Para una persona que utiliza silla de ruedas, desplazarse por Oaxaca de Juárez no es simplemente llegar de un punto a otro. Es sortear banquetas, calles sin condiciones adecuadas, vehículos que invaden espacios y, cuando hay bloqueos, prácticamente buscar una ruta de emergencia para poder continuar.
Esa es la realidad que enfrenta Jerónimo Canseco, una persona con discapacidad que diariamente necesita movilizarse por la ciudad y que, durante las recientes protestas y cierres viales, asegura haber quedado todavía más expuesto a situaciones que ponen en riesgo su integridad.
Los bloqueos realizados por integrantes de la Sección 22 han complicado la circulación en diferentes puntos de la capital y su zona metropolitana. Para quienes utilizan automóvil, esto representa retrasos y cambios de ruta. Para quienes dependen de una silla de ruedas, las alternativas pueden ser mucho más limitadas.
CUANDO UNA CALLE BLOQUEADA SE CONVIERTE EN UNA BARRERA
Jerónimo necesita acudir al Instituto Mexicano del Seguro Social para consultas y también trasladar medicamentos. Cuenta con un vehículo, pero los cierres viales pueden impedirle utilizarlo para llegar hasta su destino.
Ante la falta de alternativas accesibles, termina recurriendo a su silla de ruedas y desplazándose por espacios que, afirma, no ofrecen las condiciones necesarias para hacerlo con seguridad.
“Con los bloqueos se nos dificulta un poquito más el traslado, más para una persona con discapacidad”, relata.
La frase resume un problema que va más allá de las movilizaciones: cuando la infraestructura urbana ya es insuficiente para garantizar desplazamientos seguros, cualquier cierre de una vialidad puede multiplicar las dificultades para las personas con discapacidad.
EL RECORRIDO TAMBIÉN IMPLICA EXPONERSE AL TRÁNSITO
La falta de rutas accesibles obliga a Jerónimo a compartir espacios con vehículos y otros usuarios de la vía pública.
En su recorrido, dice, se encuentra con motociclistas y ciclistas que circulan en sentidos que dificultan todavía más su desplazamiento.
“Anda uno arriesgando la integridad física, pero pues es lo que nos toca vivir en el estado de Oaxaca”, expresa.
No se trata únicamente de una molestia o de tener que llegar más tarde a una consulta médica. Para una persona que se desplaza en silla de ruedas, utilizar una vía sin condiciones adecuadas puede significar quedar expuesta a un accidente.
La ausencia de infraestructura accesible convierte un trayecto cotidiano en una maniobra que requiere atención permanente.
“NO PUEDO MOVER MI VEHÍCULO”
Uno de los principales problemas que enfrenta Jerónimo durante los bloqueos es que tampoco puede utilizar su automóvil como normalmente lo haría.
“Yo tengo mi vehículo, pero no lo puedo mover, porque no hay por dónde poder llegar”, explica.
El problema se agudiza cuando los cierres abarcan rutas estratégicas para ingresar o salir de determinadas zonas de la ciudad.
De acuerdo con su testimonio, uno de los puntos que le ha impedido circular se encuentra en las inmediaciones del hotel ubicado en la curva del Fortín.
“Desde el hotel que está en la curva de El Fortín, pues no se puede circular”, señala.
Ante la imposibilidad de avanzar en automóvil, debe continuar en su silla de ruedas y enfrentar las condiciones del entorno urbano.
EL DERECHO A PROTESTAR TAMBIÉN DEBE CONVIVIR CON EL DERECHO A TRANSITAR
Las movilizaciones sociales y sindicales forman parte del ejercicio del derecho a la manifestación. Sin embargo, cuando los bloqueos se prolongan o afectan rutas esenciales, el impacto recae también sobre personas que requieren desplazarse por razones médicas, laborales o personales.
Para las personas con discapacidad, el problema puede ser todavía mayor debido a que no todas las calles ofrecen rutas alternativas accesibles.
Jerónimo considera necesario que las autoridades intervengan para evitar que quienes tienen alguna discapacidad queden prácticamente aislados cada vez que una vialidad es cerrada.
“Le he dado un llamado al Gobierno del Estado, pues que le dé solución a la problemática”, afirma.
UNA CIUDAD QUE TODAVÍA TIENE DEUDAS CON LA ACCESIBILIDAD
El caso de Jerónimo expone una problemática que no comenzó con los bloqueos.
Las protestas únicamente hacen más visible una deficiencia que permanece todos los días: una ciudad en la que las personas usuarias de silla de ruedas todavía encuentran obstáculos para desplazarse de manera independiente y segura.
Banquetas deterioradas, desniveles, obstáculos, falta de rampas adecuadas y vehículos que ocupan espacios destinados al tránsito peatonal forman parte de las dificultades que enfrentan muchas personas con discapacidad.
Cuando una avenida queda bloqueada, la posibilidad de elegir otra ruta también puede desaparecer.
Por eso, la discusión no debería limitarse a cuánto tráfico provoca una protesta, sino a quiénes son los que pagan el mayor costo cuando una calle queda cerrada.
IR AL MÉDICO NO DEBERÍA CONVERTIRSE EN UNA ODISEA
Jerónimo tiene que acudir a consultas médicas y trasladar medicamentos. Para él, esos desplazamientos no son opcionales.
“Yo tengo que ir al Seguro Social, tengo que ir con medicamentos”, explica.
Su testimonio pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con las personas que necesitan llegar a un hospital, una clínica o una consulta cuando las principales rutas de acceso están bloqueadas?
Mientras para algunos automovilistas un cierre representa buscar una ruta alternativa, para una persona en silla de ruedas esa alternativa puede no existir o implicar circular por una zona insegura.
“ES LO QUE NOS TOCA VIVIR”
La frase de Jerónimo refleja también una forma de resignación frente a una situación que, desde su perspectiva, no debería ser normal.
“¿Y qué le vamos a hacer?”, cuestiona durante su relato.
Pero precisamente esa pregunta coloca el problema frente a las autoridades.
Una ciudad accesible no puede depender de que las personas con discapacidad tengan que exponerse al tráfico cada vez que una ruta queda bloqueada. Tampoco debería ser necesario elegir entre utilizar un vehículo que no puede avanzar o trasladarse en silla de ruedas por espacios que no fueron diseñados para garantizar su seguridad.
EL LLAMADO ES A NO DEJAR A NADIE ATRÁS
El reclamo de Jerónimo no busca únicamente señalar las dificultades generadas por los bloqueos. También pone sobre la mesa una deuda urbana que permanece incluso cuando las calles están abiertas.
“Vivimos día a día los ciudadanos que, pues de alguna manera, nos vemos más afectados en este aspecto, por los bloqueos”, señala.
Su petición es concreta: que las autoridades tomen medidas para garantizar que las personas con discapacidad puedan desplazarse sin poner en riesgo su integridad.
Mientras continúen las movilizaciones, el desafío será encontrar mecanismos que permitan ejercer el derecho a protestar sin cerrar por completo las posibilidades de movilidad de quienes dependen de rutas accesibles.
En resumen, porque en Oaxaca, para una persona que utiliza silla de ruedas, un bloqueo no sólo significa tráfico detenido: puede significar quedarse sin una ruta segura para llegar al médico, regresar a casa o simplemente cruzar la ciudad.
Con información de Adrián Gaytán









































