Migración, una posibilidad en tiempos de pandemia
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Migración, una posibilidad en tiempos de pandemia

Para oaxaqueños como Pablo Santiago volver a Estados Unidos, incluso en tiempos de coronavirus, es una decisión que sólo está frenada por la falta de dinero para costear la travesía


Migración, una posibilidad en tiempos de pandemia | El Imparcial de Oaxaca

Hace 10 años que Pablo Santiago Vásquez regresó de Estados Unidos, país al que emigró en 2002 porque en su estado, Oaxaca, México, su situación era muy precaria. Y aunque en esta década ha logrado disfrutar del cariño de su familia, que no pudo tener por varios años, la pobreza económica ha hecho que se plantee  cruzar nuevamente la frontera. Como hace dos años, quiere volver y así pagar los estudios universitarios de su hijo menor. También, terminar su casa. Aunque sin dinero para costear el viaje, tendrá que esperar al menos hasta diciembre próximo, cuando el Covid-19 dé tregua.

A Pablo, que desde hace un par de meses se desempeña como jardinero en Santa María El Tule, el salario de mil 500 pesos semanales se le va en pasajes. La emergencia sanitaria por Covid-19 hace que en seis días de trabajo se tenga que desprender de al menos 600 pesos, debido al aumento en la tarifa de taxis colectivos. Y los 900 restantes son insuficientes para la comida de la familia: de él, su esposa y al menos uno de sus tres hijos. Tampoco alcanza para pagar el agua, la energía eléctrica y otros gastos. Pensar en seguir construyendo su casa resulta una idea imposible.

Los riesgos para su salud, a raíz de la pandemia, parecen no importarle a quien ya ha caminado por varios días en el desierto, tomado el líquido de los cactus para mantenerse en pie y llegado a Nueva York para ganar algunos dólares y así mantener a su familia en Oaxaca.

POCO A POCO VUELVEN AL TRABAJO

Pero en Estados Unidos, aun para quien ha conseguido la residencia permanente, la crisis actual ha mermado su economía y afectado su vida. Benigna García Yescas es una de ellas. Oriunda de San Marcos Tlapazola, la tierra del barro rojo que en los últimos años se ha vuelto referente en la migración, narra que la pandemia ha afectado su trabajo y el de su esposo. Fue en esta semana, luego de más de dos meses en pausa, que la radicada en Los Ángeles, California, y dedicada a la limpieza en casas, retomó su trabajo. Su esposo, en cambio, fue despedido de su puesto como chef en un restaurante.

En este tiempo, la pareja que emigró hace tres décadas ha sobrevivido con una parte de los impuestos que habían pagado al gobierno. Pero este es un beneficio que, reconoce, no todos los inmigrantes pueden tener.

Esta semana, Estados Unidos superó los 2 millones de casos de Covid-19. Pero el país, convertido epicentro de la epidemia en el continente americano y en el mundo, supera ya las 100 mil muertes. 

MUERTE CERCA DE SU CÍRCULO

Para oaxaqueñas como Alicia Agustín, quien desde 1988 radica en aquel país, la muerte por coronavirus ha impactado en su círculo cercano. Nacida en la sierra mixe y radicada en Los Ángeles, California, ha sabido de varios connacionales que han perecido a causa de la enfermedad. El miedo en ella y su familia es latente, reconoce, pues sabe de contagios entre conocidos. Además porque su esposo, que ha vuelto a trabajar por algunos días, se expone a ese riesgo.

Esta semana, el Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante (IOAM) informó que, con base en los datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores hasta el viernes 5 de junio se registraban 116 oaxaqueños fallecidos por Covid-19 en los Estados Unidos.

Con esta cifra, la entidad ocupa el tercer lugar a nivel nacional por el número de oaxaqueños fallecidos en aquel país, antecedido por Puebla, con 444, y Guerrero, con 140 defunciones.

La muerte en un país ajeno al suyo, a miles de kilómetros de la familia, es un riesgo que enfrentan quienes radican ahí. Pero también uno que, incluso sin el Covid, han tenido que ver de cerca muchos connacionales en su intento por cruzar la frontera. Aun con ese panorama desolador y las crisis derivadas de la pandemia, oaxaqueños como Pablo Santiago, que hace una década regresó a México, dicen que volverían a emigrar. Incluso ahora “¿Aquí dónde voy a obtener algo?”, se pregunta.


 

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