Ni las lonas que envuelven las tiendas de campaña calman el frío que empieza a sentirse en las primeras horas del atardecer y aumenta en la madrugada, en medio de la pena e incertidumbre de decenas de familias de pacientes del Hospital General “Dr. Aurelio Valdivieso”.
DORMIR EN LA TIERRA
A un costado de la Fuente de las 8 Regiones, al menos seis tiendas de campaña se mantienen entre los árboles y el suelo de tierra que endurecen aún más el frío, mientras hombres y mujeres están al tanto de la evolución de sus pacientes.
Gabriel llegó el 25 de octubre desde la Mixteca acompañando a su esposa, quien tuvo que ser internada para una amputación de un dedo de la mano, derivado de una mala atención médica en el sector privado.
El hombre de 36 años de edad, explicó que la mujer tuvo una infección derivada de su diabetes y acudió a un médico particular de la región, donde siguió un tratamiento que no le alivió el dolor y solo le generó complicaciones.
Al notar que el dedo ya empezaba a mostrar un color morado y se iba extendiendo, decidieron acudir al Hospital Civil, donde la valoraron e informaron que tendrían que realizarle una amputación.
CON LA POBREZA A CUESTAS
Gabriel llegó a la capital con apenas una cobija y una mochila con documentos. Mientras otro familiar se mantiene en el interior del nosocomio para cualquier anuncio médico, él se mantiene afuera para ingresar después y rotarse las guardias.
Santiago, un joven de 28 años, de Sola de Vega, también llegó hace unos días con su padre, quien también tuvo una complicación por la diabetes y tuvo que ser hospitalizado.
Un amigo de la capital le donó una tienda de campaña para quedarse el tiempo que sea necesario, pero que apenas alivia la estancia en la vía pública donde las temperaturas se sienten cada vez más bajas.
Santiago, quien también es acompañado de su hermana, decidió compartir la tienda de campaña con Gabriel mientras dure la hospitalización de su padre.
Ambos aseguran que a la fecha no se les ha pedido la compra de algún medicamento ni se les ha solicitado pagar alguna cuota por el servicio.
SE MULTIPLICAN LAS CASAS DE CAMPAÑA
A unos cuantos pasos, se observan otras tiendas de campaña donde hay mujeres con niños menores de cinco años, todavía envueltos en suéteres y cobijas que parecen no calmar el intenso frío del cuerpo.
“Estamos afuera porque no todos podemos pasar, por unas horas mi hermana ingresa y luego yo, pero no podemos estar los dos en el Hospital. Al menos nosotros estamos en tiendas de campaña, pero en las noches vemos que muchos se quedan a dormir en las banquetas y con cobijas muy delgadas”, expresó Santiago.






































