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Ver la vida como la llama de una vela

Desde hace 31 años, Sofía Ruiz Lorenzo elabora velas artesanales de cera de abeja, una tradición que sobrevive en Teotitlán del Valle

Teotitlán del Valle, Oaxaca

Cuando nace un bebé, cuando una pareja se compromete (en la pedida de la novia) o cuando las familias de los novios “se contentan”, así como el fallecimiento, una vela es encendida para simbolizar tales momentos.

“La luz significa nacer, crecer, reproducirse y morir”, comenta Sofía Ruiz Lorenzo, artesana de Teotitlán del Valle, comunidad de los Valles Centrales donde se elaboran velas artesanales de cera de abeja.

Siguiendo el pensamiento de sus ancestros, Sofía percibe la vida de una persona como una vela que se enciende y cuya llama corresponde mantener encendida a cada quien.

Ella, que desde los nueve años de edad comenzó a elaborar estas artesanías en Teotitlán del Valle, conserva no sólo el pensamiento y recuerdo de sus ancestros, sino de su abuela (Josefa), quien en su lecho de muerte le confió este oficio.

De 23 nietas, Sofía es la única que se interesó por la elaboración de velas. Aunque muy pequeña y sin enseñanza, supo aprovechar los recuerdos vividos junto a su abuela, a quien veía diariamente crear las piezas con que daba su tequio a la parroquia o vendía a los habitantes de su comunidad.

Para Sofía, así como para su abuela y sus antepasados, “nosotros somos la luz”, ya que si hay problemas depende de nosotros el buscar una solución o dejar que se extinga la llama. “Recuerden la luz que llevan, no la tienen que apagar”, es la frase que repetía la abuela de Sofía y que ella comparte con cada persona que se interesa en conocer esta tradición y oficio.
En su taller, ubicado en el Libramiento Sur de Teotitlán del Valle, resalta la cera de colores que por varios días ha trabajado Sofía. Del techo, como cortinas, se encuentran velas de distintos tamaños y para varios fines. En una de las paredes, un exhibidor de madera y puertas de cristal permite ver las ceraciones ya terminadas, entre las que puede haber una paloma, un ángel, una samaritana o un árbol de la vida.
A punto de fallecer su abuela, Sofía recuerda que ésta le tomó de la mano y le dijo que ese trabajo era para ella y que siempre estaría a su lado. “Es lo que ella quiere, por eso todavía estoy aquí y quiero conservar ese trabajo como se hacía desde antes”, expresa la artesana.

Asimismo, refiere que el oficio es una especie de conexión con su ancestra, a quien consulta en cada ocasión que se le presenta un reto o encomienda.

MOSTRAR SU CULTURA Y RAÍCES

“Cuando voy a exposiciones, siempre estoy representado nuestra cultura, la raíz de nuestros antepasados”, refiere Sofía sobre su labor, una que busca hacer por amor y convicción, mas no como negocio, como se lo han propuesto en otras ocasiones.

“No es tanto por negocio, por hacer cantidades y vender, sino es más presentarnos a nosotros. Si mi abuela pudo vivir (de esto), por qué yo no”, añade.

Es por ello que cuando llegan a su casa para comprar alguna vela, Sofía explica qué significa y por qué se hacen, los materiales que se usan y el porqué de los precios, a fin de que se valore el trabajo.
Aunado a ello, expone los tipos de velas que elabora y las ocasiones en que se emplean, como en el caso de los árboles de la vida o las velas que se usan cuando se convive con los difuntos.

UN TRABAJO ARTESANAL
Sofía comenta que elaborar una vela puede tomar desde días hasta meses, dependiendo del tamaño y los fines para los cuales sea adquirida. Aunque también elabora piezas ornamentales, explica que toda pieza es elaborada con cera de abeja, que proviene de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, pues la que ha comprado de Oaxaca no es pura.

“Nos damos cuenta porque cuando la tenemos que trabajar la necesitamos flexible y en Oaxaca la venden, pero está muy rebajada con cera parafina y no la podemos trabajar”.

Por lo general, cada vela tiene 365 capas (o 366) que representan el número de días del año. Además de varios colores y figuras que significan distintas cosas.

“Nosotros empezamos desde el pabilo y para cada capa que trabajamos tenemos que esperar por lo menos 15 minutos para que se enfríe y bañarla otra vez”, detalla.

La labor de Sofía puede tomar días o incluso meses, ya que depende del tamaño y tipo de vela que le soliciten (15 días o hasta siete meses, por ejemplo).
Para conseguir cera de distintos tonos, recurre al blanqueado a través de la exposición al sol y al teñido con colorantes naturales, como la grana cochinilla o el índigo.
En tanto, las figuras (flores, ángeles, pétalos, aves y demás) son moldeadas a mano y colocadas en la vela hasta conformar un árbol de la vida (que es el que se enciende cuando nace un bebé, se compromete una pareja o fallece una persona).

LOS SIGNIFICADOS
En los árboles de la vida, que son los más empleados en esta comunidad, cada figura representa algo. Por ejemplo, refiere Sofía, si hay tres flores, cada una simboliza el amor, pureza y el cariño; aunque si hay cuatro quiere decir que se trata de los puntos cardinales. Las aves significan paz y armonía; la piña es la bienvenida y los mangos y manzanas (juntos) son la abundancia.

En la base del árbol, suelen haber un ángel que “carga” la vela.

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