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Opinión

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Libertad en riesgo

 

A todos nos gusta hablar de libertad y proclamarla como uno de los grandes logros de la humanidad. Pero no es algo que se adquiera en su totalidad—misma que desconocemos—sino que se van agregando con el tiempo, conceptos y elementos de “libertad”, malinterpretada por muchos y manipulada por gobiernos para establecer controles y fingir que se vive democráticamente.
Teóricamente los derechos que el ser humano y las sociedades van reclamando y adquiriendo, establecidos en códigos y leyes, son avances que en la realidad favorecen a algunos, pero al mismo tiempo atentan contra el pensamiento y aún contra derechos de otros.
Entonces la libertad se torna en víctima y victimaria, una curiosa contradicción producto de la veleidad humana. El concepto de libertad puede, en estos tiempos, convertirse en un arma mortífera y de dos filos (o más), capaz de lesionar sentimientos y con capacidad también de convertir en fieras indomables a quienes proclaman haber obtenido derechos fundados en ideas torcidas de la libertad.
Para los tranquilos paseantes y turistas en Nueva York, al pasar por la Isla Ellis, al sur de Manhattan, la libertad es una famosa estatua con una antorcha y que se puede visitar alegremente. Simboliza supuestamente la emancipación americana (gringa) del dominio inglés, de manera que es una de tantas maneras e interpretaciones de “libertad”.
Para los creyentes del Evangelio (todas las confesiones cristianas), la libertad es producto del conocimiento de la verdad: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (JUAN 8:32). Pero esa verdad es la permanencia y creencia en la palabra de Jesús, el Mesías que había de venir a los suyos (el pueblo de Israel) y que “los suyos no lo recibieron” (JUAN 1:11). Pero para los no cristianos, esa no es la forma de ser libres o de alcanzar la libertad: opinan que es el sometimiento y servidumbre a una creencia.
Para activistas del aborto, la mujer tiene libertad de hacer con su cuerpo lo que guste. Para los contrarios a esa práctica, el aborto es un atentado a la vida y libertad de un ser en formación que no pertenece al organismo que lo alimenta y que después lo amamantará. Para la hoy de moda comunidad LGBT, la libertad es hacer proselitismo de una llamada opción, que para los demás es una transgresión a la naturaleza de hombres o mujeres. Para los de una figurada izquierda, la libertad es disponer de los bienes ajenos y para los propietarios de esos bienes es una agresión a su libertad de poseerlos.
Entonces, la libertad es un objeto de utilización a voluntad de quien ejerce su versión de la misma. La libertad se parece a la justicia: ésta no es ciega, simplemente tiene los ojos tapados con un lienzo y se lo quita a criterio del poder en turno: puede otorgar o negar la libertad discrecionalmente.
En el México actual, con una democracia de dudosa autenticidad, la libertad se ha vuelto un trapo para limpiar y sacudir, o un paño de adorno, según la ocurrencia de quien dicta y pontifica. Libertad ahora, desde el gobierno, significa ofender, insultar y criticar a quien disiente, alegando “derecho (libertad) de réplica”, negando con ello el derecho a los otros, a recibir las bondades y libertades que la ley otorga y permite (porque la libertad en México y en todo el mundo, está reglamentada, no pertenece a la autonomía personal), derivando de todo ello entonces que algo sancionado es privativo de libertad.
El poder actual está conculcando las libertades públicas, las libertades personales y la libertad de información. Todo lo que se oponga al criterio del poder presidencial absoluto (por arriba de lo imperial), es anatema y debe ser perseguido, criticado y destruido. Nos estamos enfrentando a la permanencia de un régimen de intolerancia, que tiene como enemigo a la libertad misma, bajo el concepto de lo que generalmente tenemos hoy de ella. Se impone, en todos los medios, estratos y frentes, una lucha para defender lo que antaño costó sangre y división a este país.