No se debe intentar vivir de lo que se escribe: Rosa Montero | El Imparcial de Oaxaca
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No se debe intentar vivir de lo que se escribe: Rosa Montero

Continuamos, ahora, con la segunda entrega de esta charla en la que Montero reflexiona sobre aspectos de su vida y el periodismo


No se debe intentar vivir de lo que se escribe: Rosa Montero | El Imparcial de Oaxaca
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Segunda Parte

Títulos como Crónica del desamor (1979) La hija del caníbal (1997), La loca de la casa (2003), La carne (2016) y La buena suerte (2020) han consagrado a Rosa Montero (Madrid, España, 1951) como una de las mejores novelistas del español en la actualidad. Continuamos, ahora, con la segunda entrega de esta charla en la que Montero reflexiona sobre aspectos de su vida y el periodismo: 

Muchos escritores han estado enfermos de pequeños y eso los acercó a la literatura ¿Pasó así con Rosa Montero? 

Creo que no, porque yo escribía antes, me puse enferma (tuberculosis) a los 5 años y estuve hasta los 9 sin ir al colegio. Mi historia es muy complicada, casi como de diván de psicoanalista; más bien creo que la enfermedad y la escritura responden al mismo estímulo, son dos respuestas a algo que pasó en la infancia, por un lado me enfermé y por otro busqué ese reducto o protección con la escritura. 

Y cree que gracias a esos años que pasó sin ir al colegio, Rosa Montero es tan social y hace tantos amigos en las ferias de libro, en las redes y con sus lectores…

(Risas) ¡Ay eres muy perspicaz, Uriel! No lo había pensado, pero es posible, aunque creo que también hay una característica de base, porque antes de ponerme enferma fui tres meses al colegio; a los cinco años comencé a ir al Liceo Francés, estuve el primer trimestre del curso —porque en España empiezan en septiembre— y en diciembre ya me puse enferma, ¡y ya tenía montones de amigas! Desde ahí era ya muy sociable, creo que hay una cosa ahí natural de la construcción de la personalidad. Siempre me ha gustado la gente, he sido muy empática desde muy pequeñita. Es posible lo que dices, porque viví una infancia como de confinada; ahora dicen que los niños no pueden estar confinados, yo estuve 4 años y no lo recuerdo como un trauma. 

¡Tan chiquita empezó a escribir! ¿En qué momento supo que ahí estaba su destino?

¡Ah no! eso no lo supe nunca, yo sabía que escribía y que necesitaba escribir. La mayor parte de los novelistas hemos empezado a escribir desde niños. Pero también sabía que la escritura de ficción no podía ser una profesión, porque de verdad, cuando doy clases de escritura creativa lo digo “Se puede, no se debe intentar vivir de lo que se escribe en ficción” tienes que buscarte otra manera de ingresar dinero, tras vivir de otra cosa, yo he vivido del periodismo, pero la ficción debe quedarse ¡Porque es tú vida! más allá de la profesión, yo sabía que iba a escribir y sabía que iba a intentar publicar en algún momento y esperaba publicar; lo que pasa es que tampoco esperaba que iba a tener éxito, tampoco me lo planteaba, y estoy feliz por eso. 

¿Y no es abrumador no esperar nada y de repente darse cuenta que es una de las escritoras más conocidas y con más lectores del idioma español? 

Ahora no es abrumador es conmovedor, y me siento totalmente en deuda. Lo que fue abrumador fue volverme famosa al principio —antes incluso de escribir novelas— cuando triunfó El País que salió después de la muerte de nuestro dictador (Francisco Franco), como representaba a una nueva España, tuvo un éxito brutal y de la noche a la mañana nos llevó a triunfar a una serie de periodistas jovencísimos que ahí trabajábamos; yo me hice famosa como la Coca-Cola con 25 o 26 años, y eso sí que fue muy abrumador, eso de la fama es como un juego de espejos porque obviamente marea. Con la fama primero vino una ola de amor, donde todo el mundo parece que te quiere y a ti te inquieta mucho porque no quieres que te dejen de querer y tampoco sabes por qué te quieren; luego viene una ola de odio que es exactamente igual de arbitraria que la del amor. De hecho acepté ser redactora jefa del suplemento dominical ¡para dejar de firmar, para dejar de hacer artículos! Porque yo quería que la gente me olvidara ¡de verdad! y menos mal que no me olvidó, porque es mejor que no te olvide la gente (risas), pero en ese entonces quería genuinamente que la gente me olvidara porque estaba agobiada y angustiada. Ya después lo coloqué, te estoy hablando de hace más de 40 años, entonces ya lo tengo súper colocado y vivo como si no me conociera nadie en realidad, pero con esa gratitud a la gente. 

Y como con la Coca-Cola también nos volvemos adictos a Rosa Montero…

(Risas) ¡Muchas gracias, cariño! No, no, no (risas). 

Usted estudió también Psicología ¿Por qué empezó la carrera y por qué la dejó? 

La dejé en cuarto ciclo. Escogí psicología porque pensaba que estaba loca, que es por lo que hacen psicología o psiquiatría la mayor parte, el 98 % de los psicólogos y de los psiquiatras (risas). Tenía ataques de ansiedad, de angustia, agorafobia, tuve ataques como una temporada primera a los 16 años y duró una época como de un año y medio; luego tuve otra época como a los 21 y la última cerca de los 30, y desde entonces no he vuelto a tener. Dejé la carrera en cuarto porque ya sabía que lo que me pasaba era como la gripe de las enfermedades mentales, de lo más común. También estaba estudiando periodismo y trabajando como periodista, porque necesitaba el dinero y empecé a trabajar con 19 años, cuando terminé mi primer curso de carrera y bueno hacía otras cosas… me gustaba el teatro, era una mala actriz pero era divertidísimo.

¿Recuerda la primera entrevista que hizo? 

Sí, terminé el primer curso de periodismo, pedí prácticas y me fui a hacer prácticas en un periódico local que se llama Información; yo soy de Madrid, pero me fui a Alicante que está en la Costa del sol. Llegué ahí y el primer día me dijeron “Oye que viene un cantante, que ha ganado un festival y que viene actuar, vete al aeropuerto” entonces se acostumbraba a esperar a los famosos que venían, les hacías dos, tres preguntas en el mismo aeropuerto y ya está, ¿Y sabes quién era ese cantante? 

¿Quién?

¡Julio Iglesias! (risas) 

¡Wow!

Sí, a mí nunca me ha gustado Julio Iglesias, y claro que era famosísimo, pero me acuerdo que llegué y le dije “Es mi primera entrevista” y me dijo “Uy que mona” muy cursi siempre pero amable, y ya no sé qué tontería le pregunté y esa fue la primera entrevista, lo primero que hice más bien.

¿Qué considera que son las bases para hacer una buena entrevista? 

Lo esencial aparte de documentarse muchísimo es tener auténtica y genuina curiosidad por el personaje, intentar quitarse los prejuicios y las ideas preconcebidas lo más posible, intentar escuchar y tener esa genuina curiosidad para rascar la coraza pública que todos llevamos y tocar lo que hay debajo. Nunca se debería preguntar una sola pregunta cuya respuesta no te interese saber, es una perogrullada, pero te sorprendería, Uriel la cantidad de veces que no hacen esto los periodistas, y te lo digo porque a mí me llevan entrevistando cuarenta y pico de años y hay cantidad de veces que entrevistan y que tú ves que no te están escuchando porque están preparando la siguiente pregunta ¡es ridículo, vamos! entonces nunca se debería de hacer una pregunta cuya respuesta no te interese saber.