Cuando algo se ha fisurado, cuando la indignación es más grande que la esperanza y se llega a la gota que derrama el vaso, es imperativo detenerse a reflexionar sobre lo que debemos hacer para recuperar el rumbo.
Ese es el escenario en el que se encuentra Oaxaca actualmente: ante la imperiosa necesidad de reconstruirse, rescatarse y recomponerse desde la raíz.
Han sido décadas de avances paulatinos, de consolidar bases institucionales, pero también de malos gobernantes, excesos de poder y necesidades sin resolver. Sin embargo, nunca como ahora se había percibido una sensación tan profunda de desolación, abandono y suciedad en el actuar de quienes deberían representar al pueblo en la administración pública y la política.
Los últimos sucesos en la entidad, donde actores políticos han sido señalados y detenidos por presuntos nexos con la delincuencia organizada y malversación de recursos, obligan a mirar hacia los más altos representantes del poder. Por omisión o complicidad, la culpabilidad se manifiesta y la ciudadanía la califica de manera frontal.
Es incomprensible que, en lugar de fortalecer la administración pública, algunos ocupen los cargos para promocionarse, gastando millones de pesos en autobombo mientras la realidad del estado clama atención. La vida política exige una oxigenación y una depuración urgente.
Es momento de pedirle a quienes no han dado resultados que den un paso al costado; les costará menos políticamente reconocerlo que sostenerse bajo el repudio social cuando el murmullo popular es innegable.
El ejemplo de estas semanas es más fuerte que cualquier discurso oficial que intente tapar el sol con un dedo. Por eso, la refundación de nuestro estado no puede venir de los mismos de siempre. Necesitamos una nueva generación de servidores públicos y políticos, hombres y mujeres que sientan las verdaderas causas sociales, que recorran los territorios con empatía, cercanía, humanismo y cero recursos públicos dilapidados.
Reconstruir Oaxaca tiene que ver con la unidad y la fuerza del pueblo. Castigar con el voto y señalar con la verdad son las herramientas democráticas para evidenciar a quienes tuvieron la oportunidad y la desperdiciaron.
Esta visión exige reconstruir de tajo la forma de hacer política: no se trata de reciclar liderazgos insensibles, sino de abrir espacios reales a nuevas voces, devolviendo el protagonismo a los hijos de profesores, artesanos, transportistas y comerciantes que sostienen el estado con la cultura del esfuerzo.
La verdadera reconstrucción exige una perspectiva profundamente municipalista, con políticas públicas diferenciadas que respondan con honestidad a la complejidad de nuestras ocho regiones para que absolutamente nadie se quede atrás.
Su cimentación debe sostenerse sobre pilares claros: el impulso a la economía interna, una infraestructura con impacto social y una democracia comunitaria y transparente. Oaxaca necesita una reconstrucción profunda y está en manos de cada familia, desde cada comunidad y cada municipio, hacerlo una realidad.
Con mesura, sin confrontación, con la verdad por delante y con las instituciones y el arraigo comunitario como eje central de una nueva etapa. El tiempo apremia. Reconstruyamos Oaxaca.
@bersahinlopez































