La pandemia de Covid-19 ha dejado efectos, crisis y secuelas no solo en las personas, también en los animales de compañía o mascotas como los perros. En el caso de aquellos con familia humana, el encierro derivó en enfermedades causadas por el estrés. Pero en aquellos en situación de calle, fue el padecer hambre más de la habitual.
En sus 25 años como entrenador, Jorge Trujillo Islas considera que ha habido cambios en cuanto a la cultura de respeto hacia los perros, con un mejor trato, y eso es bueno. Aunque reconoce que aún falta más, pues aún hay quienes los pasean, pero no siempre recogen las heces de estos en las calles.
Para Jorge, este año no solo ha traído cambios en su trabajo, con nuevos protocolos al salir, sino también en sus alumnos. La pandemia vino a afectar los hábitos y “normalidad” de los canes, que junto con sus propietarios tuvieron que pasar más tiempo en casa. A veces, bajo la idea de protección para ambos.
“A partir de marzo se revolucionó todo porque (la actividad) se detuvo completamente los dos primeros meses. Y eso le afectó a los perros”. Al estar acostumbrados a una rutina, a salir diario, el encierro desató una serie de daños como el estrés, pues se trató de un cambio radical. En algunos casos, se mantuvieron las salidas, pero en menor medida y calidad.
“Algunos de mis alumnos se enfermaron de la piel por el mismo estrés”, relata Jorge sobre los canes a los que no solo pasea por el centro de Oaxaca de Juárez sino a los que enseña a convivir con otros perros. También, a obedecer y cambiar hábitos dañinos tanto para ellos como para sus propietarios.
Antes de la emergencia sanitaria, Jorge paseaba hasta 12 perros en sitios como el Andador Turístico, pero esta semana salió con cuatro.
ESCASEZ DE ALIMENTO, LA “PANDEMIA” QUE SE AGUDIZÓ
Para los perros en situación de calle, la Covid-19 hizo que su alimentación se viera afectada. Sin tantas personas en las calles, sumado al cierre de escuelas o negocios donde algunos se compadecían de ellos, mermó la comida.
Carlos Morales, de la asociación civil Colmillo Blanco, señala que esta carencia de comida persiste, y por eso los perros “están buscando dónde conseguir alimento”.
“Muchos (perros) se metían a las escuelas a comer, donde los niños les tiraban pedazos de tortas o galletas. Pero ahora, ¿dónde comen?”.
En calles del centro de la ciudad, donde los encargados de negocios o propietarios dejaban recipientes con agua o alimento, ambos escasearon o siguen sin haber.
Para el animalista, esta falta de alimento ha hecho que los canes recorran las calles y se piense que ha aumentado la población de canes en esta situación. O que sigan sufriendo la intolerancia de vecinos u otras personas.










































