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Lo que toca el viento, las bandas de música en Oaxaca

No hay fiesta donde no toquen ni municipio donde no crezcan, las bandas de música de viento, fuerza y tradición de las comunidades oaxaqueñas, enfrentan una diversidad de retos, desde la modernidad hasta la expansión de sus horizontes en los que deben reforzar su talento y formación

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El grupo avanzado de la banda Resplandor Zaachileño ensaya Ojo por ojo, del compositor oaxaqueño Andrés Reyes. Es un son serrano que 45 infantes y jóvenes tocan bajo la dirección del profesor Pedro Chávez; su eco inunda el atrio de la parroquia de Santa María de la Natividad. En el municipio de la Villa de Zaachila, región Valles Centrales de Oaxaca, las piezas tradicionales son los jarabes, la Danza de la pluma o los danzones de Amador Pérez Torres “Dimas” (Nereidas, Circulando), pero esta tarde se explora otra música.

Lo que se busca con la banda es rescatar y difundir la tradición de Zaachila. “Una vez que (los alumnos) ya vieron cuál es su música, nos trasladamos a otras regiones”, apunta Chávez, originario de Santa Cruz Yagavila, quien desde 2012 se integró al proyecto para la conformación de una banda filarmónica en este municipio donde habitan poco más de 43 mil personas.

Al principio, el plan era conformar una banda filarmónica, ahora se busca construir –dentro de la parroquia- una escuela con instalaciones adecuadas, en la que se aprenda solfeo y se cursen los niveles inicial, intermedio y avanzado.

Como Resplandor Zaachileño, los esfuerzos para contar con una banda de música, brotan en prácticamente todo el estado. Se dice que Oaxaca no hay municipio sin banda de aliento.

Hasta 2011, estimaciones de las autoridades estatales hacían pensar existían poco más de 2 mil bandas. Una de esas bandas es la que desde hace siete años impulsan la parroquia de Zaachila y los padres de familia de los casi 100 niños y jóvenes que en ella se forman. Aunque pertenece a la parroquia, la agrupación dice que representa al municipio.

Las bandas de aliento (comúnmente llamadas de viento) son conjuntos musicales que pueden tener entre 20 y 50 integrantes o poco más. Su dotación está conformada primordialmente por instrumentos de aliento metal, aliento madera y percusiones, señala Felipe Flores, profesor investigador de la fonoteca del Instituto Nacional de Antropología y Historia.

El investigador detalla que en el caso de Oaxaca una de las características es que la mayoría de los integrantes de este tipo de bandas “sí leen música”.

Como él, Felipe de Jesús Flores Dorantes y Rafael A. Ruiz Torres opinan sobre esa calidad en la formación. “El solfeo, la armonía y la composición son elementos que los músicos oaxaqueños aprenden desde temprana edad. Para gran parte de los instrumentistas, la lectura musical es un ejercicio cotidiano. Los más dedicados realizan arreglos para ocho o más instrumentos, en tanto que la composición (que implica el conocimiento de las formas musicales, la instrumentación, el manejo de la armonía y el contrapunto) es practicada por los directores de banda”, apuntan los autores en su texto Las Bandas de viento: una rica y ancestral tradición de Oaxaca, que se incluye en el libro Bandas de viento en México.

Junto a ello refieren que “casi cualquier festividad, acto público, boda o entierro es acompañado por las notas de los alientos metal, aliento madera y percusiones; no se concibe ninguna fiesta patronal sin la participación de la banda”.

La calidad de la que los autores hablan ha hecho que los intérpretes del estado destaquen incluso entre los mariachis de la capital del país. Sin embargo, como ha señalado desde hace un par de años el trombonista Faustino Díaz, esta tradición de las bandas de aliento parece estar siendo desplazada en algunas comunidades, debido a la incursión de los ritmos de la música sinaloense.

Junto a la popularidad alcanzada en los siglos XIX y XX, por la generalización de instrumentos alrededor del mundo y el país (incluido Oaxaca), Díaz ha cuestionado parte de la educación musical, que ha quedado en el conformismo y la adopción de otros géneros que también desplazan a las tradiciones musicales de sus comunidades de origen.

El músico de San Lorenzo Cacaotepec y ganador en 2013 de un concurso internacional decidió desarrollar el programa de Convites musicales, con el que visitó 15 comunidades del estado para dar clínicas. Fue en 2016 cuando, cobijado por la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca y la empresa de instrumentos musicales Yamaha acudió para “mover el tapete” a los niños y jóvenes, para que conocieran el potencial de la música y mostrarles que ésta, independientemente del género que se interprete, ha de hacerse con calidad.

“La parte en la que más me estoy enfocando es en la motivacional. En una semana no le vas a cambiar técnicamente la vida a un niño, pero sí lo puedes motivar”, al grado de buscar nuevos horizontes para su formación musical y salir de la zona de confort, señalaba el músico.

NIDOS Y CAMPAMENTOS

La educación musical en Oaxaca no solo se ha remitido a las escoletas o bandas de las poblaciones. Desde el gobierno se han realizado nidos y campamentos musicales. Por ejemplo, desde 2006 y por siete años, autoridades estatales y federales impulsaron el proyecto de capacitación musical de niñas, niños y adolescentes, poseedores de un alto nivel interpretativo, provenientes de bandas de música comunitarias.

Llamados Campamento de Verano se seleccionaba a docentes del país y del extranjero para impartir clases de diferentes instrumentos para perfeccionar el nivel interpretativo de los participantes. Al final de campamento, la banda conformada hacía una gira por el estado y el país.

Tras ellos, las últimas iniciativas del estado se realizaron en la pasada administración de Oaxaca. A través de la Seculta, se invirtieron 2 millones 800 mil pesos, como parte del Programa de Cultura Infantil, en su iniciativa de Nidos de Música, que se impartieron en 2014 y 2015. El informe sexenal de la Seculta detalla que se desarrollaron 31 talleres en beneficio de 262 niñas y niños de los municipios de la Heroica Villa de Tezoatlán de Segura y Luna, Santiago Pinotepa Nacional y Santiago Jamiltepec.

SE DESPLAZA A INSTRUMENTOS TRADICIONALES

Sergio Navarrete Pellicer, antropólogo y etnomusicólogo del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS Pacífico Sur), explica que en el estado ha ocurrido un desplazamiento de las músicas tradicionales debido a la inclusión de instrumentos ajenos. Por ejemplo, en la Costa, región en la que predomina la cultura musical de la chilena, se ha comenzado a tocar otros estilos.

El coautor junto a Rubén Luengas de la Etnografía de las Culturas Musicales en Oaxaca (ECMO, Conacyt), ha indicado que la investigación efectuada en 2013 arrojó la existencia de diferentes culturas musicales que no necesariamente corresponden a las regiones en que se divide Oaxaca. A su vez, descubrieron que había una necesidad apremiante por la “educación musical, pero eficiente, de la manera que fuese”.

En las entrevistas hechas por 27 profesionales que coordinaron Navarrete y Luengas, los músicos señalaban que se está perdiendo la tradición de las danzas porque ya no hay nadie que toque las cuerdas, porque los instrumentos propios de la región ya no servían o porque los ejecutantes de instrumentos como el salterio los abandonaron. Y mientras eso pasaba, notaban el aumento de ejecutantes de otros instrumentos como el teclado.

“Lo que los músicos nos hicieron sentir es que les gustaría que hubiera apoyo para la educación, para incentivar a los chavos a que toquen los instrumentos tradicionales, de la tradición oral. Esa era su preocupación, qué se va a perder si se están metiendo a otros instrumentos, a otros tipos de músicas”, expresa en entrevista Navarrete.

Pero junto a ello, aclara, también influye la formación de directores de música, como ocurrió en la segunda mitad del siglo pasado. En la Sierra, donde identifica a instituciones de enseñanza como el Centro de Integración Social 8 de Zoogocho (que considera la más relevante de esa región) ha formado a directores y estos han acudido a otras partes del estado, donde solían imponer la tradición de la Sierra.

Desde su creación en 1952, el CIS de Zoogocho ha vivido distintos momentos, como han explicado docentes. La labor en él ha sido más apegada al ámbito comunitario y regional, pero en años recientes ha incursionado en el aspecto sinfónico, como ha dicho el profesor del taller de música Camilo Jiménez Fernández.

Fe en 1984 cuando se reorganizó el proyecto Escuela, banda y comunidad, que buscaba la manera de apoyar para que otras poblaciones conformaran sus propias bandas, debido a que en esos tiempos tendían a la desaparición, por la migración o muerte de varios músicos.

Esta escuela también ha sufrido carencias, lo que afecta la educación musical. Por ejemplo, el presupuesto para su operación no ha sido el ideal, como indicaba la directora del CIS, Veneranda Luna Ríos.