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Tradición, sincretismo y creatividad: Jorge Bueno

Este año es el 120 aniversario de un concurso que surge de una noche de mercado en la que las familias católicas hallaban lo necesario para celebrar la natividad de Jesús


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Tradición, creatividad y sincretismo es lo que el cronista de la ciudad, Jorge Bueno Sánchez, reconoce en la Noche de Rábanos, una que tiene sus antecedentes en una noche de mercado a la que las familias católicas iban para hacerse de lo necesario para celebrar la natividad de Jesús. Es decir, un mercado que se ponía cada 23 de diciembre en lo que conocemos ahora como el Jardín de la Constitución.

Este año, la Noche de Rábanos es muy importante porque son 120 años de haberse realizado por primera vez un concurso, en una centenaria plaza de vigilia, señala Bueno Sánchez.

“Quiere decir que a partir de la presencia de los españoles Oaxaca empezó a conmemorar y a celebrar el natalicio, la natividad de Jesús, y se fue haciendo una plaza cada 23 de diciembre, pero una plaza de vigilia: rábanos, lechuga, pescado. Significaba que el día 24 lo que se servía era una noche de vigilia”.

Sin embargo, comenta que ahora hemos trastocado totalmente la costumbre para celebrar esta fecha, el 24, con comida y bebida.

El lugar en el que se realizaba esa noche de mercado, recuerda el cronista, tiene que ver con la traza de la ciudad, así como la evangelización que trajo consigo el proceso de colonización de parte de los españoles. Es por ello que esta tradición también se relaciona con un sincretismo de culturas europea y mesoamericana.

“Cuando esta ciudad prehispánicamente, cosmogónicamente y astronómicamente se traza de tal forma que en 1400 ya es una población zapoteca, para el 1458 ya hay presidencia mexicana, pero que no se queda permanentemente, y para 1486 sí se queda en forma definitiva, hasta 1521, fecha en la que llegan los españoles y celebran su primera misa”.

Es así como inician el mestizaje y la evangelización en tierras zapotecas. “Y la evangelización fue precisamente ver la coincidencia de los nacimientos de Jesús con la celebración que se tenía del sol. Y los Franciscanos provocan un sincretismo de una cultura mesoamericana con una cultura europea”.

Fue eso lo que trajo la tradición de la noche de mercado de verduras, procedente de lo que ya en ese momento era la Trinidad de las Huertas, el barrio de San Juan —hoy la Consolación—, el barrio donde se construye el templo de la Defensa, y toda la parte baja que era la orilla del Río Atoyac.

Ahora bien, la plaza donde se efectuaba ese mercado cada 23 de diciembre surge en un espacio conocido como plaza mayor.

“En el momento que se inicia la construcción de la Catedral, el rectángulo se convierte en dos cuadrados, uno que es la catedral (que se empieza en 1547 por el obispo Juan López de Zárate,) y la otra plaza, un cuadrado, se considera la plaza mayor, plaza real, plaza de armas… hasta que en el gobierno de Félix Díaz se construyen las primeras bancas, se siembran los primeros fresnos, se construye una fuente, llamada de Los Platos”.

Es así como ese jardín, con eso árboles, se convierte, a partir de 1872, a la muerte del Benemérito de las Américas, en un jardín dedicado a Benito Juárez. “Y en ese momento se le conoce como Jardín Juárez”. Pero después, al quitar esa estatua y llevarla a Guelatao, ese jardín vuelve a ser lo que a partir de 1814 se llamó Jardín de la Constitución, y sigue siendo en nuestro tiempo Jardín de la Constitución de Cádiz.

En ese espacio se hacía un mercado los sábados y los días 23 de diciembre; esta última fecha como oportunidad para comprar lo necesario para la cena del 24.

Sin embargo, fue don Francisco Vasconcelos, quien en su mandato como presidente municipal de Oaxaca de Juárez, inicia el concurso. Él, explica el cronista, era una persona muy ligada a los artesanos de distintas expresiones.

“Organizó a los hortelanos y los convocó a un concurso porque ya veía que en los puestos no nada más eran los rabanitos en agua, sino ya hacían figuras. Y hoy en día qué hacemos: vemos el trabajo de los hortelanos, el trabajo de los de San Antonino Castillo Velasco, que son los de la flor inmortal, y vemos el trabajo de los de totomoxtle, que el totomoxtle ha sido un elemento prehispánico que sirvió para muchos menesteres, desde el tamal hasta hacer figuras”.


 

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