Se triplican los entierros en Oaxaca por la pandemia
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Se triplican los entierros en Oaxaca por la pandemia

En las últimas tres semanas, el Panteón General de la capital ha celebrado hasta tres servicios en un solo día

Se triplican los entierros en Oaxaca por la pandemia | El Imparcial de Oaxaca

NUMERALIA

148

Muertes por Covid-19 en Oaxaca de Juárez hasta el viernes

20

En Santa Lucía del Camino

43

en Xoxocotlán

40

Inhumaciones por Covid-19 en el Panteón General

5

Entierros por Covid-19 en el panteón de Santa Lucía

DATO

En Oaxaca, donde es habitual visitar los cementerios durante el Día de Muertos y Todos Santos, la muerte ha cambiado tanto como la vida, lo mismo ha pasado con los rituales como llevar música y rezos a los sepelios o permanecer varias horas durante la despedida de un ser querido.

Para Daniel, vestirse con un traje completo, cubrebocas, careta y guantes implica no sólo una transformación total sino el vivir una nueva normalidad en su trabajo. Con pala en mano, el sudor corre por su rostro al mediodía del jueves, como lo ha tenido que sentir otras tantas veces. Pero no es el único, tres o cuatro compañeros han pasado por lo mismo unas 40 veces, el número es el estimado de inhumaciones por (probable) covid-19 que se han realizado en el Panteón San Miguel, mejor conocido como Panteón General.

Hasta la tercera semana de junio, en el camposanto más antiguo de la ciudad de Oaxaca sumaba una decena de servicios por la nueva enfermedad, pero desde entonces y en los primeros días de julio, las veces en que los sepultureros han tenido que cavar la fosa, depositar el cuerpo y cerrar el espacio se han incrementado considerablemente hasta alcanzar un estimado de 40, es decir, 10 por semana.

El traje de plástico que protege a Daniel lleva dos meses en servicio. / Foto: Adrián Gaytán

Oaxaca llegó esta semana al color naranja del semáforo de riesgo ante el Covid, aunque parece que las muertes por esta enfermedad han aumentado. Dagoberto Hernández, encargado del Panteón General, cuenta que en este mes han tenido días con uno, dos o hasta tres servicios de inhumación por la enfermedad causada por el nuevo coronavirus. Aunque, aclara, las boletas nunca tienen escrito un diagnóstico confirmado, solo lo manejan como probable.

“Cuando no estaba esta enfermedad, esporádicamente venía un cuerpo, a veces no teníamos servicios; en otras ocasiones, dos o tres, pero no a diario”, detalla quien, desde que cerraron las oficinas del Ayuntamiento, se ha encargado de recibir los pagos por los servicios en éste y dos camposantos más, el del Ex Marquesado y el de Xochimilco. Aunque no tiene presente la cifra de inhumaciones en ellos, solo que en este mes, el del Ex Marquesado y el Panteón Jardín han tenido varios servicios.

La cifra es incierta y no la conoce ni el regidor de Panteones, Luis Arturo Ávalos Díaz Covarrubias, quien cuenta que ha solicitado la información al área correspondiente, pero sin respuesta alguna hasta la fecha, por ahora, queda estimar que de las 148 personas que de la capital habían muerto por Covid hasta el viernes, los cuerpos de unas 40 yacen ya en el Panteón General.

Pero a unos metros de la urbe que se erige como epicentro de la emergencia sanitaria con casi 2,000 casos, el panteón de Santa Lucía del Camino parece vivir una situación muy distinta. Los datos de la Secretaría de Salud del país registraron hasta ayer 20 defunciones a causa de la enfermedad.

Vidal Canseco, jefe de la Unidad de Panteones de ese municipio, dice que solo cinco difuntos de Covid han sido enterrados en el camposanto de la población. Y que por ello no hay un incremento significativo en el trabajo de los sepultureros.

Aunque se solicitaron datos de las muertes por Covid que han requerido servicios de inhumaciones en Santa Cruz Xoxocotlán, el ayuntamiento no respondió a la petición. El empleado del camposanto tampoco accedió a responder durante la visita, pues argumentó no estar autorizado para emitir comentarios o información. Hasta el viernes, las muertes por Covid se contaban en 43 para Xoxocotlán.

 

Sufriendo el calor de mediodía dentro del traje protector. / Foto: Adrián Gaytán

 

Unos minutos para las despedidas

 

A poco más de seis meses desde el primer registro de covid-19 en Wuhan, China, la vida ha cambiado en todo el mundo, en Oaxaca, donde es habitual visitar los cementerios durante el Día de Muertos y Todos Santos, la muerte ha cambiado tanto como la vida lo mismo ha pasado con los rituales como llevar música o rezos a los sepelios o permanecer varias horas durante la despedida de un ser querido.

Desde marzo eso no es más así, al menos no en la capital del estado donde empleados como Dagoberto han tenido que pedir a los deudos entrar en un número máximo de 10. Uno o dos como máximo durante la inhumación; y los demás posterior a ella. Tras ello, solo pueden estar como máximo 15 minutos. Aunque para entrar tienen que cumplir otras partes del protocolo: usar cubrebocas y dejarse medir la temperatura corporal, así como aplicarse desinfectante.

 

“Nos tenemos que poner el traje”

 

Daniel lleva cinco años como sepulturero en el Panteón General de la ciudad de Oaxaca, aunque estuvo seis meses antes en otra área. Robusto, con un traje azul que lo cubre casi de pies a cabeza y una pala al hombro, relata cavar una fosa como la del jueves le ha tomado a él y sus compañeros aproximadamente hora y media. La prepararon en la mañana, en espera del cuerpo de una mujer que enterraron al mediodía.

Bajo el sol, con cubrebocas y careta, apenas soporta el calor de la mañana, pero cuenta que como él sus demás compañeros usarán un traje similar. “Nos tenemos que poner el traje, por lo mismo que (el cuerpo) viene infectado”.

Hasta la tercera semana de junio, el Panteón San Miguel sumaba 10 servicios por la nueva enfermedad. Foto: Adrián Gaytán

Como ese traje, los difuntos llegan con una especie de vestimenta similar: envueltos en plástico, como una manera para evitar que salga el virus.

Aunque estén bajo el rayo del sol y no sea de su agrado, los sepultureros deben de usar un traje especial, pues como dice Daniel, tienen que protegerse. Pero confiesa que antes de contar con este usaban la ropa normal y guantes de carnaza. Sin embargo, cree que si bien el nuevo atuendo se desinfecta, sería ideal tener otros, pues este lo ha usado durante dos meses.

Envueltos en trajes de protección, los trabajadores del panteón cavan fosas para enterrar cuerpos tan forrados en plástico como ellos mismos. Foto: Adrián Gaytán

 

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