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Mauricio Toro Goya: los hombres creemos que vamos a perder el poder

El fotógrafo chileno, autor del fotolibro Soy una mujer, dice que los hombres tienen que acompañar y ser empáticos con el feminismo, pero saber que no son ese movimiento

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Mauricio Toro Goya no cree en la felicidad. O eso es lo que expresa con palabras del fotógrafo chileno (Chile, 1970). El que lo mismo se ha considerado incrédulo del fanatismo religioso, pues observa en la fe a una tragedia, a la dualidad de una Latinoamérica no vive según las creencias que la caracterizan. El autor de Gólgota (serie hecha en conmemoración del 40 aniversario del golpe de estado en Chile) y de Milagreros (exposición presentada en Oaxaca en 2015) también se niega como feminista. Pero no porque esté en desacuerdo con este movimiento de lucha de las mujeres. Lo dice porque no nació como mujer.

“El feminismo me niega la posibilidad de ser feminista porque soy hombre”, aclara. Aunque hombre, se considera un aliado (según las definiciones del movimiento feminista).También sustenta ese pensamiento y adhesión en la crianza tenida rodeado en un contexto de mujeres. “Desde el punto de vista político, adhiero a la lucha”, subraya el que en gran parte de su trabajo muestra a heroínas y que, agrega, debe su arte a las enseñanzas de su madre en la niñez.

“Todas las que cargan la historia y centran el diálogo o son parte del desarrollo son mujeres; y si no son mujeres, son travestis, transgénero, transexuales, muxes…”, ha narrado el autor de la exposición Apócrifo y de alrededor de una veintena de publicaciones, entre ellas Impius.

Ahora, sus ideas sobre el feminismo vuelven en el libro Soy una mujer, protagonizado completamente por quienes nacieron y se han asumido como este sexo y género. Las imágenes de la publicación se pensaron para recrear los cantos de la chamana (curandera y sabia) María Sabina, de cuya existencia supo hace una década al ver su imagen en una playera mientras caminaba por Chiapas. Sin embargo, las fotografías en ambrotipo (su especialidad) han terminado por acompañar los versos de la mazateca en los que Toro Goya encuentra un discurso feminista, ecologista y de resistencia.

Mauricio relata que el libro, acompañado también de una exposición homónima, conecta varios momentos de su vida. Desde los tiempos de la niñez en que se maravilló con la “magia” de la fotografía hasta esa primera vez que visitó México, en 2010.
Pero el centro de la serie se encuentra en dos momentos de su vida. El primero, cuando a sus 18 años se enfermó mientras estudiaba la universidad y realizaba trabajo comunitario en el sur de su natal Chile.

“En ese proceso, me hicieron visitar una machi, una curandera mapuche como las mexicanas, que me hace un pequeño ritual de sanación y me entrega remedios naturales”, ahonda el autor, quien tras esa experiencia quiso quedarse a vivir en la zona, pero cuya ausencia y posible desaparición (a los ojos de su madre), lo obligaron a volver no sin llevarse los alimentos que le generaban la felicidad.

El rostro y esa aura de ritualidad volverían dos décadas después, al ver el rostro de María Sabina plasmado en una playera, en una expresión muy parecida a la de aquella machi de Chile.

“Y eso me creó una obsesión por María Sabina y tratar de investigar todo lo que sucedía. Yo desconocía de su existencia. Y ahí empecé a llegar a ella y a ver sus documentales, leer textos, tener unos acercamientos a su vida y trabajo, que fue de una u otra manera marcando insistentemente este recuerdo”.

De ese recuerdo a hoy fue desarrollándose un proyecto sobre mujeres en resistencia, tanto en México (de Oaxaca) como en Chile (en el sur del país), quienes protagonizaron los cantos chamánicos de María Sabina, en los que Toro Goya nota “el único texto indígena que hace alusión al rol de la mujer en distintas situaciones de su vida”.

Puesto en este contexto actual, las palabras de la chamana mazateca son para el fotógrafo declaraciones coherentes que aluden a varios conflictos que se están discutiendo en las redes sociales y medios de comunicación, sobre el feminismo, el calentamiento global y el pensamiento indígena sobre el mundo.

“El libro representa eso desde la mirada de lo femenino. Obviamente, con la contradicción de que un hombre lo está haciendo”.
Sus protagonistas, en la mayoría de los casos, portan un pañuelo que cubre parte de sus rostros. El objeto tiene que ver con la idea popular que se ha extendido sobre la resistencia y la lucha, que se observa por ejemplo el uso de pasamontañas o paliacates.

“Cada una elegía este símbolo de resistencia para ponérselo y hay un caso particular, en el sur de Chile, que tiene que ver con la mujer con quien termina el libro. Ella se llama María, participó en los movimientos de resistencia política durante toda su juventud y pertenece a una comunidad muy compleja, Temucuicui, una zona en la que hace unos meses la policía mató a un dirigente con balazos en la cabeza. Yo estuve una semana antes de estos hechos y le dije que quería retratarla. Ella dijo: yo no quiero ni un pañuelo ni un pasamontañas, quiero estar a cara descubierta porque luchar y resistir no tenemos por qué ocultarnos”.

HAY QUE DESAPRENDER EL SER HOMBRE

Mauricio aprendió que en la crianza de familia es el padre quien te hace competir y la madre la que te enseña la vida jugando. “Él quiere que seas campeón de futbol o un gran boxeador, o un súper mega algo, y tu madre siempre te dice que eres el mejor aunque no lo seas”.

Pero, ¿de qué otras maneras se aproxima un hombre al ser mujer como para adherirse al feminismo? Mauricio dice que lo primero es “entender tus debilidades como hombre”, pues eso permite lograr la empatía y la liberación. También, reconocer modelos de enseñanza que en el caso de su género limita o niega el llorar. “Creo que las nuevas generaciones están más abiertas a esos espacios emocionales y creo que de ahí se viene un cambio”.

De esa reflexión, surge otro comentario del autor. Ahora sobre el papel o responsabilidad de los hombres en el feminismo: “hay que desaprender, ese es el concepto. Hay que iniciar de nuevo porque lo que tenemos como base es lo que nos hace entrar en roces”.

Toro Goya dice que hoy en día es fácil mantener un discurso y apoyo hacia el movimiento de género, pero, “¿realmente lo entendemos los hombres? Físicamente, no. Ahí hay un espacio del territorio que se llama cuerpo”. Por ejemplo, en la lucha del aborto, es una cuestión en la que el territorio está en el cuerpo y el cuerpo es político. Al entender el cuerpo como ente político es difícil entenderse como mujer, ahonda quien ve como conflicto el que sus pares piensen que perderán el poder.
“Los hombres tenemos que acompañar este movimiento, tener empatía con él, pero no somos este movimiento”.