¡Gracias, Rosa Montero! | El Imparcial de Oaxaca
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Arte y Cultura

¡Gracias, Rosa Montero!

Quizá en aquellas tardes en las que mi madre me leía cuando yo era un niño, comencé a creer en la magia de la palabra escrita, y a lo largo…


¡Gracias, Rosa Montero! | El Imparcial de Oaxaca

Quizá en aquellas tardes en las que mi madre me leía cuando yo era un niño, comencé a creer en la magia de la palabra escrita, y a lo largo de mi vida he refrendado una y otra vez esa creencia. Incluso he llegado a pensar que son sabios instrumentos que llegan a ti en el momento en el que lo necesitas, ya sea porque los descubres por ahí entre tus pertenencias, te los obsequian o los compras en una librería, pero parece que saben las palabras que necesitamos en ese momento ¿No les ha pasado que de repente comienzan un libro y se identifican tanto que pareciera que el libro los entiende? A mí sí, en una y otra y otra ocasión. 

Hace algunos años atravesaba por una crisis emocional y una sensación de vacío me perseguía cual sombra reflejada; tenía todo lo necesario para salir de ahí y sin embargo el vacío ahí seguía, cada vez más profundo, no me dejaba… hasta que un día recorriendo la vieja librería, cuyos pasillos sé ya de memoria, me encontré con La carne, de Rosa Montero. Llamó de inmediato mi atención y junto con otro de sus libros, Las dictadoras, salí apaciguado de esa librería.

Leerlo me salvó en ese momento, la historia de Soledad y su incesante necesidad de amar fue una luz en ese momento de mi vida. Rosa Montero me ha hecho volver a creer en la palabra, en lo estimulante que puede resultar vivir otras vidas en la ficción y en lo productivo que esto puede ser para arreglar aspectos de la vida propia. 

Desde entonces me he declarado lector y admirador de la escritora española, cuyos textos disfruto semana a semana en la versión digital de El País y cuyas entrevistas me parecen de tan buena hechura que para mí Rosa Montero es como la Oriana Fallaci de mi época, en ella he inspirado mucho de la forma en que yo entrevisto. 

Y a finales del año pasado, con el corazón roto por el fin de una relación que fue de suma importancia para mí, apareció La buena suerte, la más reciente novela de Rosa. Vi tanto mi vida en aquella relación de Raluca y compadecí tanto a su personaje de Pablo Hernando, que me permitió entender el porqué de muchas cosas y nuevamente la escritura luminosa de Montero me salvó. 

Este libro fue también excusa para poder acercarme vía correo electrónico a esta mujer española que tantas veces, sin conocernos, ha influido en mí y así, gracias a su enorme amabilidad, pude entrevistarla en una llamada telefónica: yo en Oaxaca; ella, en Madrid. Nuevamente el milagro de la palabra se refrendó ante mí y se entregó desinteresadamente como yo me entrego a los libros y como ellos se entregan a mí. 

En esa conversación le exprese a Rosa Montero la admiración que siento por su obra y su trabajo como entrevistadora, le dije que algún día iría a España a comprar su libro El arte de la entrevista-40 años de preguntas y respuestas, y ella con su voz de eco y su desbordante amabilidad, se ofreció a mandarme el libro… No lo creía y hace un par de días –luego de algunos meses de la mencionada charla– llegó un paquete a mi puerta enviado desde la capital española. Al mirar al remitente vi desbordando de emoción que ¡era enviado por Rosa Montero! Y cuando lo abrí encontré la siguiente dedicatoria: “Para Uriel que es un encanto, este puñado de palabras. Besos enormes. Rosa Montero. 2020”.

Aún no lo creo… miro el libro, lo abro, lo comienzo a leer y sigue pareciendo un sueño, no puedo más que agradecerle infinitamente a Rosa Montero ¡Gracias, gracias, gracias!