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La música como identidad

De madre costeña y padre istmeño, supo apreciar las chilenas y los sones, pero también a reconocer que lo tradicional es para compartirse


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Los eventos familiares, los concursos de canto y las celebraciones de la escuela fueron los foros en que Melina Marroquín se dio a conocer en Puerto Escondido, de donde es originaria. Eso fue a partir de los 12 años de edad. Sin embargo, desde pequeña cultivaba el gusto por la música, especialmente por los temas tradicionales de la chilena y del género ranchero.

Melina es una joven oaxaqueña que ha cantado en Bajos de Chila, Puerto Escondido, Pochutla, Colotepec, Ventanilla, la ciudad de Oaxaca y Tuxtepec, en su estado natal. Asimismo, ha llevado la música de su tierra a Veracruz, donde estudió Ciencias de la Comunicación.

Esto, de la música, se lo tomó más en serio a partir de los 12 años, cuando trabajó en la interpretación vocal y de la guitarra. Ya a los 13 años, y durante cinco años, tomó clases de canto con un tenor estadounidense afincado en Puerto.

A Melina, la música le ha acompañado 12 años, una expresión que en parte viene como herencia familiar, pues uno de sus tíos, Alberto Marroquín, compone chilenas y canta.

“Entre él y yo nos hemos dedicado más a la música. Aparte, tengo primos que cantan y tocan la guitarra, pero no se han dedicado a eso. A mí me gustó un poco más, le estuve buscando para ver dónde meterme y además he tenido el apoyo constante de mis padres, que es algo importante porque siempre me han estado acompañando”, cuenta la ahora radicada en la ciudad de Oaxaca.

Melina es comunicóloga, por la Universidad Veracruzana, pero siempre ha combinado sus dos pasiones. Incluso, mientras estudiaba, se acercó a otras formas de la música, como el son jarocho. Esto, junto con otros amigos que la invitaron a cantar, formar un grupo y aprender a tocar la jarana.

“Nunca había tocado o cantado el son jarocho, pero me gustaba, siempre me ha gustado la música tradicional. Se armó e grupo y me enseñaron a tocar la jarana, con el tiempo me invitaron a tocar en un grupo que se llama Tlacócotl y ahí estuve con ellos los últimos meses que estuve en Veracruz”.

Esa fue la ocasión en que estuvo con un grupo, lo demás ha sido como solista. No obstante, piensa que el estar junto a otras personas que tienen el mismo interés fue muy bueno, diferente y muy bonito.

“Grabamos un disco, en ese disco, Sones jarochos, se incluyó una chilena, El Naranjeño, que fue compuesta por mi tío Alberto Marroquín; se le hicieron los arreglos con violín, león, jarana y el marimbol”.

El Naranjeño alude a El Naranjo, el pueblo en que nacieron su madre y sus tíos, quienes a pesar de mudarse a Puerto Escondido “nunca olvidaron esa raíz, todo lo que ese pueblo les dio, porque ahí se criaron sus padres y es como un homenaje a esa tierra; es una chilena muy familiar”.

En Oaxaca, recién ha retomado las presentaciones y se le ha podido escuchar en El venadito, espacio cultural, sola o como invitada del cantautor Enrique Elorza.

Hija de madre costeña y padre istmeño, gusta de las chilenas y los sones, géneros musicales que no podían faltar en las fiestas y que considera esencial conservar, por ser “parte de nuestro estado y país, un punto fuerte en la identidad”.

Alguna vez, dice, le llamó la atención el rock, pero los gustos y las circunstancias la han llevado más por lo tradicional y ranchero.

Ese gusto e interés por impulsar lo propio es una labor que Melina reconoce en otras personas jóvenes, como los menores de La Encantadora Banda Chileña, de Bajos de Chila, que dirige el profesor Lucio Vásquez.

“Con ellos me he presentado en dos ocasiones en Ventanilla y en Chila. Son niños que realmente lo disfrutan, se ve que quieren estar ahí, tocar esa música; y eso me da más ánimos para seguir”.

Artistas como Uziel Luna, de Río Grande, también viene a su mente cuando de la música tradicional se trata, pues han dado su talento a expresiones que siempre han estado y que “sólo falta darle más promoción: que personas de otros estados conozcan la música oaxaqueña porque incluso personas de Oaxaca no conocemos del todo qué es lo que conforma nuestro acervo cultural”.

En la cuestión de los músicos, cree que la unión sería ideal para un proyecto grande con que se pueda dar a conocer la música tradicional en Oaxaca y otras partes del país.

Melina Marroquín, que empezó a acompañar su canto con la guitarra, lo ha hecho últimamente con la jarana para tocar las chilenas y el son istmeño. Por el momento, piensa en la posibilidad de grabar algo, pues todo lo cantado y tocado ha quedado en el momento.

Ella, que dice que de la música se vive porque el algo que da ánimos, “es un escape, una forma de expresión”, es también una expresión que busca transmitir a su hijo, compartirlo con otros niños y jóvenes, que aunque no canten o toquen “sepan que es la música de nuestra tierra”.