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El amaranto: de cultivo erradicado a cultivo reintroducido

En su séptima edición, el festejo a esta semilla incluirá la realización del mole oaxaqueño más grande del mundo hecho con amaranto


En la Época Prehispánica, el amaranto era consumido en forma de tzoallis, un alimento que consiste en harina de esta semilla mezclada con miel de agave y masa de maíz, y cubierta con amaranto reventado. La semilla y planta de este nombre eran muy importantes en las culturas de lo que ahora es México, como lo ha descrito el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Incluso, la existencia y valor de lo que en náhuatl se conoce como huautli, llevó a considerar una trilogía de semillas: maíz-amaranto-frijol.

“Muchos de los pueblos de alrededor de Tenochtitlán (antes de la Colonia), tributaban en esos tres cultivos. Hoy en día podemos ver en el Códice Florentino dibujos de trojes que están divididas en su sección de maíz, de frijol y amaranto”, narra Mauricio del Villar, director de economía social de Puente a la Salud Comunitaria, asociación que desde 2003 intenta reintroducir este cultivo a Oaxaca y con ello enfrentar la desnutrición.

Este sábado 6 de octubre, en el marco del Día Mundial de la Alimentación (que se celebra el 16 de este mes), Puente y las Redes Regionales de Amaranto de los Valles Centrales y la Mixteca celebran la séptima edición del Día del Amaranto. También, 15 años de colaboración con las comunidades del estado.

Para la conmemoración se ha organizado un programa con conferencias a cargo de: Grimaldo Rengifo Vásquez, de Vía Campesina (Perú), Adelita San Vicente, de Semillas de Vida, y Marcos Leyva, de Educa Oaxaca.

En torno a ese festejo, Del Villar recuerda la labor de las co-fundoras de Puente (Kate Seely y Katherine Lorenz), quienes “vieron el amaranto como un cultivo potencial que pudiera subsanar” el problema de la desnutrición y para ello lo comenzaron a introducir por medio de talleres, pues en esa época no se sembraba.

“Estamos hablando casi de reintroducir un alimento que no es ajeno a la cultura, porque existía, lo que pasa es que hubo un hueco muy grande donde se perdió”, explica Mauricio sobre la historia de la semilla que incluso tiene que ver con el tributo de varios pueblos alrededor de Tenochtitlán.

“Igualmente, está muy ligado a las ceremonias espirituales que tenían los pueblos y prueba de ellos son los tzoallis, que eran figuras hechas de amaranto con miel de agave, que se mezclaban. Ellos hacían sus deidades de los tzoallis, los ofrecían y se los comían”.

Quizá, añade Del Villar, ese uso ceremonial, que se asemeja a la eucaristía, tuvo que ver en la prohibición del cultivo y consumo del amaranto.

Ahora, explica, a Puente le “da mucho gusto porque los productores, transformadores y consumidores sí le dan ese valor histórico” a la semilla, lo cual no ocurre con “cultivos de moda”.

Como en ocasiones pasadas, en las que se ha buscado revalorar al cultivo y semilla, la asociación busca ligar el festejo con un alimento tradicional de Oaxaca. Si antes fueron la alegría, la tlayuda y el tejate, ahora toca el turno al mole oaxaqueño más grande del mundo hecho con amaranto.

La música también se suma a la celebración, por parte de la Banda Regional Mixe y Paulina y el buscapié.

DE ALIMENTACIÓN Y ECONOMÍA

En 15 años, Puente señala que se ha buscado trabajar en tres vertientes que tienen que ver con aspectos culturales. Una sobre los métodos de producción en el campo (que intenta alejarse de los métodos introducidos en los 60 y 70 del siglo pasado, con la llamada Revolución Verde). “Lo que estamos tratando es regresar a esas formas en que no era necesario aplicar fertilizantes y herbicidas, sino de formas naturales para hacer crecer los alimentos”. La segunda vertiente es sobre los hábitos alimenticios, con la que se busca enfrentar las dinámicas actuales en que los alimentos son procesados y su producción y venta conlleva grandes costos, energía, aditivos, entre otros. Esto mediante el fortalecimiento del mercado regional.