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Oaxaqueña abandonada en el desierto de Arizona

Familiares buscan a Mirna, a quien dejaron a unas millas del poblado de Tucson, EU, porque no pudo continuar la caminata

Oaxaqueña abandonada en el desierto de Arizona | El Imparcial de Oaxaca

Hasta ayer, el paradero de Mirna, joven de 32 años abandonada en el desierto de Arizona, se desconocía. Familiares desesperadamente solicitan a través de las redes sociales el apoyo de asociaciones a favor del migrante.

De Río Grande, al ‘gabacho’

Decidida a todo, más o menos por la última semana del pasado mes de agosto, Mirna, de 1.50 metros de estatura partió de su natal Río Grande, comunidad situada en la región de la Costa.
Al igual que otros conocidos, la joven de piel morena clara llevaba consigo una pequeña maleta, en la que llevaba algunas prendas necesarias, eso sí, repleta de ilusiones.
Una mañana Mirna llegó a Altar Sonora, seguramente a alguna casa de seguridad sí es que ya tenía coyote (guía de ilegales) que la cruzaría a la unión americana. Posteriormente viajaría unas cinco horas en una camioneta urvan vieja, sin asientos y apretados unos con otros de la comunidad de El Altar a la línea divisoria, en jurisdicción de Sásabe, en un rancho donde hace tres años aproximadamente ocurrió un cateo a plomo y sangre contra narcotraficantes y traficantes de indocumentados.
Es precisamente en este punto donde se concentran a diario cientos de personas por grupos, cada uno con su coyote, quien vigila el momento exacto para dar el paso a territorio estadunidense, sobre todo cuando ya no hay helicópteros de migración o vehículos de la Border Patrol.
Eran las 03:00 horas del pasado 30 de agosto, cuando el guía del grupo de Mirna puso en alerta a sus ‘pollos’. Tenían que recoger sus nailos negros donde descansaron unas horas entre huizaches, camuflarse con uniforme verde o gris y calzarse unas pantunflas prefabricadas al estilo mexicano, para no dejar huellas durante millas y millas de recorrido bajo los intensos rayos del sol y de noches largas de frío.
Deberían además de echarse su maleta en la espalda, colgarse tres o hasta cuatro galones de agua en los hombros, amarrados con algún paliacate.
En la pequeña maleta no les permitiría el coyote llevar más que atún, tostada u otros comestibles enlatados y una muda de ropa para cambiarse, ya que si tenían suerte, días después cerca de un freeway sería el ‘levantón’ (raite) con un 90 por ciento más de probabilidad de que habrían llegado al sueño americano.
Antes de partir, Mirna buscó señal de algún teléfono celular en una parte alta y se despidió de su familia. “Esa fue la última vez que tuvo comunicación”, dijeron familiares.
Sin embargo, todo indica que Mirna no estuvo entre los afortunados de llegar a ese punto del levantón, pues según el último dato que se tiene de ella, es que ya no pudo continuar la caminata y fue abandonada a unas millas del poblado de Tucson, a eso de las 09:00 horas del pasado 7 de septiembre.
“Fue abandonada por que ya no podía caminar, abandonándola el grupo el 7 de septiembre a las 9:00 horas a dos millas de Tucson”, explicaría uno de los integrantes al siguiente día.
Alma Rosa Zúñiga Barradas es la joven, más conocida como Mirna, nació el 17 de enero de 1985, de estatura 1.50 metros, tez morena clara, cabello mediano, chino; ojos cafés claros y como señas particulares tiene una malformación en la mano izquierda, no desarrolló normalmente.
“Amigos, solicito su ayuda para encontrar a mi hermana Alma Rosa Zúñiga Barradas, más conocida como Mirna. Ella intentó cruzar a EU por Altar Sonora. Caminaron cinco días y después fue abandonada, si tienen contactos con asociaciones a favor del migrante, se le agradecerá, por favor”, suplica un familiar en su cuenta de Facebook.
Testimonios de deportados y radicados en la unión americano, además de uno que otro “coyote”, alientan que posiblemente Mirna sería abandonada en un punto donde sería fácilmente localizada por la migra.
“He sido coyote toda mi vida, pero jamás abandonaría a una persona y de ser necesario, se haría en un camino donde pasan las motos y los caballos de la Border Patrol, ellos rápidamente la recogen y las deportan.
“Los buenos coyotes tienden a dejarles cerillos a los que de plano ya no pueden caminar, para que hagan fogata y sean más visibles”, dijo un guía que entra y sale de la línea fronteriza las veces que le pega su gana.
A su parecer, podrían haber tomado el camino del cerro El Elefante, con mira a la carretera 86 que lo acerca a Phoenix, donde abundan las casas de seguridad, pero con los pies más adentro que afuera.
Por esta ruta, indica, son de cuatro a cinco días de camino, según como camine la gente, sin son jóvenes todo sale de lo mejor, pero si van mujeres o adultos, los planes podrían cambiar.
Al igual que en lo hacen en las redes sociales, esta persona recomienda que la familia contacte con grupos voluntarios de rescate que operan en la zona limítrofe como Ángeles del Desierto, entre muchos.
Lamentablemente, confiesa, también esa ruta es de mucho cuidado, porque además de la migra debes cuidarte de los grandes traficantes de mariguana, quienes a bordo de camionetas con capacidad para tres toneladas y escoltadas por un convoy de gente armada se dirigen a un punto de entrega.
Son estos precisamente los de mayor peligro, pues no permitirán que coyotes con gente los descubran y alerten a migración.
Según su relato, también se cuidan de no encontrarse con ‘burreros’ (hombres que transportan en la espalda hasta 25 kilos de mariguana) que serpentean las desérticas brechas, vigiladas por miembros de las mismas organizaciones en puntas de cerro, llamados “punteros”.
“Es algo verdaderamente triste el desierto, porque te topas con gente abandonada, gente herida ya sea por arma de fuego o picaduras de animal. Jóvenes “burreros” semidesnudos que son “tablajeados” (golpes de tabla) en la espalda por haber desertado con su cargamento al no aguantar la carga, la sed, el cansancio.
“Es triste cada historia de migrante, pero no te imaginas también los rostros felices de la gente que llega a su destino, con familiares que lo esperan de este lado americano”.

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