Kola, una leyenda en Salina Cruz
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Kola, una leyenda en Salina Cruz

Alegre, siempre de buen humor lucha día a día para superar la diabetes

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Popular, carismático y controvertido así describen sus compañeros, amigos y familiares a Ángel Salva conocido como Kola, quien a lo largo de su vida se ha dedicado a la venta de periódicos de diferentes casas editoriales.

Hoy, enfrenta una triste realidad, tras diagnosticarle diabetes le cobró la factura al amputarle una de sus extremidades.

Convaleciente en su domicilio particular en la colonia Cuauhtémoc, Kola no oculta su enfermedad y se observa como día a día su integridad física se va deteriorando.

“Antes estaba gordo y podía soportar frío, hambre, sed y caminaba durante varias horas y no me cansaba; hoy he notado como eso se fue acabando todo eso y estoy prácticamente tirado”, expresó.

 

Toda una vida de aventuras

Ángel narró que en los años 80´s cuando estaba de moda la música disco que se organizaba en el frontón del Palacio Municipal hasta horas de la noche estaba en el parque escuchando música y con un manojo de periódicos que le sobraba.

“Yo hacía tiempo, porque antes el Sol del Istmo y El Imparcial que eran los periódicos que reinaban en la zona entregaban el diario a las 05:00 horas (madrugada) y de ahí irlos a vender a comercios, en las calles y cantinas que pululan en Salina Cruz”.

Dijo que el finado Piturrín como era conocido un famoso pesquero de la colonia San Juan, fue quien lo invitó a participar en el festival del Rey Feo, mote que adquirió por su forma de vestir poco inusual y que con los años se fue ganando fama.

“Antes había fiesta por todas partes en Salina Cruz, porque había dinero de la pesca, cualquiera era mayordomo, ahora nada de eso queda, sólo recuerdos que posiblemente nunca se borren de mi mente”.

Una de sus anécdotas que contó Kola fue que en una visita que hizo a la Ciudad de México, fue abordado por un periodista de una televisora reconocida a nivel nacional y al momento de terminar el reportaje lo titularon “El Hombre de Piedra”.

Me gané ese título, todo porque al momento de entrevistarme llevaba solo un pantalón y complemente descalzo y sin chamarra; “recuerdo que hacía un frío que calaba la piel, pero como estaba gordo no me importó”.

 

Lo contratan los taxistas como dama de compañía.

En el año 2015 por primera vez, Ángel Salva “Kola” es llamado por el secretario general de los taxistas de la CTM, Javier Córdova Quevedo para que los acompañara a participar en el desfile conmemorativo del Día del Trabajo que partía de la sede de la federación ubicado sobre la calle Manzanillo y desfilarían sobre la avenida Manuel Ávila Camacho.

“Como todos sabemos que es puro desmán lo que se hace, la culebra me pidió que me vistiera de tehuana y acepté a cambio de una lana, claro está nada es de a gratis”, comentó.

Pero al momento que la banda comienza a entonar el Mariachi Loco, dijo que los taxistas le hicieron vaya y comenzaron a aplaudirle para que bailara, “acepte porque era puro desmadre”.

Pero lo que llamó la atención fue que al momento de que Kola bailaba en el ruedo saltó Celso un taxista cetemistas quien lo tomó de las manos y comenzaron a danzar.

Una vez que la pieza terminó, recuerdo, dijo que los taxistas comenzaron a corear “¡beso, beso, beso!, pues no me quedó de otra que propinarle un beso al taxista y nos comenzaron a decir par de muxhes.

“No pasó nada, porque soy soltero y no hay a quien rendirle cuentas”, pero pues aquí estamos nadie se ha muerto de eso.

 

Accidentes

Kola narró que nunca se le va a olvidar aquella mañana cuando circulaba a bordo de su cuatrimoto que apenas acababa de comprar en una conocida tienda, cuando sobrevino el percance.

“Atrás llevaba los ejemplares que repartía y vendía, sin embargo, una mala maniobra provocó que siniestrara, por lo que la unidad de cuatro ruedas quedó inservible, no obstante a que se podía reparar, dijo que fue una de las peores experiencias”.

Ángel Salva también tuvo dos tremendos sustos en su vida, pues fue atropellado por un autobús urbano de esta ciudad, por lo que permaneció encamado por varias semanas y luego de recuperarse volvió a trabajar como si no pasara nada.

Consideró “hoy sólo quedan recuerdos, ahora tengo que estar quieto en una silla y pedir que me apoyen para continuar con mi tratamiento médico por la diabetes que me tiene en estas condiciones”.