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Opinión

Editorial

AMH: Primer Informe

 

Hoy 15 de noviembre, según trascendió el fin de semana pasado, el gobernador Alejandro Murat Hinojosa acudirá al Centro de Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO) a donde dará un mensaje al pueblo oaxaqueño, con motivo de su Primer Informe de Gobierno. Según los observadores, muy poco tiene que informar el ejecutivo, habida cuenta de la situación tan compleja que ha vivido la entidad en este año de gestión. En principio, el saqueo que se dio en el gobierno de Gabino Cué, que dejó el erario público prácticamente en ceros, además de miles de millones de pasivos y deudas con proveedores, ello sin contar que la ausencia total de obras pública en donde se hayan invertido los “presupuestos históricos” que nos ha dado la Federación. La detención de los presuntos responsables del quebranto económico y presupuestal, en nada ha restituido las pérdidas y desvío hacia fortunas privadas, cuyos responsables, al menos dos, siguen gozando de cabal salud e impunidad. Es importante reconocer que en ese sentido, Murat Hinojosa ha cumplido con la promesa de que se castigue a quienes hicieron mal uso de los recursos de pueblo oaxaqueño.

Amén de este saldo negativo que recibió la nueva administración, han estado omnipresentes, sin duda alguna, los coletazos de la naturaleza. Jamás gobierno alguno padeció tanta tragedia en tan poco tiempo. Primero fueron las sequías, que hubo necesidad de buscar el apoyo de la Comisión Nacional del Agua y otras instancias; luego vendrían las intensas lluvias, cuyos efectos se volcaron materialmente en comunidades del Istmo de Tehuantepec y la Sierra Sur. Los daños a la red carretera fueron millonarios. Más de 500 tramos totalmente destruidos hacían presumir una inversión de más de 2 mil 500 millones de pesos. Más tarde, sobre las huellas de la primera tormenta tropical vendría la segunda, “Calvin”. En septiembre la suerte le dio la espalda al gobierno de Murat Hinojosa: los sismos del 7, 19 y 23 habrían de generar un problema adicional: la reconstrucción de miles y miles de viviendas destruidas y atender a más de 40 municipios istmeños devastados. Todo ello sin contar con la presión de los poderes fácticos: sindicatos del transporte, maestros de la Sección 22, organizaciones sociales y normalistas, que han creado el caldo de cultivo de la ingobernabilidad y la anarquía. Murat Hinojosa ha trabajado a marchas forzadas en medio de un mar encrespado de problemas. Nada qué reclamarle. Como gobernante ha hecho su mejor esfuerzo.

Sociedad civil: Enérgica respuesta

La semana pasada y como lo consignaron algunos medios de comunicación impresos y electrónicos, los maestros de la Sección 22 y sus jóvenes sicarios y vándalos de la Coordinadora Estudiantil Normalista del Estado de Oaxaca (CENEO), cerraron varios cruceros de la ciudad, en una actitud enfermiza de atropellar los derechos ciudadanos. Sin embargo, aunque fue un hecho aislado, no se esperaban una respuesta inédita: un grupo de señoras y señores, que habitan la Colonia “Víctor Bravo Ahuja”, materialmente secuestrados por el bloqueo que aquellos pusieron en la Glorieta “Lázaro Cárdenas”, llegaron en bloque y encararon a los responsables. Éstos habían previamente secuestrado camiones del servicio urbano y los ubicaron –como siempre- para evitar cualquier hueco por dónde pudieran circular automóviles o autobuses. El argumento de los vecinos fue que las colonias que han sido afectadas por estos atropellos cotidianos, ya no están dispuestas a seguirlos tolerando, por tanto, exigieron el desalojo inmediato del bloqueo, a lo cual los mentores temerosos accedieron sin chistar.

Existe ya entre los oaxaqueños el pleno convencimiento de que no podemos seguir así. Que es necesaria una respuesta enérgica de los afectados para acabar con este clima de impunidad. Los más recurrentes en estos abusos son los mentores del llamado Cártel-22, los normalistas-vándalos y los que regentean el transporte público. El pasado domingo circuló en las redes sociales una propuesta para parar de una vez por todas a los maestros y emplazarlos a trabajar en sus centros de trabajo o de plano impedirles la entrada a las escuelas que hayan abandonado. Esto es, como dice un dicho sabio: tanto fue el cántaro al agua hasta que se rompió. La sociedad civil está despertando de su letargo y, como en cualquier parte del país o del mundo, está dispuesta a hacer valer sus derechos. Es impresionante que por ejemplo los locatarios de los mercados del Centro Histórico o los que se ubican en el Mercado de Abasto, no hayan dado una respuesta enérgica a aquellos que con todo dolo, les afectan sus ventas y su economía. Sorprende que los empresarios, cuyos negocios son a menudo cerrados, sigan guardando silencio. Es esta complicidad la que ha hecho crecer a quienes actúan con impunidad insultante cerrando calles, plazas, oficinas y demás. Ya no lo permitamos más. Hay que unirnos para evitarlo.