“El arte tiene que ser un cambio social”: Miriam Ladrón de Guevara | El Imparcial de Oaxaca
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“El arte tiene que ser un cambio social”: Miriam Ladrón de Guevara

Una de las cosas de la cultura es que tiene altos grados de ética en sus acciones, por eso el arte es un valor importante de la sociedad


“El arte tiene que ser  un cambio social”: Miriam Ladrón de Guevara | El Imparcial de Oaxaca

Cuando Miriam Ladrón de Guevara mira hacia su pasado le es inevitable pensar en el que conoció de la plástica en Oaxaca. Los cambios en uno y otro no siempre son los esperados. Aunque a más de 30 años de radicar en este estado su identidad está ligada a él y ya es aceptada en la comunidad, pensar en la presencia de mujeres en las artes sigue siendo un constante cuestionamiento. Como hace tres décadas, la inclusión de ellas y sus compañeras sigue siendo mínima, explica, a pesar de que hay varias colectivas. Y en la que es cofundadora están al menos 60. Miriam habla de esto y otros temas en esta entrevista, en la que rememora su vida y quehacer.

Miriam se formó como psicóloga con especialidad en arteterapia, pero dejó esa profesión para enfocarse en la creación. Originaria de Coyoacán, Ciudad de México, ha pasado la mayor parte de su vida en Oaxaca, el estado al que llegó inicialmente en un viaje con su amiga venezolana. Después estuvo entre este lugar y la capital del país. Finalmente, luego de vivir cinco años en Colombia y formar una familia, regresó a Oaxaca, en donde se instaló con sus dos hijos. A su veintitantos, se convirtió en una “oaxaqueña por decisión”.

¿Qué la hizo quedarse en este estado?

—Fue todo; la gente. En ese momento, yo estaba como psicóloga en la Sierra y para mí fue muy impresionante el contacto con la naturaleza, con la comunidad, me enriqueció tantísimo que ya no me quise regresar.

¿Hubo algún acercamiento con artistas del estado o instituciones?

—No. En esa época era más difícil, al no ser de Oaxaca, ser aceptada en la comunidad de artistas. Incluso fui a algunas galerías y lo primero que me preguntaban, antes de ver mi trabajo, era: “¿de dónde eres?” Les decía que soy de la Ciudad de México y me respondían: “no, esto es para artistas oaxaqueños”. Ahora es otra cosa, pero hace 30 años no era tan fácil. La única galería que me abrió las puertas porque era una canadiense la que estaba a cargo, Mary Jane Garnier, fue La Mano Mágica. Al principio fue difícil y ahora es un panorama más abierto. No sé si por ser mujer, pero sí por ser chilanga, era de “no, gracias”. Se sentía feo la discriminación porque no me siento chilanga, me siento oaxaqueña. 

¿Qué la hace sentirse oaxaqueña y querer estar aquí?

—30 años de estar aquí y ser plenamente feliz. Cuando regresé de Colombia, estuve un mes en Ciudad de México y me dije que no era posible que mis hijos tengan que vivir ahí, crecer en esa ciudad que la verdad no está chida.

¿Por la contaminación?

—Por la contaminación, las distancias. Era todo caótico y muy poco tiempo para estar con ellos porque entre que buscas de qué trabajas, qué haces, sales y regresas, recoges a los hijos de la escuela. Era como que lleguen a la casa, bañarlos, acostarlos y volverlos a llevar al día siguiente.Cuando regresé de Colombia empecé a hablarles a mis amigas y amigos en México para decirles que regresé y vinieran a verme me decían: “estoy ocupado, tengo trabajo, no puedo”. Y amigas de Oaxaca fueron a verme a México y me decían que me viniera a Oaxaca. Agarré a mi hija y mi hijo y me vine. Empecé a dar talleres en Brenamiel, a vender obra y a moverme en ese círculo.

También ha estado en el activismo, solidarizándose con compañeros o en cuestiones de responsabilidad social, ¿qué le ha significado el arte?

—Pienso que el arte no tiene que ser simplemente estético sino tener una razón de cambio social. Y a veces no lo digo tanto con el trabajo (las piezas) o si lo logre traducir tal cual, pero me parece una responsabilidad el poder ser la voz de quien no la tiene. Soy vegana, entonces hablo por los animales; soy fundadora del grupo ARMO (Arte Mujer Oaxaca) junto con otras compañeras justo para visibilizar el trabajo de las mujeres porque siempre nos dicen que no hay mujeres en el arte. 

Cuestionarse por qué las curadurías tienen a pocas mujeres ha sido esencial para Miriam, quien remarca que son muchas las que están en las artes, a pesar de que siempre se proyecte a los hombres. No se trata de incluirlas por una cuota de género, aclara, sino porque “realmente hay trabajos con muy buena calidad”. Y eso, ahonda, ha sido el eje de ARMO, la colectiva que cofundó en marzo de 2019.

“Tenemos curaduría, no metemos cualquier trabajo en las exposiciones”, cuenta quien desde su trabajo ha consolidado una propuesta basada en la conciencia ambiental, con el reciclaje, y en la fortaleza de las mujeres. Varias de sus esculturas e instalaciones representan a mujeres “en equilibrio”, con “la vida entre las manos” para llegar a sus metas.

¿De qué manera ha impactado la pandemia en ese esfuerzo por impulsar el quehacer?

—Implicó un paro total porque teníamos exposiciones programadas para Chicago: una en la UNAM y otra en el Consulado. La obra está allá, pero estamos esperando que nos den luz verde. También teníamos la exposición que acabábamos de inaugurar con las ceramistas de Tlapazola en el MEAPO (Museo Estatal de Arte Popular Oaxaca). Tuvimos algunas exposiciones pequeñas e hicimos algo para apoyar al Fondo para becas Guadalupe Musalem. También, en nuestro segundo aniversario, presentamos escultura blanda en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), pero luego llegaron los “amigos”, que más bien son enemigos del museo y cerraron arbitrariamente la exposición. Se quedaron con nuestra obra más de tres meses y nos la regresaron en mal estado.

Usted se ha solidarizado con la protesta de los trabajadores del MACO, ¿cómo observa la postura de la llamada comunidad artística de Oaxaca frente al conflicto?

—Siento que no ha habido respuesta de la comunidad, como que no les ha importado.

¿No percibe solidaridad o empatía?

—No hay empatía. Hemos sido muy pocas las personas que hemos ido a apoyar. Me parece que por ética porque la ética tiene que ver mucho, ya que (los patrones) están actuando de una manera arbitraria y en contra de la ley: sacar al trabajador en la noche a empujones y tirarlo en la calle no es la mejor manera de hacer las cosas. Hay leyes… Una de las cosas de la cultura es que tiene altos grados de ética en sus acciones, por eso el arte es un valor importante de la sociedad porque representa valores éticos, no solamente estéticos. Tiene que haber muchas cosas con el arte, no solo es decoración. El arte tiene que ser un cambio social también.