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Boleros de Oaxaca celebran su día trabajando

Cuatro décadas han pasado desde que Rufino llegó de Huautla a la ciudad de Oaxaca, desde entonces, cada día lo ha pasado en el zócalo, trabajando en lo que mejor sabe hacer: asear calzado, él es bolero.

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LA GANANCIA

200

pesos diarios en promedio

35

boleros trabajaban en el zócalo

Los rayos del sol se topan con grandes y frondosos árboles que cubren la algarabía del zócalo de la ciudad de Oaxaca. Aquí un mar de gente va y viene cada uno con sus satisfacciones y frustraciones; entre ellos, 35 personas, quienes se ganan la vida entre la grasa, los tintes, el cepillo y la bola.

Cuatro décadas han pasado desde que Rufino llegó de Huautla a la ciudad de Oaxaca, desde entonces, cada día lo ha pasado en el zócalo, trabajando en lo que mejor sabe hacer: asear calzado, él es bolero.

Rufino González Martínez es aseador de zapatos desde hace 42 años, comenzó a laborar con la grasa desde que era un adolescente y aunque su rostro muestra seriedad, afirma que cuando se le llega a conocer es bromista.

“Mi trabajo me ha dejado muchos recuerdos, he visto cómo se ha transformado la ciudad, que antes era muy diferente”, afirma el lustrador de zapatos, “a los 14 años me vine de Huautla buscando aventuras, sin conocer ni una palabra de español”.

Frente a los restaurantes que adornan el pequeño espacio que ocupa Rufino, decenas de personas caminan, unos con prisa y otros perdidos en sus pensamientos, unos platicando entre amigos y otros charlando consigo mismos, eso sí, la mayoría ni se percató de la presencia del aseador de calzado.

Él asegura que el destino lo trajo a ese lugar, a ese espacio que ha ocupado los últimos 42 años y serán muchos más, espera. En fila, al menos 10 boleros hacen lo que saben, le sacan brillo a los zapatos de los clientes que se distraen ojeando EL IMPARCIAL.

“Tengo mi familia, mi hijo terminó su licenciatura en derecho, además de comprar un terreno para construir mi casa”, dice Rufino con orgullo, “gracias a Dios que me trajo hasta este trabajo que me ha dado mucho”.

200 pesos gana un bolero al día

Sergio Hernández es el secretario de la Unión de Aseadores de Calzado, que engloba a 35 profesionales de la grasa y el cepillo, como desde hace muchos años, pues el ayuntamiento ya no otorga permisos.

El cabello cano de Sergio, común entre los boleros del zócalo, es lo primero que ve el cliente cuando se sienta para recibir el servicio. Sergio señala que de siete de la mañana a siete de la noche el salario promedio es de 200 pesos.

El secretario de los boleros tiene 54 años y desde los 41 se dedica a lustrar los zapatos, antes trabajó de ilegal en los Estados Unidos, y cuando regresó comprobó que en Oaxaca las condiciones laborales no son las mejores.

“Este trabajo me ha dejado la satisfacción de conocer mucha gente”, declara el lustrador mientras presume a la gente que ha conocido, arzobispos, presidentes municipales y hasta uno que otro gobernador que se ha dado su baño de pueblo.

“Trabajamos con un permiso directo de ayuntamiento y actualmente ya no se pueden dar más”, afirma Sergio, quien recuerda que cuando regresó de Estados Unidos comenzó a laborar como bolero, “busqué trabajo fijo, pero son muy explotados, entonces un amigo me ofreció su lugar”.

Los plantones, la peste

Tanto Sergio como Rufino coinciden que la peor época para los boleros es la de los plantones de los maestros oaxaqueños, pues entonces los clientes se van, y con ellos las ganancias.

“Cuando vienen los maestros no nos llevamos nada, ellos vienen con chanclas y huaraches para poder caminar”, dice Sergio con molestia evidente, “desde el 2006 para acá no se ha levantado esto”.

Mientras que Rufino remata, “lo más complicado de dedicarse a esto son los plantones, pues entonces no ganamos ni la mitad de un día normal”.

El municipio ni se acordó

Desde sus 15 años, Rufino recuerda que el municipio festejaba con un desayuno a los aseadores de calzado, pero ahora, ni del saludo de las autoridades municipales fueron dignos.

“Con este nuevo gobierno, encabezado por Oswaldo García Jarquín, no hay nada que celebrar, pues nadie vino, ni se enteraron del día del bolero”, explica Sergio, ahora en su papel de secretario de la Unión de Aseadores de Calzado.

“Le pedimos, al presidente municipal, que nos vea, ya que no somos como otras organizaciones, no protestamos, no bloqueamos, pero no hay atención”, explica el secretario de la Unión, “hemos intentado entablar un diálogo, fuimos a ver al jefe de inspectores que está en la dirección de gobierno, pero no nos recibió”.