En aumento, muertes por cáncer de mama en Oaxaca
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En aumento, muertes por cáncer de mama en Oaxaca

La falta de especialistas complica la atención de esta enfermedad en Oaxaca, por lo que hay que salir del estado para aumentar las posibilidades de sobrevivir

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El linfedema es la secuela más importante del tratamiento de cáncer de mama y de la cual se estima que 1 de cada 4 mujeres desarrollará esta complicación.

En Oaxaca los fallecimientos por cáncer de mama han ido en ascenso desde hace más de una década, pese a los programas de prevención y atención que implementa el sector salud para disminuir la tasa de mortalidad por este padecimiento.

Las unidades de salud captan la mayoría de los casos en etapas tardías por diferentes causas, como sucede hace más de una década, pero ahora con un aumento anual de decesos en mujeres mayores de 50 años.

El cáncer de mama es la segunda causa de muerte por tumores en las mujeres de Oaxaca, donde las acciones de prevención desde anteriores administraciones no han podido frenar o disminuir el número de decesos al año.

En 2005, por ejemplo, el sector salud registró 84 defunciones por este cáncer, que se elevó a 95 en 2010. El aumento siguió en 2016 con 110 defunciones, mientras que en 2018 el número fue de 129. De enero a agosto del 2019, la cifra fue de 84 fallecimientos, que aumentarían con el resto de los meses de este año.

 

¿QUÉ SIGUE DESPUÉS DEL CÁNCER DE MAMA?

Florina Martínez y Soledad Leyva, mujeres sobrevivientes del cáncer de mama e integrantes del Grupo de Recuperación Total (RETO), destacaron la importancia de las medidas de prevención de esta enfermedad, de la cual se debe contar con toda la información para saber qué hacer antes, durante y después de la enfermedad.

Ambas, originarias de Oaxaca, se enfrentaron al linfedema, que es la secuela más importante del tratamiento de cáncer de mama y de la cual se estima que 1 de cada 4 mujeres desarrollará esta complicación.

De acuerdo al Grupo RETO, el linfedema es el acúmulo de líquido rico en proteínas (linfa) en una extremidad, como resultado de una sobrecarga del sistema linfático, en el que el volumen de linfa acumulada excede a la capacidad de drenaje de la misma.

“El tiempo de aparición del linfedema es variable, pudiendo ser de semanas, meses o años; sin embargo, el 75% de los mismos lo hacen el primer año tras la cirugía”.

Las pacientes con cáncer de mama tratadas con disección ganglionar axilar poseen un riesgo de desarrollar linfedema de hasta un 10%. Y si además de la cirugía reciben radioterapia en la axila, el riesgo se incrementa hasta en 20%.

Este padecimiento no suelde desarrollarse de forma brusca, por lo que los primeros síntomas pueden ser la sensación de pesadez en el brazo o endurecimiento de algunas zonas del mismo. Las más habituales son las que soportan una presión como la cara anterior del brazo y la región del codo.

Rara vez el aumento de volumen es de forma brusca, por lo que conocer estos primeros síntomas puede evitar el desarrollo posterior del volumen del linfedema instaurando un tratamiento precoz de fisioterapia.

El aumento del perímetro del brazo conlleva un cambio en la apariencia física al que la mujer deberá adaptarse. Estos cambios pueden afectar negativamente a su estado de ánimo y a la forma en que la mujer se ve a sí misma y se relaciona con los demás, llegando en muchos casos a deteriorar de forma importante su calidad de vida.

Entre las medidas de prevención, se encuentran que luego de la intervención, de manera inmediata, un fisioterapeuta inicie un programa de ejercicios respiratorios y movilidad de la mano del brazo afectado.

Progresivamente, se irán introduciendo un mayor número de movimientos, que la paciente deberá llevar a cabo con suavidad y de forma repetitiva. Estos ejercicios pueden ser de utilidad, inmediatamente después del proceso quirúrgico, ya que movilizan la cicatriz.

 

FLORINA: “REQUIERE OAXACA DE MÁS ESPECIALISTAS EN EL TRATO DEL LINFEDEMA”

Florina Martínez José recuerda que hace 16 años enfrentó el cáncer de mama y fue mastectomizada en el Hospital de México de Cancerología, donde también realizaba sus citas de manera periódica.

Después de haber sido intervenida, Florina notó que uno de sus brazos se le había inflamado y consultó con al menos tres médicos para conocer la causa. Sin embargo, fue el tercero el que la canalizó con el Instituto de Linfedema, ubicado en la capital del país, para su pronta atención.

Para Florina, Oaxaca requiere de más médicos o especialistas que conozcan de este padecimiento, porque solo hay uno en el estado con la respectiva certificación, y que ayuda a las pacientes o da pláticas en el Grupo RETO.

“Aquí en nuestro estado no se cuenta con la información de este problema. Desafortunadamente, en ningún lugar de Oaxaca al que yo acudí para saber de este padecimiento, no tenían ni idea de lo que esto significa”.

Ante esta situación, la mujer acudió a la capital del país para ser atendida, pero ya con el brazo demasiado inflamado en compañía de su hija, a la cual explicaron cómo poner los vendajes y dar el masaje linfático.

El tratamiento para el linfedema, señaló, es muy caro y la mayoría de las mujeres con este padecimiento son de escasos recursos. Por tal motivo, exhortó a las autoridades de salud a generar espacios y apoyo para este sector de la población.

“Desafortunadamente todo el material que tenemos que utilizar por el linfedema es caro, porque es importado. A mí me da mucha tristeza porque nuestras mujeres de Oaxaca no tienen el recurso ni la información y sufren por el brazo que se les inflama y no pueden mover como quisieran”.

La mujer, que tuvo cáncer de mama a los 45 años de edad, aplaudió que en Oaxaca ya se cuente con al menos un terapeuta que ofrece los tratamientos y da orientación a quienes lo necesitan.

“Hemos avanzando un poco, pero la mujer debe estar informada en que no debe recurrir a otra clase de tratamiento, porque de lo contrario, el brazo se afectaría más”.

 

LAS SECUELAS PSICOLÓGICAS DEL CÁNCER

Voluntaria del Grupo RETO desde hace varios años, Soledad Magdalena Leyva, afirmó que además del linfedema, las mujeres sobrevivientes del cáncer de mama se enfrentan también a las afectaciones psicológicas, por las que deben contar con el apoyo familiar en todo momento.

“Las secuelas que a mí me dejó el cáncer fue el linfedema, así como algunas afectaciones al sistema nervioso y musculo esquelético. Muchas también tenemos que vivir un duelo porque perdemos una parte de nuestro cuerpo; nos vemos mutiladas cuando te operan”, expuso la mujer, que tuvo cáncer de mama a los 48 años de edad, pero fue atendida a tiempo.

En ese sentido, exhortó a las mujeres a no pensar en que este problema nunca les va a tocar y a realizarse la autoexploración de manera constante, así como acudir al médico para la exploración clínica o la mastografía, según las edades en las que se encuentren.

“Yo me sentí una bolita como el del tamaño de un chicharito y un día acudí al Hospital civil cuando se dio una campaña de mastografías, pero como lo había dejado pasar un tiempo, cuando me lo detectaron ya estaba del tamaño de una ciruela y ya era etapa tres”, expuso.

Ambas, que pudieron superar al cáncer, aunque siguen en tratamiento y en constante supervisión, afirmaron la necesidad de que las mujeres conozcan su cuerpo y ante cualquier síntoma de alarma acudan con el médico más cercano.

 

¿QUÉ ES EL CÁNCER DE MAMA?

De acuerdo al sector salud, el cáncer de mama es un tumor maligno que se origina en las células de la mama, que crecen de manera desordenada e independiente y que tienden a invadir los tejidos que las rodean, así como en órganos distantes (metástasis).

 

Entre los factores de riesgo que predisponen a esta enfermedad se encuentran antecedentes hereditarios en línea directa, no haber tenido hijos antes de los 30 años, inicio de la menstruación antes de los 12 o una menopausia tardía.

 

Por este padecimiento que aqueja a las oaxaqueñas, después del cáncer cervicouterino, se estima que apenas el 20% de las mujeres decide explorar sus pechos como forma de prevención o detección oportuna de este mal silencioso, que representa la segunda causa de muerte en mujeres en edad reproductiva en el Estado.

 

Para la autoexploración, las autoridades recomiendan que ésta debe realizarse de manera mensual a partir de los 20 años, de preferencia entre el séptimo y décimo día después de haber iniciado la menstruación.

 

Las autoridades recomiendan que las mujeres deben vigilar lo que ven y lo que tocan, porque del conocimiento que tengan de su cuerpo, aprenderán a detectar lo que esté fuera de lo normal.

A partir de los 40 años, las mujeres deben optar por la mastrografía, que es un estudio radiológico simple de la mama, que consiste en la toma de dos proyecciones, utilizando un aparato llamado mastógrafo, que permite detectar “microcalcificaciones que no son palpables”.

 

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