que durará –al menos- tres años.

A partir de marzo de 2019, Rosa y su hijo menor viajaban varias horas desde Nundaco hasta al Hospital de la Niñez –en los Valles Centrales- al menos cada 15 días, para recibir el tratamiento que lo dejaba debilitado motivo por el cual tuvo que abandonar la escuela.

SOBREVIVIENTES DE INTENTO DE FEMINICIDIO

  • En septiembre de ese mismo año, cuando Rosa, Giovanni y su hija de 17 años pretendían abordar un taxi foráneo para trasladarse al nosocomio, la adolescente recibió varios balazos, tragedia que trajo a su vida otro peregrinar.

En el centro de la población, donde hubo varios testigos, observaron que fue el exnovio de la joven quien llegó hasta el sitio de taxis con un arma de fuego y le disparó 11 veces. Dos balas se alojaron en la cabeza.

La joven había sostenido un noviazgo con el agresor por un año y medio, pero decidió terminarlo por la violencia que él ejercía sobre ella. Incluso Rosa había acudido hasta él para pedirle que la dejara en paz y aceptara que la relación ya había concluido.

El exnovio, cuatro años mayor que la víctima, de acuerdo al relato de Rosa, acudió al sitio de taxis con la intención de matar a su hija y a ella también, porque dos balas rozaron su pecho y parte del torso, pero la libró.

Una vez que realizó los disparos, el joven huyó del lugar y la hija de Rosa fue trasladada con urgencia al Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca (HRAEO), donde el personal médico le salvó la vida, pero no pudo retirar una de las balas que quedó alojada en la cabeza.

En un reducido espacio que encontraron para vivir, lejos de su hogar al que no saben cuándo regresarán porque el agresor sigue en libertad, Rosa y sus hijos apenas logran sobrevivir con el apoyo que reciben de quienes los han conocido.

Giovanni, delgado y sin cabello por las agresivas quimioterapias, dejó la escuela cuando cursaba el tercer grado de primaria. Su madre confía que después del tratamiento reanude sus estudios y vuelva a ser el niño que fue antes de la leucemia.

Rosa se levanta desde las seis de la mañana para acomodar la ropa y algunos trastes que tienen en el cuarto donde no puede salir más que para ir a la tienda o cuando Giovanni debe ir al Hospital o su hija va a alguna terapia.

Desde el año pasado, Rosa se mantiene fuerte; asegura que “afortunadamente” no tiene problemas de salud y apenas si se ha enfermado de una leve gripe. “A veces hay un poco de estrés porque es un poco pesado, pero ahí vamos”, expresa la mujer que sostiene a su hijo menor entre sus brazos y lo acaricia tiernamente en la frente.

Giovanni se acomoda y juega sobre una cobija en el suelo que Rosa colocó a un costado de una cama individual. Ahí se la pasa casi todo el día porque no tiene más espacio para juegos propios de la edad.

Los trastes, una estufa portátil, una silla de ruedas y la ropa ocupan la mayor parte del cuarto donde se quedarán otros años más, hasta la recuperación del menor que lanza una carcajada cuando ve a su madre apenarse mientras se alza la blusa para enseñar la cicatriz del rozón de bala.

Rosa cuenta el dinero cada mes para ver cómo lo administrará para que pueda comprar los medicamentos que Giovanni y su hija requieren cuando los hospitales no pueden suministrarles.

La joven sobreviviente de intento de feminicidio al igual que su madre, se mantiene sentada en la orilla de la cama y pide no nombrar su nombre por miedo a su agresor, del que teme que la busque para volver a intentar matarla.

Pronto cumplirá los 18 años y espera el llamado de las autoridades que informen de la aprehensión de su agresor, luego de que interpusieran la denuncia desde hace casi seis meses

Rosa vive al pendiente de Giovanni y no puede salir a trabajar por miedo a dejarlos solos. Su mayor hija debe tomar al menos dos pastillas diarias para evitar las convulsiones que le generaron los disparos en la cabeza.

“Uno nunca espera vivir esta situación, pero no hay que desanimarse. Debemos echar ganas para salir adelante”, expresa la originaria de Santa Cruz Nundaco, que requiere apoyo de donadores de sangre en el Hospital de la Niñez, por las unidades que recibe su hijo cuando acude al nosocomio.

Sin apoyo familiar, ni del padre de sus hijos, quien conoce de la enfermedad de su hijo y del intento de feminicidio de su hija, Rosa confía en que la situación para los tres mejorará. Que Giovanni saldrá del cáncer y su hija dejará la rehabilitación y los medicamentos algún día, así como el miedo constante de ser hallada por aquel que las autoridades dicen que no pueden encontrar.