Miles de estudiantes de secundaria y universidad volvieron este jueves a las calles de París y otras ciudades francesas para exigir mejoras en el sistema educativo, en una nueva jornada de movilizaciones que elevó la presión sobre el gobierno.
En la capital, varias marchas confluyeron en la Plaza de la Bastilla, donde grupos de jóvenes escalaron el emblemático monumento, ondearon la bandera francesa y entonaron el himno nacional.
“¡Hemos tomado la Bastilla!”, gritó uno de los estudiantes desde lo alto del monumento, en una escena cargada de simbolismo para un movimiento juvenil que busca convertir su inconformidad en presión política.
Las consignas también apuntaron directamente al presidente Emmanuel Macron. Entre los gritos de los manifestantes se escuchó:
“¡Macron dimisión!”, mientras las concentraciones exigían respuestas concretas a la crisis educativa.
“NO QUEREMOS PALABRAS, QUEREMOS HECHOS”
Las protestas estudiantiles se mantienen desde finales de septiembre y han colocado en el centro del debate las condiciones en las que miles de jóvenes reciben clases.
Los manifestantes denuncian falta de profesores, sobrecarga de horarios, aulas deterioradas y edificios escolares que no cuentan con condiciones adecuadas para enfrentar las altas temperaturas.
La molestia también está relacionada con las respuestas gubernamentales, consideradas insuficientes por parte del movimiento estudiantil.
“No queremos palabras, queremos hechos”, declaró una estudiante de 17 años en Nantes, al referirse a las promesas del primer ministro, Sébastien Lecornu, de encontrar una solución a la crisis antes de que termine octubre.
La frase resume el estado de ánimo de las movilizaciones: los estudiantes reclaman resultados y no únicamente compromisos políticos.
DE LAS PROTESTAS PACÍFICAS A LOS DISTURBIOS
Aunque la mayoría de las concentraciones se desarrollaron de manera pacífica, también se registraron incidentes en distintos puntos del país.
De acuerdo con reportes de AFP, hubo intentos de provocar incendios y actos de vandalismo contra marquesinas de autobuses.
La aparición de estos incidentes aumenta la presión sobre las autoridades, que enfrentan el desafío de contener los actos violentos sin profundizar el conflicto con un movimiento que mantiene como eje principal las demandas educativas.
En algunas ciudades, la Policía utilizó gases lacrimógenos, porras y proyectiles de goma para dispersar a manifestantes.
Estas acciones han sido cuestionadas por organizaciones defensoras de derechos humanos y por participantes de las protestas, quienes las consideran una respuesta desproporcionada.
LA VIOLENCIA POLICIAL ENCIENDE OTRA ALERTA
El conflicto dejó de centrarse únicamente en las condiciones de las escuelas.
Las denuncias sobre actuaciones policiales durante las movilizaciones han adquirido un peso cada vez mayor y amenazan con abrir un nuevo frente de confrontación entre estudiantes y autoridades.
El lunes, un adolescente de 15 años perdió una mano tras recibir el impacto de una granada aturdidora durante una intervención policial en Lens.
¡“Hemos tomado La Bastilla”! Estudiantes sacuden Francia con protestas y exigen hechos
Miles de estudiantes volvieron a las calles de Francia para exigir mejoras educativas, mientras crece la tensión por la violencia policial
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— El Imparcial de Oaxaca (@ImparcialOaxaca) October 8, 2026
Días antes, otro joven de 14 años perdió varios dientes después de ser alcanzado por un proyectil disparado con un lanzagranadas en las inmediaciones de París.
En este último caso, un policía fue imputado el martes. Los episodios han provocado indignación entre estudiantes y organizaciones de derechos humanos y han convertido el uso de la fuerza en uno de los temas centrales de las protestas.
UNA CRISIS EDUCATIVA QUE SE CONVIERTE EN CRISIS POLÍTICA
Lo que comenzó como una protesta por profesores, horarios y condiciones materiales de las escuelas se está convirtiendo en un problema político para el gobierno francés.
La presencia creciente de estudiantes en las calles, las consignas contra Macron y los enfrentamientos con la Policía muestran que la inconformidad ya no se limita a demandas administrativas.
Los jóvenes están cuestionando la capacidad del Estado para garantizar condiciones dignas de educación y, al mismo tiempo, la manera en que las autoridades responden cuando la protesta sale a las calles.
El gobierno enfrenta ahora una doble presión: demostrar que puede atender las carencias denunciadas en las escuelas y evitar que la respuesta policial profundice la movilización.
LA BASTILLA, UNA IMAGEN QUE RESUME EL CONFLICTO
Que los estudiantes hayan elegido la Bastilla como uno de los principales escenarios de la jornada no es un detalle menor.
El lugar ocupa un sitio central en la memoria política francesa por su relación con la Revolución de 1789.
La imagen de jóvenes ondeando la bandera francesa desde el monumento y proclamando “¡Hemos tomado la Bastilla!” convirtió una protesta educativa en una poderosa escena de desafío político.
Por ahora, las movilizaciones continúan y el gobierno tiene hasta finales de octubre, según las promesas realizadas por Lecornu, para presentar respuestas a las demandas.
Mientras tanto, las aulas deterioradas, la falta de profesores y las denuncias de violencia policial mantienen a los estudiantes en las calles.
Y la pregunta que queda sobre la mesa es si las autoridades lograrán desactivar el conflicto con soluciones concretas o si la protesta juvenil seguirá creciendo hasta convertirse en una crisis política de mayores dimensiones.











































