Calzada de las Lágrimas, la penitencia de los alcohólicos | El Imparcial de Oaxaca
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Calzada de las Lágrimas, la penitencia de los alcohólicos

La calzada es un ejemplo del equipamiento urbano porfirista y arteria imprescindible para la naciente colonia Reforma


Calzada de las Lágrimas, la penitencia de los alcohólicos | El Imparcial de Oaxaca
Carros de aquella época circulando por la calzada.

Las obras de ingeniería civil, arquitectura urbana han costado a las y los oaxaqueños, en algunos periodos, sangre, sudor y lágrimas. Pero la edificación de la calzada Porfirio Díaz está entre las recordadas por los sinsabores que causó a algunos oaxaqueños al grado de ser conocida, en la época de su construcción, 1894, como Calzada de Las Lágrimas y esto tiene su historia, mucho más chispeante que triste.

El grueso del periodo del Porfiriato, cuando el Soldado de la Nación, Porfirio Díaz Mori, fungió como gobernador de Oaxaca en 1881, y siendo presidente de la República, la ciudad de Oaxaca experimentó un auge en construcciones y se abrió paso a la modernidad, narra el cronista de la ciudad, Jorge Bueno Sánchez.

Estaba en auge la influencia arquitectónica francesa, impulsada desde altas esferas del Porfiriato. Guardadas las distancias, con la calzada Porfirio Díaz se busca tomar como modelo las amplias avenidas o bulevares europeos, principalmente parisinos.

No sería aventurado que, así como Tlaxiaco se constituye en el París Chiquito, la avenida al norte de la ciudad busque convertirse en un pequeño Paseo de la Reforma, aquí las razones:

En el libro La ciudad de Oaxaca y su arquitectura porfiriana, escrito por Sergio Spíndola, en 2016, da cuenta que “esta calzada se erigió con la finalidad de servir como paseo para los ciudadanos, quienes lo hacían en sus carruajes, sobre todo los días domingos. Vendría a representar un nuevo concepto urbano de vialidad para la ciudad de Oaxaca, siendo, en cierta medida, producto de la influencia francesa de aquella época”.

Tiene una influencia arquitectónica francesa.

Tanto Spíndola como Bueno Sánchez y el escritor Carlos Filio coinciden en señalar que el nombre de Calzada de las Lágrimas se desprendió de la picaresca popular, pues la mano de obra usada fue abastecida a partir de una campaña antialcohólica emprendida por el entonces gobernador, Martín González, (1894–1902).

De acuerdo con la norma de entre siglos: “cuanto ebrio fuera detenido por la policía, era obligado a trabajar como mano de obra en la construcción de dicha vialidad, sin distinción de clases sociales o situación económica. El penoso y severo castigo causaba el llanto, principalmente en los deudos de los forzados, razón, pues, por la que le dio este nombre”, señala, Jorge Fernando Iturribarría, en Oaxaca en la Historia. De la época precolombina a los tiempos actuales, y es retomada en el Pequeño Diccionario Enciclopédico de Oaxaca, del exgobernador Manuel Zárate Aquino.

La construcción de la Calzada de las Lágrimas se debe a la iniciativa del jefe político del Centro, Prisciliano Benítez, y es apoyada por Martín González, gobernador: “malmodiento y gruñón con los forzados alarifes, como chuleador impenitente de las mocitas madrugadoras”, esboza en Estampas Oaxaqueñas, de 1926, Carlos Filio Barzalobre.

En la zona había un pequeño camino que nadie quería transitar. “Los llanos de Aguilera y los del Campo de Marte eran imposible caminar en la temporada de lluvias; en los días de largas sequías, de abril y mayo, eran abundantes las nubes de polvo”.

A los infractores se les imponía una multa de 20 días de trabajos bajo el sol inclemente, en el camino yermo y polvoriento; sanción que muchas veces fue duplicada por el entonces jefe policiaco “causando dolor y lágrimas”. El nuevo camino facilitaría el acceso al pujante pueblito de San Felipe; el trazo inicia a través de un puente que pasaba sobre el Río de Jalatlaco. Lo que hoy es exactamente el crucero de la gasolinera de Fonapas y a escasos metros, hacia el sur, del templo de Guadalupe y el Paseo Juárez El Llano, para concluir frente al frontispicio de la hacienda Aguilera, hoy Facultad de Medicina de la UABJO.

En el trayecto se erigió un monumento en honor del hombre del “Héroe de la paz”, Porfirio Díaz, de ahí el nombre oficial. “El monumento referido se trata de un obelisco de cantera rosada que termina en forma piramidal; en su primer cuerpo o dado se colocó un busto adosado del general Díaz, cuyo autor fue el escultor Ernesto Scheleske”.  En el cruce de Calzada Porfirio Díaz y Escuela Naval Militar se ubicó una fuente circular de hierro colado con tres vertederos y de una decoración de tipo clásica, dice Sergio Spíndola.

El obelisco de cantera rosa dedicado a Porfirio Díaz.

Escarmiento de clérigos

Filio Barzalobre da cuenta de un inusitado castigo, sobre todo por los personajes implicados: “Por aquellos tiempos vivieron en Oaxaca algunos presbíteros que, por su vida poco edificante, estaban al margen de la curia, por orden del arzobispo Eulogio Gregorio Gillow”. Relata que ninguna autoridad civil había osado molestarlos “sucedió que a la primera guarapeta que se pusieron los presbíteros, sus paternidades fueron a dar al bote y sin miramientos ni circunloquios cayeron clavados en los trabajos de la calzada. Cargaron el palo del barril del agua, sudaron bajo los rayos del sol y pasaron entre filas a mañana y tarde, de la prisión a la calzada”.

Hay imágenes de la época, del reluciente puente sobre el Río Jalatlaco y un hombre vestido de paisano pisa la reluciente avenida.

La Calzada Porfirio Díaz, construida con lágrimas, hizo posible el tránsito hacia la parte norte, facilitó la urbanización de lo que sería una colonia ejemplar en medio de un entorno libre y campestre: “se iría poblando con las construcciones modernas propias de los albores del siglo XX, las cuales constituyen lo que sería la llamada colonia Reforma”, que representó la expansión hacia el norte de la naciente urbe.