CREDIBILIDAD Y CONFIANZA
Bricia Yolanda Aragón Valdivia
Con pesar por tu partida y profundo afecto por los momentos compartidos durante la etapa de formación universitaria. Te recordaremos con cariño querido amigo, descansa en paz, Carlos Lara Cedeño.
Generación 1985-1989 ENEP Acatlán UNAM
Hace una semana ya que el presidente de la República anunció, después de una gira por Nuevo León y San Luis Potosí, que está contagiado de coronavirus y que presenta síntomas leves, por lo que instruyó a la secretaría de gobernación a encabezar las conferencias matutinas. Así se inició el lunes siguiente una semana sui generis, pues en efecto la secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero encabezó las conferencias mañaneras después de dos años ininterrumpidos de la presidencial presencia en ellas; lo anterior abrió también la polémica sobre la verdadera razón de la ausencia de AMLO y sobre la realidad de su estado de salud.
No se hizo esperar la muestra de la polarización nacional en la que estamos inmersos. Memes sobre el presidente y su estado de salud inundaron las redes sociales; comentarios a favor de la salud del presidente, algunos más en contra; otros, conciliadores, haciendo reflexionar al resto de lo nocivo que puede ser desear el mal del otro.
Todo ello, podría no tener la menor importancia, como dijera el recordado Arturo de Córdova, pero la tiene, porque esas muestras a favor o en contra manifestadas en redes sociales, son un termómetro del grado de polarización que existe en nuestro país. No somos uno, no hay unidad en la realidad que vivimos, hay resentimiento y descontento, eso sí. Vaya, en nuestro caso no aplica aquello de que “juntos no, pero unidos sí”.
¿Qué más no hay? Credibilidad y confianza: en la autoridad, en las instituciones, en la verdad dicha, en los motivos expuestos; ¡uff! lo anterior es resultado de muchos años y de experiencias vividas, no es algo que surgiera con la pandemia o a raíz de ella; largo ha sido el camino recorrido hasta aquí en la construcción de ese socavón que es la falta de credibilidad y de confianza en lo que se refiere al quehacer público y quien lo ejerce.
Y es que no es para menos, se puede ver un pequeño reflejo en la gestión de la pandemia en nuestro país, frente a otros países, ello ya ha sido medido. Brasil, México y Colombia son los países que peor han gestionado la pandemia de COVID-19 en sus territorios, mientras que Nueva Zelanda, Vietnam y Taiwán fueron los países que tuvieron un mejor manejo de la pandemia, de acuerdo con un estudio del Lowy Institute de Sidney, Australia.
El estudio llamado “Índice de Desempeño COVID: Deconstruyendo las respuestas a la pandemia” analizó la respuesta a la pandemia de 98 países de acuerdo a seis criterios: casos confirmados, muertes confirmadas, casos confirmados por cada millón de habitantes, muertes confirmadas por millón de habitantes, casos confirmados en proporción a las pruebas y pruebas realizadas por cada mil habitantes. La clasificación compara la respuesta de los gobiernos a la pandemia en las 36 semanas siguientes a su centésimo caso confirmado del virus en una escala de 0 a 100, donde 0 es peor desempeño y 100 es mejor desempeño.
Los cinco peores países de la lista son Brasil, con una puntuación de 4.3; México, con 6.5 puntos; Colombia, con una puntuación de 7.7; Irán, con 15.9 puntos, y Estados Unidos, con 17.3 puntos.
Brasil y México, los dos países más poblados de América Latina, tienen en común gobiernos de líderes populistas que han minimizado activamente la amenaza del COVID-19, desestimando el uso de cubrebocas, oponiéndose a los confinamientos generales e incluso contagiándose con el virus, como lo está ahora AMLO, según la verdad oficial.
En el otro extremo se encuentran Nueva Zelanda (94.4), Vietnam (90.8), Taiwán (86.4), Tailandia (84.2) y Chipre (83.3). Por su parte, Uruguay, un país con solo 3 millones de habitantes, es el país de América Latina con mejor desempeño ubicándose en el puesto número 12 del listado.
En suma, el informe indica que la buena gestión radica en gran parte en el tamaño del país, la ciudadanía y las instituciones; y justamente en esa interacción de ciudadanía e instituciones, es donde entran la credibilidad y la confianza.
Es innegable que nuestro país ha sido cimbrado así de fuerte en esta emergencia global y no hemos sabido hacer frente para solucionar el problema o darle curso hacia la mejoría por ineptitud y falta de liderazgo de quienes dirigen los destinos de la nación, pero también por una cuestión actitudinal del mexicano pasivo y apático, algo que se recrudece cuando de iniciativas gubernamentales se trata ya que se vuelve a incidir, sí querido lector, en lo mismo: en la falta de credibilidad y confianza.
Es muy dudoso que cualquier país haya estado mejor preparado que México para enfrentar esta crisis; nadie estábamos preparados para ella; sin embargo la cuestión cultural pesa ahora como nunca y se muestra en cada momento que hemos atravesado.
Sólo nos queda esperar para saber si el pueblo bueno y sabio le atinó en los pronósticos con respecto a la salud del presidente, derivados de lo que sus mismos dirigentes tan solícitamente han cultivado.

































