Bohemian Raphsody, La historia de Freddie Mercury o Dios “salve” a la reina | El Imparcial de Oaxaca
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Bohemian Raphsody, La historia de Freddie Mercury o Dios “salve” a la reina

Rami Malek hace una magnífica interpretación como Freddie Mercury.


Bohemian Raphsody, La historia de Freddie Mercury o Dios “salve” a la reina | El Imparcial de Oaxaca

Para los amantes de la música de Queen, Bohemian Raphsody: La historia de Freddy Mercury, que llegará este fin de semana a las salas de cine nacionales, probablemente se lleven un sentimiento similar al que en 1982 llegó a provocar el lanzamiento de su disco Hot space: sin sustancia ni gracia; frío y forzado.

No es que todo esté perdido en este filme, finalmente dirigido por Bryan Singer, pues al igual que aquel disco que ahora recuerdo, que tenía chispazos como el dueto con David Bowie en la memorable “Under pressure”, este filme sí llega a provocar emociones vibrantes, desde sus dos grandes pilares: por un lado es un privilegio escuchar en pantalla grande algunos de los éxitos más grandes de la banda, sobre todo la parte representativa de su concierto en Wembley, y por el otro, Rami Malek hace una magnífica interpretación como Freddie Mercury.

Pero es que al igual que la banda de rock, la grandeza no radica en un solo hombre, y al igual que en el convencionalismo y simbólico gesto de las bandas que se rompen a causa de egos elevados, el filme parece lo bastante manoseado para no cobrar una identidad propia, es bastante irregular y llega a ser muy patético el recorrido dramático de una historia en la cual Malek se ha empeñado en construir un personaje, para una historia que nos enteramos mejor si leemos en Wikipedia.

Bohemian Rhapsody llega a la pantalla grande bajo la etiqueta de ser una celebración de Queen, de su música y de su extraordinario cantante Freddie Mercury, que desafió estereotipos e hizo añicos tradiciones para convertirse en uno de los showmans más queridos del mundo. Sin embargo, más allá de exaltar la figura de Mercury, la película lo usa de pretexto para decir de forma insípida que su papel de ídolo más que a su talento se le debe a la banda. Es descarado el maniqueísmo. Es una película en la que Brian May y Roger Taylor, le dicen al espectador cómo se sintieron opacados con la figura de Mercury, pero que al final los buenos de la historia siempre fueron ellos.

No hablo de valorar la realidad, pero en cuestión fílmica, ninguno de los personajes que conforman Queen tienen una construcción dramática real. Se muestran como juguetes de aparador que sonríen, mientras alguien está comprando un juguete mejor para regalarlo en Navidad. Con esto vale la pena decir que muchos de los actos musicales pudieron tener mucho mayor impacto si no es porque ahí Singer recurrió al convencionalismo y cliché. Vaya, desde la escena en que se muestra cómo Mercury llega a la banda nos damos cuenta que el resto del filme será acaronado.

Para ser una película musical, me parece penoso que sea una propuesta sin ritmo. Es una película apresurada y sin carga emocional. La primera parte se siente como si fuera “Action this day”, pasa rápido, no explica, no emociona, no conmueve, a decir verdad no aporta mucho al desarrollo ni al desenlace.

El resto de la película muestra de forma semilenta y poco creíble, cómo de la noche a la mañana sus icónicas canciones y su revolucionario sonido terminan en crisis cuando el estilo de vida de Mercury estuvo fuera de control, hasta su triunfal reunión en la víspera del Live Aid. No es un filme revelador. Es tímido e insulso.

Seguramente será una película que guste a un público menos exigente en materia fílmica. Dejará en la memoria lo impresionante que fue ver en una película a Malek haciéndola de Mercury en Wembley al grado de enchinar la piel. Pero cuando se pregunten de la historia, la de un personaje tan polémico como talentoso, y con tanta carga dramática en su vida, no recurran a la película… De verdad, es mejor Wikipedia.

Por un hijo: Una impactante y sensible historia sobre violencia doméstica

La primera película del francés Xavier Legrand no sólo es una recomendación semanal. Es una de las mejores películas del año. León de Plata al Mejor Director del 2017 en La Mostra de Venecia es más que merecida por la impactante forma de retratar uno de tantos casos de violencia doméstica, específicamente en el tema de la custodia compartida.

Myriam (Léa Drucker) y Antoine Besson (Denis Ménochet) ofrecen un par de actuaciones contundentes en los papeles de una pareja que se ha divorciado. Ella solicita la custodia exclusiva de su hijo Julien para protegerlo de un padre al que acusa de violento. Antoine defiende su caso como un padre despreciado, y la juez del caso sentencia a favor de la custodia compartida. Rehén del creciente conflicto entre sus padres, el joven Julien se ve empujado al límite.

Legrand ofrece excelencia no sólo en la contundencia de su guion, sino que utiliza con maestría el lenguaje cinematográfico para generar una tensión y expectativa constante; es un in crescendo de emociones traumáticas contadas de una forma tan sensible, que te hace pensar en cómo se crearon las memorias propias. Esa es la principal virtud del filme, su capacidad de representar en cine cómo se hacen las heridas emocionales y su nivel de profundidad: La capacidad de hacer sentir miedo que parece real.

La virtud también radica en su gran capacidad de utilizar los elementos que tiene a la mano. Apuesta todo por su historia y actores para perturbar. Utiliza la realidad en su favor y hace una película de terror psicológico disfrazado de un drama doméstico. Xavier Legrand es, desde ya, uno de los principales cineastas a seguir.