La sobrevivencia de los oaxaqueños | El Imparcial de Oaxaca
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La sobrevivencia de los oaxaqueños

 


Necesitamos un Estado fuerte, capaz, efectivo en su gobierno, pero cercano a la sociedad, que rinda cuentas, que permita la participación que haga de la política un instrumento de la voluntad general y no sólo un espacio de privilegio de grupos.
Para convertirnos en un estado verdaderamente próspero, justo y poderoso, la comunidad, es decir, la sociedad, debe involucrarse y participar activamente; debe lograrse la unificación de intereses entre la comunidad y la política; establecer un vínculo entre todos; tener un interés natural para defender nuestro patrimonio cultural de la destrucción.
Ponernos de acuerdo en un tema fundamental, concentrarnos en él y dejarnos de debates y de distracciones estériles; debemos comprometernos y trabajar con responsabilidad en los temas que efectivamente nos hagan avanzar escuchando las voces de todos.
El reto al que habremos de enfrentarnos los oaxaqueños para alcanzar estabilidad y seguridad a largo plazo, requiere de un esfuerzo mayor, de una gran dosis de madurez e inteligencia política.

Debemos tener presente que Oaxaca no va a progresar por decreto, ni con reformas constitucionales, con reformas políticas o con cadenas en las redes sociales; progresará y avanzará si decidimos ponernos de acuerdo en lo fundamental, y si no lo hacemos, volveremos a dejar que nos distraiga lo cotidiano, lo coyuntural.

Si analizamos a los países exitosos, a cualquiera, podremos darnos cuenta que son países que decidieron que había un tema central, se concentraron en él y se dejaron de debates y de distracciones estériles.

La idea de que el Estado debe resolver todos los problemas sociales ha quedado atrás. La sociedad debe ser corresponsable y participar con libertad en las decisiones que a todos nos afectan.

En este proceso de reconstrucción deben potenciarse las capacidades humanas, y al hablar de ellas me refiero a la educación; hay que promover que los jóvenes estudien, que se preparen; esto ayudará realmente a combatir la pobreza.
Los jóvenes deben representar una renovación de la vida pública, de la vida política, de la acción de los gobiernos y de su quehacer para mejorar la vida del pueblo.

Deben analizar la realidad, juzgar los hechos e interpretarlos y actuar en consecuencia. Deben participar con toda su energía transformadora para consolidar los cambios que demanda Oaxaca.

Debemos procurarles una educación formativa sustentada en valores para que sean hombres de calidad total, triunfadores, amados y respetados en su casa, en su estado, en su país; una educación de calidad únicamente la proporcionan maestros de calidad.

La calidad tiene un precio y si la queremos para la educación de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, debemos pagar el precio con trabajo, con honradez, con capacidad —los padres y los maestros—, sin olvidar nuestra realidad económica.
La sobrevivencia de los oaxaqueños es responsabilidad de todos, cada quien dando lo mejor de él mismo; conscientes de que estamos construyendo un estado debemos usar sólo material de primera; los constructores deben tener verdaderamente los conocimientos, el talento y la experiencia necesarios y trabajar en equipo como un sólo hombre.

El conflicto social de 2006 nos recordó que en Oaxaca los tiempos de ira colectiva eran inéditos en este siglo, nos mostraron nuevas realidades con enormes desafíos; nos tocó vivir y sentir en carne propia lo peor de la violencia, de la pobreza, de la inseguridad; en siete meses pasamos de la esperanza a la decepción a velocidades increíbles.
El conflicto por la injusticia social que tanto daño nos causó en 2006 y del cual todavía no nos reponemos, no debe repetirse.

Los oaxaqueños pensantes que trabajan con vergüenza por salir del bache al que fueron arrojados, a consecuencia del problema social vivido en 2006, que como todos saben, fue ocasionado por una lucha sin cuartel por el poder en todos los órdenes de gobierno; por la soberbia y por la ignorancia de los protagonistas, visibles e invisibles.

Para el pueblo, el incremento al precio de la gasolina no es, ni ha sido ninguna novedad. La gasolina, el gas, la energía eléctrica, suben cada mes.

Pretenden igualar el precio del diésel y de las gasolinas con el precio al que se vende en otros países que no son productores de petróleo, que, al no ser productores, tiene que ser más caro, por supuesto.
México es un país productor de petróleo y por eso aquí debe ser más barato y debe seguir siendo más barato, a pesar de la corrupción, mala administración e incapacidad.

La ciudad de Oaxaca no es únicamente el zócalo y saben que la ciudad y el estado son difíciles de gobernar; la inseguridad, la zozobra, la intimidación son cosas de todos los días.

Las marchas y plantones no sorprenden a nadie y dígase lo que se diga, sólo exhiben la barbarie, la ignorancia y la falta de capacidad para resolver los problemas, que son los mismos planteados año con año, desde hace más de treinta y tres años.
En un destello de sabiduría, con los resultados que todos conocemos, se les ocurrió crear otra sección para desaparecer el problema, con esta estrategia brillante, el problema se multiplico.

Para sobrevivir, debemos levantarnos una vez más, ayudándonos mutuamente en lo que podamos, reanimándonos, compartiendo ideas y conocimientos de aplicación práctica. Hay que enfrentar los hechos y ser realistas.

No importa si su negocio es grande o pequeño; si es fabricante, agricultor, transportista o presta servicios profesionales, de alguna forma está siendo afectado.

Lo escrito en los párrafos anteriores significa que para salir de la recesión económica hay que trabajar y trabajar con vergüenza, con creatividad, con imaginación. Hay que enfrentar los hechos y ser realistas. No hay de otra.
Desde el barrio de El Marquesado, 19 de octubre 2017.

castilan1o@yahoo.com