En pleno auge, el cine brasileño teme efectos de la "guerra cultural" de Bolsonaro
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En pleno auge, el cine brasileño teme efectos de la “guerra cultural” de Bolsonaro

Ninguna de estas victorias fue celebrada por Bolsonaro, enfrascado junto a sus ministros en una “guerra cultural” contra lo que consideran “arte de izquierda”. 

En pleno auge, el cine brasileño teme efectos de la “guerra cultural” de Bolsonaro | El Imparcial de Oaxaca
Brazilian President Jair Bolsonaro is surrounded by supporters after a press conference on the coronavirus at Alvorada Palace in Brasilia, on January 31, 2020. - The death toll from China's coronavirus outbreak has reached 258, its government said Saturday, as foreign nations tightened restrictions on travellers from China in response to the rapid spread of the illness. (Photo by Sérgio Lima / AFP)

Premios en Cannes, nominaciones en los Óscar y en la Berlinale: el cine brasileño vive un ciclo de esplendor, pero teme un retroceso por la pérdida de apoyo público bajo el gobierno ultraconservador de Jair Bolsonaro.

Directores, productores y profesionales del sector afirman que la actual política cultural es ideológica y que esto amenaza una industria que es una de las caras visibles del país y mantiene unos 300.000 empleos.

“Artísticamente es un momento de florecimiento. Tenemos películas comerciales que funcionan muy bien en la taquilla y otras de carácter más autoral que tienen éxito en los festivales”, dijo a la AFP Caetano Gotardo, codirector de “Todos os Mortos” (Todos los muertos), coproducida con Francia y en competencia en la selección oficial del próximo Festival de Berlín, a fines de febrero.

“Pero vivimos un momento de muchas dudas sobre la continuidad de esa producción”, advierte Gotardo.

Su película, que retrata la relación entre una familia blanca y otra negra en el Brasil de fines del siglo XIX tras la abolición de la esclavitud, logró escapar a tiempo del período de turbulencias que enfrentan muchas producciones en curso.

Lo mismo ocurrió con “La vida invisible de Eurídice Gusmao”, de Karim Ainouz, ganadora del premio Una Cierta Mirada en el último festival de Cannes, y con “Bacurau”, de Kleber Mendonça Filho, que se alzó con el Premio del Jurado y fue un éxito de taquilla en las salas brasileñas.

– “Falta de acción” –

Ninguna de estas victorias fue celebrada por Bolsonaro, enfrascado junto a sus ministros en una “guerra cultural” contra lo que consideran “arte de izquierda”.

Los cambios comenzaron con la extinción del Ministerio de Cultura, convertido en una secretaría del Ministerio de Turismo, y siguieron con el recorte del patrocinio de empresas públicas a actividades culturales, una medida que afectó a varios festivales de cine.

Bolsonaro afirmó que “el Estado tiene mayores prioridades” que financiar la cultura y amenazó con cerrar la Agencia Nacional del Cine (Ancine) si ésta no establece un “filtro” de contenido a la hora de adjudicar recursos públicos.

El Fondo Sectorial del Audiovisual (FSA), administrado por Ancine y alimentado principalmente con recaudaciones de la propia industria audiovisual, sufrirá en 2020 un recorte presupuestario de más del 40%.

El cine brasileño está “frenado por decisiones erróneas” y por la “falta de acción” del gobierno, que tiene una actitud “contra la cultura”, apunta Sara Silveira, productora de “Todos os mortos”.

Esta semana la Secretaría de Comunicación de la Presidencia acusó a la directora Petra Costa de “difamar la imagen del país” con su documental “Al filo de la Democracia”, nominado al Óscar, que cuenta desde una perspectiva de izquierda el proceso que llevó al poder al mandatario ultraderechista.

Bolsonaro, cuyo mandato termina en 2022 y puede ser reelegido, había dicho poco antes que no perdería tiempo viendo esa “porquería”.

– Momento “perturbador” –

“El momento cultural actual es tal vez el más perturbador jamás vivido en Brasil”, dijo a la AFP Luiz Carlos Barreto, uno de los mayores productores del cine brasileño, que vivió el auge del Cinema Novo en la década de 1960 y negoció con la censura de la dictadura militar (1964-1985) la autorización de películas calificadas de “subversivas”.

Según Barreto, de 91 años, ahora se ha ideado una “estrategia nueva, un sistema de censura previa”, en el que ya no se trata de “reprimir un producto [artístico], sino de poner barreras para que no se produzca”.

Barreto piensa que el principal problema, agravado bajo el actual gobierno, es que la cultura en Brasil es tratada como un “adorno” y no como una industria valiosa.

“Precisamos luchar para que la industria de la cultura, lo que llamamos ‘economía creativa’, sea vista como un pilar económico”, coincide Ilda Santiago, directora del Festival de Cine de Río, cuya última edición estuvo a punto de cancelarse tras la reducción del patrocinio de la estatal Petrobras.

El futuro cercano es para muchos una incógnita.

Tras la renuncia del cuarto secretario de Cultura -quien parafraseó en un discurso al ministro de propaganda de Hitler- los más pragmáticos esperan que su sustituta, la actriz Regina Duarte, promueva el diálogo con la clase artística y ponga en marcha medidas que ayuden al sector a avanzar.

A pesar de todas las dificultades, “no vamos a parar de producir [películas], no vamos a dejar de hacer lo que hacemos”, afirma Ilda Santiago.