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Economía

Reforma fiscal de Trump lo beneficiaría personalmente

CIUDAD DE MÉXICO. Habría que remontarse a septiembre de 2013 para ver un desempeño mejor del S&P 500 (+3.0%). De modo que el auge de Wall Street ha continuado en…


CIUDAD DE MÉXICO.

Habría que remontarse a septiembre de 2013 para ver un desempeño mejor del S&P 500 (+3.0%). De modo que el auge de Wall Street ha continuado en septiembre sin importarle ni los devastadores huracanes que han asolado a Estados Unidos, ni las amenazas de guerra con Corea del Norte, ni los continuos desencuentros en Washington.

Y la razón del éxito de septiembre se debe en gran medida a las expectativas de que, ahora sí, se está trabajando en la reforma tributaria, ésa que va a aliviar los bolsillos de los ciudadanos, va a robustecer las arcas de las empresas y va a propiciar la repatriación de las utilidades de las grandes corporaciones estadunidenses en el extranjero.

Como se sabe, Donald Trump todavía no ha logrado sacar adelante ninguna iniciativa legislativa, ni siquiera la revocación del “Obamacare” después de varios intentos frustrados. Y ahora va con todo por la reforma fiscal.

Sin embargo, su propuesta vuelve a pecar de lo mismo de siempre: su cinismo. En el documento presentado el pasado miércoles, Trump vendió su reforma como una propuesta que simplifica el sistema impositivo y que sobre todo favorece a la clase media y a las pequeñas empresas, a quienes quiere dar mayores recursos para fortalecerlos.

Y aprovechó para lanzar su mensaje de buen samaritano: aunque esa reforma, como una de las grandes fortunas que es,  a él le costará personalmente mucho dinero, hará lo correcto por y para el pueblo. Ahora bien, a estas alturas es difícil creerle, más a quien se ha resistido a publicar su declaración de impuestos. Hasta la fecha, la Casa Blanca da la impresión de haber funcionado como una subsidiaria de The Trump Organization.

Sí es verdad que el sistema será simplificado. El impuesto sobre la renta de las personas físicas será reducido de siete tipos impositivos a sólo tres, de 12, 25 y 35%, si bien se desconoce a qué tramos de renta se aplicarán dichos tipos impositivos.

A su vez duplicó el monto sobre el que no se aplicará impuestos: los contribuyentes individuales estarán exentos de pagar impuestos en sus primeros 12 mil dólares y para los matrimonios hasta los 24 mil. Ahora bien, el proyecto propone eliminar casi todas las deducciones impositivas salvo los intereses de hipotecas de vivienda y las donaciones para causas caritativas, y además se suprimirán las deducciones para los impuestos estatales y locales.

LAS DOS CARAS…

Por tanto, hay dos noticias, una buena y una mala: te bajaré el tipo impositivo, pero te quitaré muchas de las deducciones que se están aplicando en la actualidad. ¿Cuál es el balance? No lo sabemos. El jefe de asesores económicos de la Casa Blanca, Gary Cohn, ha afirmado que “no puede garantizar” que las familias de clase media vayan a pagar, al final del día, menos impuestos bajo el nuevo esquema fiscal. Pero para el Centro de Políticas Tributarias de Estados Unidos (TPC por sus siglas en inglés), en un informe preliminar, saca una conclusión más contundente: el recorte de impuestos favorecerá a los más ricos.

Según sus cálculos, los ingresos después de impuestos de todos los contribuyentes estadunidenses aumentarán un 2.1% en promedio respecto a la situación actual, o tendrá algo así como mil 570 dólares más en el bolsillo. Si ordenamos los ingresos en quintiles, el más alto, el de mayores ingresos, verá cómo aumenta su ingreso después de impuestos en 8 mil 470 dólares, o 3.3 por ciento. Sin embargo, en el quintil más bajo, el incremento apenas será de 60 dólares, que supondría un mero incremento de 0.5% respecto a la situación actual. Si tomamos el tercer quintil como la clase media, sus ingresos mejorarán en 660 dólares, o 1.2 por ciento. Por tanto, el esquema parece más bien regresivo y la clase media, a ésa que según Trump quiere ayudar, no se verá tan beneficiada.

¿Y cómo le irá a Trump, a nuestro Robin Hood que tanto se sacrifica por las clases más desfavorecidas? El uno por ciento de los estadunidenses con mayores ingresos, ésos que hacen más de 730 mil dólares al año, lograrán que sus ingresos después de impuestos crezcan 8.5% respecto a la situación actual, lo que significa 129 mil 30 dólares más en sus cuentas bancarias. Más beneficiados aún será el exclusivo club del 0.1%, con un ahorro fiscal del 10.2 por ciento.

Pasemos al impuesto sobre las utilidades corporativas. Aquí la atención está puesta sobre las pequeñas empresas, esas compañías familiares o de propietario único, limitadas, cuyas utilidades se trasladan a los ingresos del propietario (entidades Pass-Through en inglés). Esas entidades constituyen el 95% de las 30 millones de empresas estadunidenses. A este universo pertenecen los restaurantes, las estéticas, las lavanderías o las pequeñas empresas manufactureras, pero también los despachos de abogados, los “hedge funds”, o las empresas dedicadas a bienes inmuebles como The Trump Organization.

Actualmente, esas entidades puede llegar a pagar 39.6% para las rentas más altas, por encima del tipo máximo que existe para las corporaciones en la actualidad (35%). La idea es reducirlo a un 25%, para adecuarlo a la nueva tasa de 20% que Trump propone en la reforma para las corporaciones. Los demócratas posiblemente apoyarán esta iniciativa si se refiriera a esas pequeñas empresas que crean empleos en el sector manufacturero o a los pequeños locales familiares, pero ¿a los “hedge funds” y a otras entidades de Wall Street? ¿Cómo se podría discriminar entre unas y otras? O el Congreso encuentra una solución o no será fácil encontrar el respaldo a esa medida que abre espacios a las grandes fortunas para sortear el pago de impuestos.

Pero además de que es regresivo en el impuesto sobre la renta y que ofrece vías de escape para las grandes fortunas de Wall Street, entre ellos a Trump, otro asunto que preocupa es la pérdida de ingresos. El estudio del TPC estima que las arcas del gobierno perderán 2.4 billones de dólares en los primeros diez años y 3.2 billones durante la segunda década. Y lo peor, que no está claro cómo Trump pretende compensar esos menores recursos para que el déficit no se amplíe: de una encuesta de Bloomberg entre 26 economistas, 21 estimaron que el déficit se elevará.

SENADO, LA CLAVE

Ahora el tema es ¿triunfará Trump, por fin, con esta propuesta? ¿Pasará la criba del Congreso o volverá a ser bloqueada? De nuevo la clave estará en el Senado: si los demócratas rechazan en bloque la propuesta, los republicanos sólo pueden perder dos senadores para aprobar cualquier ley. La cosa es que hay al menos seis senadores republicanos que reniegan de cualquier propuesta que signifique aumentar el déficit, y que han fruncido el ceño con la propuesta de Trump. Estos republicanos se preguntan: ¿para qué elevar el déficit y hacer una política fiscal expansiva si la economía crece bien y estamos en pleno empleo? ¿Para qué desajustar las cuentas y crear desequilibrios? Mucho trabajo queda por hacer. Pero de momento al mercado le ha gustado: Wall Street está en nuevos récords y sobre todo volaron las pequeñas empresas: el Russell 2000, donde cotizan las empresas de pequeña capitalización bursátil, se disparó en septiembre un 6.1% frente al 1.9% del S&P 500.