El poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y cronista Vicente Quirarte Castañeda, considerado una figura fundamental de la literatura mexicana contemporánea, falleció el pasado martes en la Ciudad de México a los 72 años.
La noticia fue difundida por su familia y confirmada por El Colegio Nacional, del que era miembro desde 2016, institución que destacó su legado en las letras mexicanas e iberoamericanas. La UNAM, casa de estudios con la que mantuvo una estrecha relación académica, también lamentó su muerte y reconoció su labor como escritor, investigador y docente.
Nacido el 19 de julio de 1954, Quirarte estudió la licenciatura, maestría y doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde ejerció la docencia desde 1987. Además, ocupó cargos como director general de Publicaciones, director del Instituto de Investigaciones Bibliográficas e integrante de la Junta de Gobierno.
Su trayectoria literaria comenzó en 1979 con Teatro sobre el viento amado, poemario que obtuvo el premio Punto de Partida de la UNAM. A lo largo de su carrera recibió, entre otros, el Premio Nacional de Poesía Joven de México Francisco González León, el Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas, el Premio Xavier Villaurrutia y el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde.
En 2012 recibió el Premio Universidad Nacional y en 2024 el Premio Nacional de Artes y Literatura, en la categoría de Lingüística y Literatura, máximo reconocimiento que otorga el gobierno mexicano a sus creadores.
Autor de más de 20 títulos de poesía y una treintena de libros de ensayo, Quirarte exploró diversos géneros y temas. Entre sus principales obsesiones estuvieron la literatura gótica, los vampiros, los monstruos, Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft, además de la historia y los espacios de la Ciudad de México, urbe que convirtió en personaje recurrente de su obra.
Aunque incursionó en distintos géneros, se reconocía principalmente como poeta. Para él, la literatura representaba una forma de introspección y una manera de enfrentar el miedo a vivir y morir.
La Academia Mexicana de la Lengua, de la que era miembro de número desde 2003, anunció que le rendirá un homenaje póstumo durante sus exequias en la Ciudad de México.
Con su muerte desaparece una de las voces más prolíficas de la literatura mexicana de las últimas décadas, pero permanece una obra marcada por la poesía, la memoria, la historia y su permanente búsqueda de nuevos territorios literarios.










































