Cobra fuerza literatura en lenguas indígenas | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Arte y Cultura

Cobra fuerza literatura en lenguas indígenas

Aunque desde 2003 existe la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, la poeta Irma Pineda considera necesario que en Oaxaca se legisle sobre el tema


  • Cobra fuerza literatura en lenguas indígenas
  • Cobra fuerza literatura en lenguas indígenas

Irma Pineda, poeta de origen zapoteco, percibe un panorama alentador para la literatura en lenguas indígenas en México, pues ha tomado mucha fuerza y vigor, sobre todo porque cada vez están llegando escritores más jóvenes.

“Oaxaca —en particular— es uno de los estados más ricos que produce más literatura a nivel nacional, ya que es el estado con mayor riqueza lingüística. Estamos hablando de 16 lenguas distintas que representan igual número de culturas y en cada una de estas culturas han destacado escritores”.

Si bien, señala estas bondades en las que figuran las oaxaqueñas Natalia Toledo y Nadia López García, la autora de D oo yoo ne ga› bia› / De la casa del ombligo a las nueve también cree necesario legislar sobre el uso de las lenguas indígenas. En especial, sobre su enseñanza en las aulas y la ubicación de los docentes que comprende el sistema de enseñanza indígena.

“Podemos hablar de personajes ya renombrados y reconocidos a nivel nacional e internacional”, señala Pineda. A su parecer, ya se rebasó la escritura bucólica y nostálgica, es decir, aquella que se daba en los años 70, cuando los escritores empezaban a plasmar su lengua a través de la literatura y la creación se vinculaba a la naturaleza. También aquella que le precedió, en donde se notaba una recuperación de la tradición oral.
Ahora —dice— hay un tercer momento, caracterizado por “una creación más propia”.

Pero en este contexto, ¿dónde y para quienes publican los autores en lenguas indígenas?

Ciertamente que una de las grandes dificultades que tiene la literatura en lenguas originarias son los espacios para su distribución y publicación, por suerte también hemos ido encontrando algunos canales. Algunas editoriales, que aunque sean pequeñas, están teniendo muy buen trabajo de edición y de distribución. De repente nos encontramos con (problemas) en la ubicación de nuestros materiales en las grandes librerías.

En medio de esa desventaja, Irma nota avances, pues la difusión de los propios autores en medios de comunicación ha ayudado.

Irma Pineda es una autora originaria de Juchitán de Zaragoza, región Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Su obra abarca temas diversos, desde la cultura de su lugar de origen, el amor, la migración e incluso las desapariciones o las consecuencias de la llamada guerra contra el narcotráfico (emprendida durante el gobierno del expresidente Felipe Calderón).

Su creación, como la de otros autores que han apostado por las lenguas indígenas ha tenido problemas para entrar a las grandes cadenas comerciales, pues no venden como los best seller.

“Pero eso no nos desanima porque vamos encontrando otros canales de distribución”. También reconoce que si bien hay instancias de gobierno que han apoyado la publicación de literatura indígena, la dificultad que prevalece es la de la falta de canales efectivos de distribución.

Legislar por las lenguas, el llamado

En noviembre pasado, la titular de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca, Ana Vásquez Colmenares, comparecía ante siete diputados, uno de ellos la panista Eufrosina Cruz Mendoza, quien resaltaba la ausencia del pleno ante un tema al que deberían darle mayor importancia. Asimismo, mostraba su preocupación por la preservación, respeto y rescate de las lenguas indígenas, debido a que no hay políticas claras en torno a este tema.

Semanas antes, el poeta y activista Mardonio Carballo decía que en el país se tiende a valorar a las culturas antiguas, mas no a las que descienden de ellas, aquellas las culturas vivas a través de las que sigue el florecimiento de los pueblos originarios.

¿Cómo percibe Irma estas situaciones en un estado como Oaxaca?

Se valora más al indio del museo que al indio vivo. Me parece que algo importante que ha faltado en Oaxaca es la legislación en torno al uso de las lenguas. Por ejemplo sería muy importante que se especificara el uso de las lenguas y la enseñanza de las lenguas en las escuelas. No estamos de que sea obligatorio el inglés, creo que es importante aprenderlo, pero me parece que al mismo tiempo que están queriendo imponer la obligatoriedad del inglés deberían de darse las facilidades para dar una clase en el idioma que sea de la región.

A pesar de que desde el 2003 existe la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, Irma refiere que falta aterrizarla.

“Tal vez algunos digan: bueno, ya existe un subsistema de educación indígena. Hay que reconocer la falsedad de este sistema, porque hay una desubicación lingüística de los maestros, es decir, al maestro que sabe zapoteco lo mandan a la zona mazateca, al que sabe mazateco lo tienen en la chontal. Esto es absurdo, porque así no va a funcionar, además hay que revisar el sistema educativo de la llamada educación indígena, pues sólo maneja una hora a la semana de enseñanza de lengua ¿Cómo avanzamos con eso?”

Literatura, migración y guerra

Esta semana, la poeta estuvo en la ciudad de Oaxaca, donde ofreció un recital junto a Ubaldo López García (profesor jubilado y hablante del idioma mixteco) y el poeta inglés Michael Schmidt. Actualmente, trabaja en un libro que espera presentar en febrero.

La nostalgia no se marcha como el agua de los ríos y La flor que se llevó son otras de las tantas obras que comprende su trayectoria literaria, una a la que se inclinó desde pequeña y que le representó una voz en medio del silencio. De esto último habla uno de sus poemas que reza: Yo conozco el silencio, estuve ahí/ entre sus paredes transparentes vi el desfile de los paisajes/ mordí prefijos para arrancarle la cabeza a las palabras/ la guillotina de mis dientes cayó certera sobre artículos y verbos/ asesiné oraciones completas, fui silente en tierra ajena…

Uno de los temas que le ha llamado la atención en los últimos años es de la migración porque mucha gente de Oaxaca, y cada vez más del Istmo sale en busca de algo mejor. El tema lo plasma en La nostalgia no se marcha como el agua de los ríos.

Otras de sus creaciones han sido en torno al despliegue de las fuerzas armadas en el país, con la llamada guerra contra el narcotráfico.
“Algo que me llamó mucho la atención fue el caso de Ernestina Ascencio, una mujer de 73 años que antes de morir alcanzó a decir —en náhuatl— que la habían violado los soldados. Siguiendo esta noticia fui descubriendo otras cosas terribles como historias de niñas de 11 años que habían sido violadas”.

En el 83, recuerda, el Ejército entró a Juchitán para desconocer un ayuntamiento popular y se puso un toque de queda. Eso la llevó a escribir La flor que se llevó.

Resistencia y permanencia de la cultura

Aunque sea individual, la creación en lenguas indígenas encierra una cultura y una colectividad, explica Pineda. Además de que comprende la lucha de mucha gente que durante más de un siglo ha tratado de darle un lugar a las lenguas indígenas, incluso haciendo frente al sistema.

“Recordemos que desde la educación impulsada por Vasconcelos se buscaba desaparecer las lenguas indígenas; la misión de Vasconcelos era una sola nación basada en una sola lengua, y bueno, esto no sucedió así por la resistencia de los mismos pueblos. Y me parece que la literatura es una de las formas en las que se ha resistido bastante bien, porque la literatura va trasladando la cultura de generación en generación y permite que sea conocida en otros espacios”.


 

Relacionadas: