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Mujeres sin voz en Oaxaca: obedecer sin cuestionar

En las comunidades más marginadas, en esas donde se registran los más altos índices de pobreza, prevalecen viejas y dañinas costumbres sociales arraigadas entre las familias como pedir dote a cambio de una hija o prohibir a las mujeres que hablen con hombres.


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Josefina es de mediana de estatura, de tez morena, camina con cierta timidez, no tiene intención de responder alguna plática. Solo asienta con la cabeza, comenta en mixteco con una de sus familiares que tienen al lado y ambas insinúan que no saben qué decir a las preguntas que se le hacen.

Ella es originaria de El Jicaral, la agencia alejada de Coicoyán con una población estimada de 614 mujeres, con un índice de fecundidad de 3.41 hijos por mujer.

En este lugar, poco o nada conocen de redes sociales, del internet y de los movimientos feministas que ocupan la agenda nacional.

“No saben cómo responder”, dijo una de las señoras que las acompañan en los funerales de las migrantes Juana, Margarita y Paula que se realizó a la comunidad hace un par de semanas.

“Casi no hablamos español”, resaltó para precisar que en esta comunidad las costumbres arraigadas son las que se respetan, las que se imponen y las que obedecen sin cuestionar.

Las mujeres en algunas ocasiones se atreven a ser migrantes, es la única salida que tienen ante el pauperismo que les rodea, pero son pocas quienes dejan todo atrás,porque emigran más los hombres y ellas se quedan en el pueblo desolado para cuidar las cosas que nos les ha arrebatado la pobreza. “Sin embargo si se quedan en la comunidad no tienen mayores opciones, tampoco la oportunidad de tener escolaridad ni aspiran a ir a la universidad”.

El grado de escolaridad es de 1.84 años en mujeres, apenas alcanza los primeros años de la primaria.
Josefina tiene 3 hijos, los cuales se encuentran en la escuela primaria de la comunidad. Ella porta un vestido de colores con tonos fuertes en guinda, combinado con azul y amarillo, comenta que su esposo se fue a Estados Unidos y desde allá le envía dinero.

“Las mujeres hablan poco, ellas están acostumbradas a platicar entre ellas y no con señores ni con personas que vengan de otro lado”, comenta una vecina con un gesto un poco serio.

Para la gente, la llegada de extraños a su pueblo es de cuidado, no hablar ni decir de más, a menos que la gente sea llevada por la autoridad municipal o alguien con representación.

En las diversas festividades, las mujeres son las encargadas de servir la comida, de echar las tortillas y de tener los preparativos para la atención de los varones.

De acuerdo con algunas personas, las mujeres de estos pueblos, principalmente de las agencias respetan al marido y no hablan con quien sea, menos si es varón porque el persistente temor a que las reprendan, pues saben que nadie las defenderá.

Tampoco puede opinar en muchas cosas de las cuales solo el hombre tiene a facultad de decidir, son las encargadas de las actividades de la casa y de tener la comida.

El cien por ciento de la población es indígena, y el 79.43% de los habitantes habla el mixteco, y el 59.96% de la población habla una lengua indígena y no habla español.

Muchas de las señoras de El Jicaral, así como niñas, solo hablan entre ellas, siempre en su lengua materna.

Las niñas van de la mano de sus mamás por las calles, van adoptando un comportamiento similar. Las educan para la sumisión, para estar en casa, atender al marido, criar a los hijos, hacer la comida, olvidarse de sus propios deseos pues ni siquiera los tienen.

Josefina se casó a los 16 años aproximadamente como los usos y costumbres de su comunidad, asegura que vive bien y está bien en su pueblo.

EL MATRIMONIO LLEGA A TEMPRANA EDAD

Las niñas de Coicoyán se casan a temprana edad. Ellos dicen que están en edad casadera a partir de los 14 años, las esposas recién casadas lucen rostros pueriles, solo contraen matrimonio con previo consentimiento de sus padres, en la mayoría de las ocasiones, pero si deciden desobedecer, tiene que huir del pueblo.

Las agencias del municipio, que son 14, tienen más arraigadas las costumbres de los antepasados donde la dote aún persiste, es decir, las familias reciben algo a cambio de una de sus hijas, generalmente es dinero en efectivo.

Cuentan las personas que, en los casamientos, el papá y la mamá, así como la familia de la novia pide una cantidad que considera “justa” para el matrimonio y que sea de ayuda.

Aunque con el tiempo esta acción está perdiendo arraigo, se estima que en las comunidades más pequeñas y aisladas, de cada 10 familias, en siete aún piden esta dote y en las demás solo piden al novio que garantice el bienestar de las parejas.

“Sigue esta situación porque las comunidades están en la misma situación de hace varios años, principalmente en las agencias, porque en la cabecera municipal se va adquiriendo otra situación”, comentaron.

Es más, en algunas agencias de este municipio las adolescentes tienen casi prohibido tener amigos porque si los sorprenden platicando en la calle o en algún lugar público, sus propias familias las obligan a cazarse con el hombre, pues el murmullo social pesa y no soportan “el qué dirán”.

“En los pueblos es difícil que se dé la amistad de un hombre y una mujer porque se llega a malinterpretar y la familia de la jovencita lo toma como una ofensa. En las escuelas, no es común ver grupos mixtos, si no cada quien en sus actividades”, señaló un poblador.

Las comunidades están alejadas, no tienen servicio de transporte y las oportunidades de empleo nulas, adversidades que pagan más caro las mujeres quienes viven sometidas a la voluntad de sus padre, hermanos o esposos.

FALTA DE ACCESO A SALUD, VIOLENTA DERECHOS DE MUJERES

De acuerdo con la regidora de salud de Coicoyán, Alma Areli Flores Ortiz, la atención médica es una de las necesidades de esta población que, para ser atendida en sus males, acuden a la farmacia o salen a Juxtlahuaca o Tecomaxtlahuaca, pues la exigencia de mejores condiciones para la atención médica los obligan a buscar opciones aunque sean fuera del pueblo.

Son las caravanas de la salud las que suben a estos pueblos y llevan un poco de atención para las enfermedades generales.

Para la atención de este sector hay un centro de salud en la cabecera municipal y dos espacios más repartidos en las agencias, que son insuficientes.

“Necesitan muchas atenciones, así como programas que den a conocer los derechos de las mujeres y aunque sea, poco a poco, que se vaya tomando idea de lo que es”, comentó.

Mientras tanto, las señoras están acostumbrados a tener a sus hijos con la partera y en sus casas, sólo en caso de emergencia salen de sus comunidades, pero la falta de carretera y la situación geográfica les impide esta opción.