Revertir medidas cautelares
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Opinión

Editorial

Revertir medidas cautelares

 

Los problemas y descalabros que ha provocado Lorena Merino, lideresa de un pequeño grupo de indígenas triquis y sólo tres de ellos con medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), es razón suficiente para que el equipo jurídico del gobierno de Alejandro Murat, busque revertir dicho beneficio con argumentos y jurisprudencia, habida cuenta de que dicho grupo, al igual que otros, no sólo han devenido una carga económica para el gobierno estatal sino además, una permanente extorsión. La aludida ha hecho del escándalo y el chantaje su modus vivendi. No obstante que el gobierno le entrega mensualmente las despensas para la manutención del grupo y además, una cuota monetaria, prevalece la exigencia de la compra de 40 lotes para vivienda. Otro de los grupos cautelados también exige no sólo la adquisición de terrenos sino la construcción de casas y hasta la edificación de una iglesia, en donde los cautelados puedan rendir culto. Lo grave es que en los espacios territoriales en donde hay terrenos disponibles no los quieren. Y no porque haya discriminación racial ni nada parecido, sino por su tendencia a crear problemas.

El caso de Merino, como mencionamos la semana pasada, es en realidad patético. Tiene la tendencia a perseguir a funcionarios, irrumpir en instalaciones oficiales y acosar a empleadas de diversas dependencias. Haciendo alarde de una supina ignorancia, golpea, amenaza, intimida, etc. Es más, cualquier comentario en las redes sociales es rebatido de inmediato, principalmente si proviene de periodistas o formadores de opinión, a quienes ha amenazado de muerte. Es motivo de sorpresa también que a los pistoleros de los que se hace acompañar, los hermanos Virgilio, Basilio y Agustín Ramírez, los tres afectos a una carpeta de investigación por el delito de trata de personas, no se les haya detenido. Durante este mes de septiembre, Merino ha aprovechado los festejos patrios y los homenajes de izamiento o arrío de bandera, para arremeter en contra de los servidores públicos, razón por la cual, la semana pasada ella y sus seguidores tuvieron que ser encapsulados por la Policía Estatal para evitar desmanes. La pregunta es: ¿hasta cuándo se seguirá permitiendo que esta persona y sus leales sigan poniendo a la sociedad y a las autoridades contra la pared? ¿Qué hay que esperar para que se reviertan las sobadas medidas cautelares?

Efemérides septembrinas

La modernidad ha traído consigo un desapego fatal respecto a los símbolos patrios y efemérides históricas. Los nuevos modelos, los íconos extraños, la falta de arraigo al espíritu nacional ha hecho que niños y jóvenes hayan dejado de pensar como los hoy adultos en su infancia: el heroísmo de Hidalgo, el patriotismo de Morelos o el sacrificio de los Niños Héroes. A ello hay que agregar la falta de vocación de servicio y desapego a lo que nos compete en la Historia Nacional, de parte del magisterio oaxaqueño, más empeñado en destacar ideologías extrañas; una filosofía ya extinta y esquemas pseudo revolucionarios que están no sólo fuera del contexto histórico sino además, son anacrónicos, pues han estado rebasados por los hechos y la globalización. Para nuestros revolucionarios mentores, seguimos en la etapa de los años sesenta cuando la revolución socialista era la panacea para todos los males de la sociedad. Lo más grave es que su ignorancia sigue persistiendo en dichos moldes añejos, en los cuales han involucrado a padres de familia y a los mismos alumnos. Poco pues contribuye esta situación al arraigo entre los educandos de los símbolos y héroes nacionales.

Por ello mucho hemos insistido en que revertir los efectos de la modernidad y de la información, a través de redes sociales y otros, es la educación. En la formación cívica de los alumnos de los diversos niveles educativos la participación de los maestros es determinante. Si ellos adoptan una cultura en la que todo les valga, es porque así han sido educados y porque ha faltado una labor para crear conciencia respecto a nuestra identidad nacional y a nuestros símbolos y héroes nacionales. En la medida que los programas escolares no aborden los temas como Educación Cívica o Historia Nacional, poco podemos esperar de fortalecer nuestra identidad nacional. Sin el apoyo de los maestros nuestros niños y jóvenes se pueden seguir perdiendo en una nebulosa de información y modas externas. En nuestra opinión debe haber una cruzada nacional, como las que ha habido en otras administraciones para mostrarle al pueblo de México y al de Oaxaca, por supuesto, la importancia de que desde la más tierna infancia, nuestros hijos se vayan involucrando con los símbolos nacionales y los héroes que nos dieron patria. Ello implica, por supuesto, un gran esfuerzo institucional y lo que hagamos los padres en nuestros respectivos hogares.