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“El contacto físico es inclusive más fundamental que la literatura”: Mayra Santos-Febres

“Son pocos y dispersos los aguaceros que mojan a una mujer soltera, madre de dos hijos; pocas y dispersas las caricias que recibe una mujer con dos divorcios encima, sin…


“El contacto físico es inclusive más fundamental que la literatura”: Mayra Santos-Febres | El Imparcial de Oaxaca

“Son pocos y dispersos los aguaceros que mojan a una mujer soltera, madre de dos hijos; pocas y dispersas las caricias que recibe una mujer con dos divorcios encima, sin ganas de vivir con otro hombre, pero perpetuamente enamorada de quimeras” con aquellas palabras la escritora Mayra Santos-Febres (Puerto Rico, 1966) desnuda su alma en las páginas de Antes que llegue la luz (Planeta/2021) su más reciente novela, que ha escrito alejada de toda pretensión literaria que anteriormente pudo haberle rondado, pues luego del huracán María, que azotó Puerto Rico en 2017, pudo verse a sí misma alejada de toda clase de privilegios. Por su condición de escritora, se vio luchando por sobrevivir fuera de la esfera de cristal proporcionada por el saber y los libros; entonces comprendió que la literatura es el testimonio del amor generado del contacto físico cercano con la gente y plasmó las querellas de su ciudad en esta novela plural donde entran las voces y los sentimientos de toda esa gente anónima con quien intercambió momentos de vida tras el desastroso huracán:

Durante toda la novela se refiere a usted como la escritora, como si Mayra Santos Febres fuera una persona ajena y no quien está narrando la historia ¿Por qué?

—Bueno lo que pasa es que hay una relación muy extraña entre uno cuando es un ser humano y las cosas que hace y cómo son percibidas. Sí hay una persona que se llama Mayra Santos-Febres que es escritora, pero aquí (en el libro) está la mamá, está la mujer que está enamorada de un hombre que no le hace caso, aquí está la amiga, la prima, está la directora de festivales. Es como si la escritora estuviera bien lejos y desde el lente se acerca, porque la escritura toma otro significado en medio del hecatombe y eso es algo con lo que yo quería trabajar, el cómo se desnuda esa misma función asumida de lo que es una escritora, como la persona tiene que abandonar todas sus poses sociales para poder sobrevivir y además sobrecogida por la experiencia.

¿Qué tanto jugamos como individuos con las poses sociales?

—Yo creo que las poses sociales son caretas, caras encima de caras, capas encima de capas, pero esas capas se agrietan, entonces para bregar con lo social es casi imposible andar por ahí siendo exactamente uno, porque no hay un yo, lo que hay son relaciones que van creando toda una serie de interacciones y cambiando la definición de quién es uno, yo no creo que exista un yo real, lo que creo es que existen muchas interacciones que van creando un yo que cambia. Por ejemplo, si tuviese que escribir esta novela ahora durante la pandemia, tres o cuatro años después, yo no la podría escribir, porque yo ya soy otra persona, por dentro o por fuero ya hay cosas que me rodean y que son diferentes; la literatura es un testimonio de esos momentos en que nos escondemos detrás de otros personajes, pero en esta novela yo no pude.

¿Entonces antes del huracán había otra versión distinta de Mayra Santos-Febres?

—Siempre hay otra; yo no sé quién soy la mayoría de veces. Cada mañana me levanto con una nueva pregunta de cómo me puedo conocer, pero sí había otra, una mujer más interesada en escribir literatura histórica, en el oficio, la filigrana de la escritura —hace una pausa y comienza a señalarme sus libreros que se alcanzan a ver en la videollamada— aquí estaba encerrada en ese castillo de cristal y de repente se convierte en la terraza de los huracanes, los libros no me sirvieron para nada, más que para acompañarme en las noches vigilando que no entraran, que no se inundara, que no entraran ratones, que llegara la luz.

Me llama la atención que me dice “aquí pasó la novela” ¿Cuándo camina por su casa qué recuerda de esos momentos?

—Bueno veo un cambio, ojalá todos fuéramos naturaleza, los árboles que no tenían una sola hoja han reverdecido, la playa tiene otra constitución, pero es como si no hubiese pasado nada. La gente no, como no hemos terminado de pasar la crisis y justo después la pandemia, entonces los seres humanos estamos cansados de este trote, pero eso me alegra porque me he liberado de muchas cosas. Y mi literatura se ha convertido en otra cosa, en algo artesanal mío, ya sin tanta preocupación de si lo van a leer, si va a vender bien o mal, si llega o no llega, yo lo que quiero es escribir.

¿A parte de la escritura qué otras cosas son esenciales en su vida para sobrevivir?

—El amor, el amor a mi comunidad, a mis hijos, a los amigos. Recuerdo que después del huracán nos encontrábamos las personas en la calle casi así asombrados de que hubiésemos sobrevivido, y lo primero que hacíamos —extraños— era abrazarnos y ahora en la pandemia, después de que me puse la vacuna, lo primero que hice fue salir a la calle a abrazar gente (risas). Esa necesidad de amor y de contacto físico cercano con la gente me parece que es más fundamental, inclusive que la literatura, de hecho, la literatura es testimonio de ese amor. Está bien saber, está bien leer, yo amo saber, pero eso ya no me define, no creo que deba de ser una definición tan protagónica. Hemos aprendido que lo que nos puede salvar la vida es la persona de al frente, ahí es donde está la luz.

En la novela narra cómo la gente en la calle le decía “toma nota escritora, escriba esto” ¿Qué significó esto para usted?

—Al principio me daba mucho miedo, lloré muchas veces porque cómo iba yo una voz tan pequeña entre tanto desastre a contar esto, pero creí en ese mandato que me decían tantas veces en la calle “escriba, escritora” porque yo soy muy pública por obvias razones: soy mujer, soy afrodescendiente e insisto en que la presencia de gente como yo sea valorada, pero como que se me había subido un poco a la cabeza y la gente que me había estado viendo me reclama “tú no eras la que aparecía en la tele”, “tú no eres la que dice que tenemos que leer y que escribir ¡Pues escribe!” entonces se me viró la tortilla y… lo hice.

@UrieldeJesús02