Con los ojos hinchados y llorosos por no poder dormir y llorar la ausencia de sus tres pequeños hijos, arrebatados de sus brazos por su esposo Aldo, Nereida, de 27 años, cuenta que se los quitaron de manera violenta, sometiéndola en la cama, en complicidad con sus cuñados.
Investigó que se los llevó a la ciudad de Puebla, donde se encuentra viviendo Aldo. Incluso, su hija de 2 años no la ha registrado con sus apellidos, se la llevó sin su consentimiento. Actualmente, las autoridades investigadoras y del ministerio público se niegan a brindarle ayuda para recuperar a sus hijos.
Lo conocí y era lindo
Con la mirada perdida, pensativa y cargando a su pequeño hijo Luisito, de apenas unos meses de nacido, quien voltea y mira a su madre, recuerda un poco apenada que conoció a Aldo en febrero del 2010, ya que sus padres son comerciantes de la Central de Abasto, “por eso iba a ayudarles, pero los padres de papá de mis hijos también tenían un puesto de frutas y verduras. Aldo se llevaba con mis sobrinas y mi hermana, por ellas lo conocí”.
“Al conocerlo lo acepté como mi amigo, se portaba bien, era buena gente, cariñoso y amable. Nunca me dijo alguna mala palabra, siempre se dirigía a mí con respeto, pero los meses pasaron y empezó nuestro noviazgo, de esa relación resulté embarazada, me fui de mi casa y me llevó a vivir a la casa de sus padres, donde vive toda su familia, en cinco cuartos en un terreno en la Carretera Internacional, en Suchilquitongo Villa de Etla”, explicó.
Cambió de dulce a amargo
Nereida señaló que durante los dos primeros meses de vivir como pareja y estar juntos, Aldo era muy cariñoso.
Sin embargo, al llegar el mes de diciembre, su juramento a la Virgen se terminó. Justo entonces se cumplió la manda que había prometido de dejar de beber, empezó a ingerir bebidas embriagantes y al mismo tiempo empezó a cambiar, “los gritos y los insultos a mi persona eran a diario, no me bajaba de pu…”
Recordó con amargura que en los nueve meses de embarazo algunos días eran tormentosos, con insultos y desprecios, pero había momentos de felicidad y cariño.
“Llegó el día, que me empezaron a dar los dolores de parto, me llevó a una clínica particular en el centro de la ciudad, donde nació mi hijo, a quien registramos con el nombre de Ronaldo.
Reconoció que Aldo era el hombre más feliz sobre la tierra, al tener a su primogénito en los brazos, su heredero, casi estuvo a punto de volverse loco. Los cuidados y el cariño continuaron durante los primeros meses de su hijo.
La relación siguió su marcha, trabajaban juntos vendiendo verduras y frutas en una camioneta, “yo nunca tuve amistades, me celaba para todo, si mis hermanos o padres me mandaban mensajes de textos, se molestaba, me gritaba que quién chinga me anda hablando, ‘de seguro es uno de tus amantes, eres una cualquiera’ me gritaba, nunca visitaba a mis familiares”.
“Mi madre me preguntaba, ‘¿Qué pasó hija? ¿Por qué no vienes a visitarnos?, tu marido no te deja venir, dime la verdad, ¿Te golpea?’, pero yo nunca le dije que me prohibía tener amistades y las visitas a mis familiares, me tenía como una criada en su casa, llegaba en estado de ebriedad a la casa y los insultos eran la constante, sin hacer nada me trataba como lo peor”, admitió.
Los años pasaros y a los siete años de que nació su primogénito, se embarazó nuevamente. Al darle la noticia, lo tomó con felicidad y la abrazó, pero los insultos no pararon.
Nereida reconoció que fue un tormento estar embarazada y trabajar sin percibir una ganancia o un regalo. Marilú nació y Aldo, la abrazó al tenerla en sus brazos y la registró al salir de la clínica particular.
Sufre los celos al extremo
A los dos años se embarazó de nuevo, pero los celos de Aldo ya eran enfermizos. Le aseguraba que había concebido a esta hija con otra persona, que estuvo con otro hombre a sus espaldas, “fueron los meses más tormentosos, también para mi hija que llevaba en el vientre, de una mujer cualquiera no me bajaba, yo solo lloraba en mi soledad, pidiéndole a Dios que lo perdonara por lo que hablaba”.
Los meses se volvieron largos y llegó el día que nació Melissa. Cuando Aldo la vio no quería abrazarla, lo hizo por un momento, pero no era cariñoso como fue con los dos primeros, “me di cuenta que no le llamaba la atención, no la quería abrazar ni la besaba, decía que no era su hija, me gritaba que de seguro esa niña no era su hija, que era fruto de mi anterior novio y lo quería engañar”.
Melissa iba creciendo, la pequeña apenas notaba los insultos de su padre, ella solo quería amor y cariño, “lo buscaba con su padre, la nena cariñosa le levantaba los brazos para que la abrazara y besara, pero el sólo volteaba y la miraba feo, cuando salíamos a trabajar en la camioneta, dejábamos a mi niña con sus familiares, pero nunca la atendían, recordó llorando, al tiempo que agregó que le devolvían a la pequeña rozada porque no le cambiaban el pañal y estaba mojada, ya que Aldo no le permitía que la llevara.
“El tormento de mi hija fue muy grande, pobre niña, no tiene la culpa de los celos enfermizos de su padre, los desprecios que le hacía, llegó a decir que no la registraría con sus apellidos. Hasta ahora mi hija solo es conocida como Melisa, no tiene un apellido y ya tiene dos años. Sufrió el desprecio de su padre y el maltrato de sus familiares.
Al embarazarse de nueva cuenta, los celos aumentaron, “me decía, ‘ya te metiste de nuevo con tu amante, por eso estás embarazada’, le respondía llorando, ‘es tu hijo, lo tuvimos juntos, yo no te he engañado, nunca te he engañado, tengo a mis hijos y los amo igual que te amo a ti, pero no los desprecies’, pero me ignoraba”.
Embarazada veía como sólo le hacía caso a su hijo, el grande y a la niña, pero a Melissa no la abrazaba, “yo le decía, abrázala es tu hija, le suplicaba para que la registráramos, pero él nunca quiso hacerlo”.
Al nacer mi pequeño hijo, Luisito, me despreciaba y lo menospreciaba, me gritaba ‘si te quieres largarte con el papá de tus hijos, yo a ti no te quiero, me engañaste con él’, yo le suplicaba que no me tratara de esa forma, ya que mis hijos sufrían al escuchar cómo me trataba. Nunca quiso abrazar a mi hijo, el pequeño, le pedí que registráramos a los dos, pero él me dijo que nunca les daría el apellido.
Le quita a sus tres hijos
A punto del llanto narró su mayor tragedia, “llegamos a la casa el pasado 12 de enero, veníamos de la Central de Abasto donde fuimos a comprar la verdura y la fruta para vender al día siguiente, cenamos, estuvimos platicando con mis hijos, reíamos, yo lo veía diferente, hasta imaginé que ya estaba cambiando”.
“Mi nena me pide mi celular para jugar un rato, se acostó en la cama y al paso de las horas, la niña se quedó dormida, con el celular en sus manos”, agrega.
“Aldo se acostó al lado de mi hija y empezó a revisar mi celular, gritándome ‘maldita, te quieres ir con ese cabrón, vete, ya no soporto que me sigas engañando’, yo le contesté que estaba mal lo que me decía, ya que no había otro hombre en mi vida, empezó a gritar y llamó a sus hermanos”, siguió.
“Tenía en los brazos a mi hijo, él me tomo del cuello y me aventó a la cama, agarrándome de los cabellos y golpeándome, mientras ordenaba a sus hermanos, ‘llévatelos carnal, súbelos a la camioneta, ve y regresa a avisarme cuando ya estén mis tres hijos arriba, apúrate”, su hermano obedeció las indicaciones y subió a los niños a la camioneta.
“Después de suplicarle que no se llevara a mis hijos, no me escuchó, me aventó en la cama y salió corriendo, sólo escuché que prendieron la camioneta y se fue del lugar, como pude saque algunas de mis cosas y me fui a buscar ayuda, le hablé a mis padres, llegaron por mí mi padre, mi hermano y mi mamá, quienes me ayudaron a salir del lugar”, sigue contando.
Sospecha de parcialidad
Atormentada, cree que la autoridad ministerial ya “se vendió” con los acusados, ya que él se jacta diciendo por teléfono, “si ya hasta los agentes y la MP saben dónde estoy, porque no vienes donde estoy, a mí no me van hacer nada, que te que te quede bien claro eso, mira si quieres de nuevo a tus hijos, regresa conmigo y seguimos nuestra relación, pero si no atente a las consecuencias”.
Pidió apoyo también a las organizaciones que se jactan de proteger a las mujeres y a los niños, para que se den cuenta que es madre y sufre la perdida de sus hijos.
Ha pedido a las autoridades apoyo para que la ayuden a recuperar a sus hijos y dejar de sufrir al lado de Aldo. “Pareciera que la justicia no está del lado de los más pobres y desprotegidos, ahorita no tengo para comer y no he trabajado, yo no quiero nada malo porque es el padre de mis hijos, pero si pido recapacite y que me los regrese”.










































