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Entra al arte conceptual desde su identidad

En Habitar, la creadora reúne cinco piezas hechas con técnicas de talabartería, del textil y del teñido natural


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Texturas, las que a través del tacto u otros sentidos pueden evocar los recuerdos de la infancia, del lugar de origen y demás momentos de la vida, son la apuesta de Adriana Monterrubio en su “debut” en el arte conceptual. Originaria de San Pedro Pochutla, en la región Costa de Oaxaca, reúne en su exposición Habitar, la experiencia artesanal y artística de seis años, y su identidad.

Adriana, que se niega a encasillarse como artesana o artista, prefiere definirse como “un híbrido”, como una persona que ha aprendido la talabartería y de ahí impulsado un trabajo “más personalizado”. Ella, que “venía desarrollando objetos utilitarios” en ámbitos como el interiorismo y la joyería, incursiona en el arte conceptual”.

La muestra es una especie de recopilación de sus memorias, pero también un paso más en su carrera, lo que le faltaba. “Hacía dibujos en formatos grandes, pero todavía no encontraba el punto para explotar el volumen, la escultura”, ahonda la autora que identifica parte de su obra como escultura en cuero.

Con ixtle, cuero, plumas, hilos y pigmentos naturales, comparte desde hace unas semanas la exposición que resultó de una residencia artística. Esta fue apoyada por la iniciativa Poco a Poco, que hace un tiempo se enfocaba en artistas extranjeros residentes en el estado. Adriana es de las primeras oaxaqueñas seleccionadas en la más reciente convocatoria de becas.

Y a partir de ese respaldo generó cinco esculturas durante mes y medio de trabajo. El trabajo fue a contra reloj y requirió de esfuerzos extras, ya que iba a la par de la demanda diaria de su taller de talabartería.

Sin embargo, resultó en una gran satisfacción para su autora, quien no solo recogió sus memorias sino el pensar colectivo de su región y comunidad natal. Ya sea a través del azul del mar o la espuma de este al tocar la arena, en la pieza titulada “Olor a mar”. O de las creencias de su pueblo al mirar un fenómeno solar, como se observa en “Casa de sol”.

“La gente lo relaciona como un mensaje de si es tiempo de sembrar, va a haber eclipse o va a sembrar; son esas cosas de la conexión de la gente con la naturaleza”, agrega Monterrubio. Otras esculturas de la muestra se remiten a las tradiciones textiles de su región o de otras artes y aprendizajes.

Una de ellas es un telar de cintura que reúne hilos, plumas de cuervo, madera, fibras vegetales y cuero. Esta evoca el trabajo de las mujeres tejedoras y la idea de un esfuerzo que da la sensación de que la espalda se abre al manipular los “machetes” de madera.

Habitar se expone en el número 415 de la calle Allende, en la capital del estado. En dos salas, Adriana comparte una obra que alude a los juegos de luces, las texturas, los olores y las formas, pero al mismo tiempo sus memorias y experiencias.

“Quise que fuera como una carta de presentación de Adriana”, reconoce la autora que con Habitar se adentra en el arte conceptual, pero de la que quiso que las personas conocieran sus “entrañas”. La muestra seguirá al menos hasta los últimos días de noviembre y se puede visitar bajo cita, debido a las condiciones que se viven por el Covid-19. Para ello se puede contactar a la autora a través de Facebook o Instagram.